Manny Pacquiao le tocó el “réquiem boxístico” a Oscar De la Hoya anoche en el majestuoso Hotel MGM Grand, de Las Vegas, Nevada.
El brillante peleador filipino, múltiple campeón desde la división mosca hasta los ligeros, le propinó una paliza a De la Hoya, noqueándolo técnicamente en ocho asaltos, en una de las peores presentaciones que se recuerden del laureado peleador estadounidense, que lució desajustado, sin fortaleza ni distancia, ante el filipino que en todo momento tuvo el control de las acciones.
Ciertamente, Pacquiao es un gran peleador. De eso no hay duda alguna. Pero De la Hoya dejó mucho que desear, en ningún momento se vio bien y prácticamente con 36 años de edad su retiro ya le llegó antes de lo esperado.
En mayo pasado, De la Hoya lució el desgaste natural, cuando se complicó la vida para superar al veterano Steve Forbes, otro “inflado” rival que enfrentó para darle un poco de brillo a su carrera.
Pero al igual que en esa ocasión, el “Golden Boy” deslució totalmente, dio el “viejazo” como se llama popularmente a este tipo de actuaciones de peleadores veteranos en el ocaso de sus carreras, tal como lo hizo el mismo Oscar en par de ocasiones contra el mítico peleador mexicano Julio César Chávez.
De Pacquiao, ¿qué se puede decir?
Simplemente fue perfecto. El ídolo filipino hizo su trabajo, boxeó con inteligencia y en ningún momento dejó espacio a la duda con su actuación.
A pesar de que estaba combatiendo en la división welter, Pacquiao lució tan rápido como en los ligeros. Sólo en el primer asalto lució un poco reservado, en el famoso round de estudio, pero se vio rápido con su recto de izquierda, pasando los pocos golpes del “Golden Boy”.
En el segundo asalto, Pacquiao siguió atacando con su potente recto de izquierda, con velocidad y desplazándose a su derecha, para tratar de esquivar los mejores golpes del “Golden Boy”.
El zurdo filipino continuó dominando las acciones en el tercero, bailando, tirando y doblando rápidamente su cintura ante un De la Hoya que no se sintonizaba, sin poder en su golpeo ni capacidad de reacción a la velocidad del “Pacman”.
De la Hoya siguió lento en el quinto asalto, sus pómulos comenzaron a hincharse por el veloz recto del asiático, a pesar que tiró un poco más sus golpes.
Ya con toda la confianza de su lado, Pacquiao continuó dominando a base de velocidad a De la Hoya, quien se vino al piso en el séptimo, cuando el ídolo filipino lo mantuvo contra las cuerdas, atacándolo sin piedad.
El ojo izquierdo del “Golden Boy” lució más hinchado, y el temor se apoderó de la esquina de Oscar, que no tiraba, se quedaba en las cuerdas, sin capacidad de reacción.
Hasta ese momento, éste era el mejor asalto de Pacquiao, quien navegaba sin problemas a un rotundo éxito, que ratificó con otra amplia ventaja en el octavo asalto.
En el descanso de ese asalto, la esquina del “Golden Boy” encabezada por Ignacio “Nacho” Beristain y el legendario Angelo Dundee decidieron abandonar, porque no tenía sentido seguir con un peleador que no tiraba golpes y estaba siendo sacrificado en cada minuto de la pelea.
De esta manera se escribió la victoria de Pacquio y el capítulo final de la historia de Oscar De la Hoya, quien se puede ir con la frente en alto después de una exitosa carrera de seis títulos mundiales, y espectaculares bolsas que le permiten ser uno de los boxeadores mejor pagados de todos los tiempos.
Aunque anoche, claro está, no lució en ningún momento esa grandeza ante el ídolo filipino Manny Pacquiao.