La diferencia entre la cooperación de Venezuela y la de otros países, dirigida a la población de Nicaragua, es que la primera es ficticia y la segunda real.
Para el presidente nicaragüense Daniel Ortega, las ayudas que han dado los gobiernos de Europa y Estados Unidos son “limosnas” y por tanto las desprecia y hasta se alegra de que Washington haya suspendido el programa Cuenta Reto del Milenio, a pesar de que ha dejado beneficios notorios a los habitantes de la región occidental nicaragüense.
Si comparamos la Cuenta Reto con las dos promesas más importantes que ha hecho a los nicaragüenses el gobierno de Hugo Chávez, una refinería de petróleo y 200 mil viviendas, veremos que en el primer caso las obras son palpables y los beneficiarios también, mientras en el segundo se trata sólo de planes y discursos.
Más de 100 campesinos del departamento de León, que antes estaban en pobreza extrema, exportaron el año pasado su primer contenedor con más de un millar de cajas de yuca criolla hacia Estados Unidos. Es uno de los resultados de la asistencia técnica y el financiamiento de la Cuenta Reto.
En los seis centros de acopio de leche, construidos hasta hoy por ese programa, los ganaderos de occidente venden por día hasta seis mil litros de leche y su plan es instalar una planta industrial para exportar quesos.
Sin embargo, ese dinamismo productivo y económico que ha propiciado la Cuenta Reto pende ahora de un hilo por los incumplimientos del gobierno de Daniel Ortega, a compromisos básicos como garantizar la democracia y enfrentar la corrupción. Por eso, el fraude electoral del nueve de noviembre último, denunciado por la oposición, provocó que Estados Unidos congelara los fondos al programa.
Ortega, satisfecho por su hazaña, dijo en tono triunfal que el corte de esa ayuda estadounidense convertía a Nicaragua en un país “más libre”. Lo dijo en Venezuela y, chiste o no, suena incomprensible, como suelen decir en un programa de humor de la televisión venezolana.
¿Creerá Ortega que Nicaragua conseguirá más ciudadanos libres del desempleo, tras la paralización de la Cuenta Reto del Milenio? Difícil, porque el primer efecto es la pérdida de puestos de trabajo por la clausura de obras de construcción.
Tampoco habrá más nicaragüenses libres de pobreza, porque los agricultores que empezaban a exportar quedarán sin apoyo, técnico y financiero, y sus negocios, aún incipientes, caerán.
Dos días después que el Presidente de Nicaragua menospreciara la ayuda estadounidense, convencido de que los gobiernos de Rusia y Venezuela le darán más dinero, la petrolera estatal venezolana informó que carece de fondos para financiar un proyecto de refinería en la región occidental de Nicaragua, donde hasta hoy sólo existe la primera piedra que Chávez y Ortega pusieron hace año y medio.
La Cuenta Reto del Milenio es una inversión de 175 millones de dólares y la refinería de petróleo, ofrecida por Chávez, significa casi cuatro mil millones de dólares. Sin duda la Cuenta se ve chiquita en términos monetarios a la par de la promesa chavista, y quizás por eso Ortega la califica de “limosna”.
Sin embargo, la Cuenta Reto es real y ha funcionado como semilla, creando ramificaciones y frutos para nicaragüenses que, independiente de sus creencias, desarrollan sus opciones económicas sin perder la libertad. La refinería y las 200 mil casas de Venezuela sólo han sido ficción y, en estas circunstancias, es preferible una “limosna” verdadera que cien ilusiones multimillonarias.