El 25 de noviembre pasado el Jefe Ejecutivo de la Cuenta Reto del Milenio, John Danilovich, informó la suspensión de este programa que tanto ha beneficiado a Nicaragua, debido a que, según dijo el funcionario estadounidense: “Esperábamos que el Gobierno continuara con el camino pacífico del país hacia unas elecciones pacíficas, democráticas y creíbles... (pero) me temo que los últimos acontecimientos muestran que no es el caso”. Las afirmaciones de Danilovich estaban fundamentadas en las denuncias de la gran mayoría de nicaragüenses del fraude electoral en las recientes elecciones municipales.
La reacción inmediata del gobierno de Daniel Ortega, por medio de su vicecanciller Manuel Coronel, fue que “no habrá cambios en las políticas gubernamentales” y que buscarán nuevos programas de cooperación con Rusia. Coronel afirmó que: “Las políticas de Nicaragua nacen de un proyecto que hay, serio, bien pensado y que va caminando y que no está en entredicho (...) eso lo deberían saber, sobre todo los yanquis, que con Cuba tienen cincuenta años de estar haciendo presiones de toda naturaleza y nunca han podido tener ninguna influencia”. O sea que Coronel admite descaradamente la intención del orteguismo de imponer un proyecto totalitario, y que no les importa que Nicaragua pierda la cooperación externa.
Por su parte, el presidente Ortega, quien se encontraba en Venezuela en una reunión del Alba, aseguró que la suspensión de la Cuenta Reto del Milenio “nos hace más libres (?), la verdad —enfatizó Ortega— es que somos un poco más libres y cuando tenemos instrumentos poderosos como el Alba, sentimos que estas batallas no las estamos librando solos”. Sin embargo, Chávez no secundó a Ortega anunciando allí mismo que repondría los fondos suspendidos de la Cuenta Reto del Milenio.
Lo cierto es que la suspensión de esta ayuda norteamericana pone en riesgo la construcción de las carreteras Villanueva-El Guasaule, León-Poneloya-Las Peñitas y Somotillo-Cinco Pinos; así como más de 67 kilómetros en zonas productivas, turísticas y de tráfico internacional. También la construcción de los tramos: Izapa-Nejapa, La Paz Centro-Malpaisillo-Villa 15 de Julio, más de 140 km en total, que tanta faltan hacen para el desarrollo económico del país. Tampoco se podrá regularizar 32,745 propiedades de familias campesinas, se dejarán de actualizar los catastros físicos de nueve municipios afectando a 109,000 propietarios. Se suspende asimismo el Catastro computarizado en León y las alcaldías de Occidente no podrán actualizar sus bases de datos catastrales. Miles de ganaderos quedarán sin asistencia técnica, no se construirán cuatro centros de acopio de leche y varias empresas de pesca artesanal y cooperativas de camaronicultura quedarán sin apoyo financiero y técnico. Miles de productores de frijoles, ajonjolí, plátanos, yuca, hortalizas, frutas y miel, quedarán en abandono. Proyectos de reforestación, sistemas de riego, fábricas de artesanías y turismo rural suspenderán sus proyectos de tecnificación y desarrollo. Miles de empleos directos e indirectos se esfumarán.
Los orteguistas enderezan sus cañones contra Estados Unidos. Omiten que el Gobierno de Nicaragua se comprometió con la Cuenta Reto del Milenio a cumplir ciertos requisitos mínimos de gobernabilidad democrática. Pero este Gobierno, además de cometer el fraude electoral no ha cumplido con el control sobre la corrupción, no hay transparencia en el manejo de la ayuda venezolana, le falta eficacia en el gasto público y atenta contra la libertad económica. De manera que los reclamos hay que enderezarlos contra quien está violando e incumpliendo los acuerdos, que es el gobierno de Daniel Ortega.
Cualquier presidente con sensibilidad social y un mínimo de responsabilidad con la nación, buscaría cómo resolver el problema que causa la suspensión de la Cuenta Reto del Milenio. La solución es sencilla. Ortega debe respetar la Ley Electoral, aceptar la anulación de las elecciones fraudulentas y repetir los comicios municipales. Pero en vez de eso reacciona con discursos virulentos y ridículos.
La suspensión de la CRM es sólo la punta del iceberg. La ayuda de los países ricos, de los organismos multinacionales y de las ONG internacionales seguramente se va a reducir. Si Ortega se empecina en mantener el fraude y seguir ejecutando su plan para restaurar la dictadura, Nicaragua se empobrecerá más. Ojalá que por el bien de todos el presidente Ortega pudiera recapacitar. Pero eso sería un milagro.