La frase que da título a este artículo aparece en el libro El Padrino, en el que Vitto Corleone (el padrino) ya en el ocaso de su vida da sus últimos consejos a su hijo diciéndole: “El primero que se acerque a ti de intermediario de tu enemigo, ése es el traidor”.
El sábado recién pasado, en casa de un amigo ex funcionario del CSE, éste me decía: “Perdona mi escepticismo, pero no puedo creer en la honestidad del PLC mientras Arnoldo Alemán continúe comprometido con Ortega, permitiéndole mantener la gobernabilidad del país”. Por ello, cuando alguien tan cercano al círculo de Alemán, como el diputado Francisco Aguirre Sacasa, sale con la idea de que es necesario encontrar un acuerdo de gobernabilidad, no puedo menos que recordar a mi amigo, quien dicho sea de paso conoce a la perfección las debilidades y ambiciones de los líderes de ese partido.
Pero, volviendo a la propuesta del diputado Aguirre Sacasa, considero que ésta es altamente cuestionable y temeraria, sobre todo en este momento en que estamos ante los primeros pasos de la instauración de una dictadura. Si la oposición, léase partidos políticos democráticos con o sin personería jurídica, sociedad civil, iglesias, iniciativa privada y pueblo en general, no somos capaces de plantarnos impidiéndole a Daniel Ortega seguir gobernando como si aquí no hubiese pasado nada, entonces nos convertiríamos en cómplices de la debacle que se cierne sobre nuestra Patria y estaríamos condenando a nuestros hijos a vivir en pleno siglo XXI bajo la dictadura de un clan familiar que es apoyado únicamente por un grupito de oportunistas y vive bien.
No es posible que mientras la comunidad internacional, los organismos donantes, inclusive países gobernados por presidentes socialistas como Bachelet, Lula, Zapatero y otros, ponen distancia del fraude perpetrado por Ortega y el magistrado Roberto Rivas, puedan existir nicaragüenses que se presten al juego escudándose en un patriotismo que están muy lejos de sentir.
Estamos ante un momento histórico, cuando la Patria exige lo mejor de sus hijos y sólo si somos capaces de juntar nuestros virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, podremos salir airosos de este reto que nos hemos planteado de “todos contra la dictadura de Ortega”. Por ello, el diputado Aguirre está obligado a explicarnos si su peregrina idea es de su exclusividad o si está siendo vocero de otros. Digo esto porque muchos conocemos de sus aspiraciones políticas, así como también hemos visto sus esfuerzos por defender en ocasiones posiciones del Gobierno como presidente de la Comisión Económica parlamentaria. Pero en los próximos días veremos levantarse el telón y podremos apreciar con claridad de qué lado están algunos diputados que se dicen demócratas. Los miembros de la Directiva de la Asamblea Nacional están en la obligación de poner en agenda la solicitud de anulación de las elecciones; los cuarenta y siete votos para lograrlo tienen que estar ahí al momento de la votación.
El pueblo y el mundo los estará observando y no aceptaremos salidas de baño ni interpretaciones a priori. Aquel que se ausente o vote en contrario, será el traidor no sólo a su partido, sino que también habrá traicionado a la Patria, convirtiéndose en cómplice y por ende en responsable de todos los vejámenes y violaciones a nuestros derechos humanos que la dictadura de Ortega nos inflija en el futuro.