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Con el Capitolio de fondo, un trabajador pinta la plataforma inaugural, en la que Barack Obama jurará como el primer Presidente negro de Estados Unidos, el próximo 20 de enero. ( LA PRENSA/AP/J. MARTIN)
Washington prepara el relevo
Bush se siente nostálgico y su esposa, Laura, dice que tiene tristeza por dejar la Casa Blanca
Marchan a prisa los preparativos para la investidura de Barack Obama
Macarena Vidal
Washington/EFE
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No fumará

El Presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, prometió dejar de fumar cuando lanzó su candidatura presidencial, y aunque reconoció que en la vorágine de la campaña cayó en la tentación, asegura que en la Casa Blanca no encenderá un cigarrillo.

Aún quedan algo más de 40 días para que el Presidente saliente de EE.UU., George W. Bush, entregue el poder a su sucesor, Barack Obama, pero ya la melancolía se apodera de la Casa Blanca.

En las últimas semanas el Presidente saliente, que entregará el poder el próximo 20 de enero, ha dejado escuchar un tono cada vez más nostálgico en sus intervenciones públicas.

El sentimiento de nostalgia parece haberse extendido a toda la Casa Blanca, y desde luego a la Primera Dama, que esta semana, en declaraciones a la prensa para presentar las decoraciones navideñas, también ha admitido cierta melancolía.

“Son emociones encontradas. Me entristece dejar a toda la gente que me cae tan bien y con los que he podido entablar amistad durante los años que he vivido aquí. Me entristece dejar esta bella casa”, admitió Laura Bush.

Pero la melancolía no sólo se escucha, es también palpable en las pequeñas escenas cotidianas en la Casa Blanca. Si antaño los periodistas se agolpaban en la pequeña sala de prensa del ala Oeste para asistir a las ruedas de prensa, que muchos debían escuchar de pie, ahora apenas un puñado asiste a las comparecencias diarias de la portavoz, Dana Perino, y sus asistentes.

PREPARATIVOS PARA LA INVESTIDURA

Cada funcionario es consciente de cuántos días, exactamente, quedan para que tome posesión el nuevo Gobierno.

Y si llegaran a olvidarlo, está para recordárselo el ajetreo que proviene del exterior de la Casa Blanca.

Desde hace semanas los obreros trabajan frente a la fachada norte del edificio, en plena avenida Pennsylvania, para erigir las tribunas que permitirán presenciar la comitiva presidencial tras la ceremonia de investidura en el Capitolio, el 20 de enero.

Según Perino, cierto sentimiento de tristeza “es inevitable cuando se acerca el final”.

Sin embargo, matiza la portavoz, “cada vez que uno piensa que puede ceder a la reflexión y la nostalgia pasa algo”, como ocurrió en vísperas del Día de Acción de Gracias, cuando un grupo de terroristas desató una ola de atentados en Bombay. “El trabajo en la Casa Blanca no acaba nunca”, musita.

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