Luchadores
En un programa de Canal 8, le muestran a Nelson Artola —presidente del FISE y coordinador de la Comisión de Asuntos Municipales del FSLN— imágenes de un periodista al que lo persigue una turba de encapuchados. Uno de ellos le da un cinchonazo con un machete, mientras otro lo apuñala en el abdomen. ¿Usted considera delincuentes a estas personas?, le pregunta el entrevistador. “No”, responde, “los considero luchadores por la libertad y la democracia”. Sobran los comentarios.
Prueba
La mejor prueba del fraude, que al menos yo tengo, es la incapacidad del Consejo Supremo Electoral de demostrar de dónde salieron los números que dieron por oficiales. ¿Ustedes creen que si el Frente Sandinista hubiese ganado de verdad las alcaldías que dice ganar no estaría enrostrándole las pruebas de su victoria a todos los que lo acusan de cometer fraude? ¿Por qué el CSE no ha puesto los resultados junta por junta como manda la ley? ¿Por qué no desmienten con las actas originales las acusaciones de chanchullo que ha demostrado el PLC con sus copias de actas? Concha arriba, concha abajo… ¿qué es?
Al revés
Ante la avalancha de señalamientos y evidencias, el discurso oficial ha sostenido a duras penas el cada vez más cuestionado triunfo electoral del Frente Sandinista bajo argumentos como éste: “Respetemos la institucionalidad. El Consejo Supremo Electoral es el único autorizado para decir quién ganó unas elecciones. Es la ley”. Tiene lógica. Sin embargo, lo que no se dice es que el CSE ha violentado la ley para ajustar los resultados al gusto de un partido. ¿O sea, que si al CSE se le ocurre anunciar que el Frente Sandinista obtuvo el 100 por ciento de los votos, con eso nos tenemos que conformar porque es la ley, aunque nadie sepa cómo se llegó a esa cantidad? Aclarémoslo: el CSE existe única y exclusivamente para hacer que se respete la voluntad de los ciudadanos a través de su voto, y no al revés: que la gente vota para que exista un CSE que al final elige a quien le da la gana. Y a eso le llaman institucionalidad.
Borrón y cuenta nueva
El otro argumento del discurso oficial es que “por el bien de Nicaragua, dejemos las cosas como están y enfoquémonos en asuntos más urgentes para el país que estar peleando por unas elecciones”. Casi llegan a decir “lo robado bien robado está”. ¿Qué país estamos construyendo si dejamos que en los próximos días asuman como alcaldes personas que la gente no eligió? Sería prepararnos para tener en el 2011 el Presidente y los diputados que el CSE quiera elegir. ¿Para qué gastar tanto en votaciones entonces? El fin de la democracia.
Injerencismo
Las acusaciones de “injerecismo” que hace el Gobierno, se parecen a las demandas de “no se metan con mi vida” que hace el borracho que apalea a su esposa, cuando vecinos y familiares llegan a reclamarle que deje en paz a la pobre mujer. El borrachín se enoja cuando el hermano le dice que no le va a seguir mandado la remesa con que ajusta para el gasto, a menos que deje de pegarle a su mujer y se someta a una terapia contra la violencia. Y todavía el muy descarado le dice a su mujer que no sea “vendepatria”, que cómo se va a poner del lado de los que se están metiendo en la vida. Que así son felices ellos, él apaleándola y ella aguantando.