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(LA PRENSA/ Magnolia Pictures, Yari Film Group y Miramax.)
Exótica Uma Thurman
De madre sueca y padre budista, Uma Thurman llama la atención por su distinguida altura, su boca grande y los clarísimos ojos azules. Estrenando dos películas en una misma temporada, se explica la alegría de alguien que conserva hasta la última gota de humildad, aún cuando ocupa uno de los lugares más importantes de Hollywood
Fabián W. Waintal
domingo@laprensa.com.ni
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En la académica ciudad de Boston, Uma Thurman nació el 29 de abril de 1970, con un nombre inspirado en la diosa hindú de la luz y belleza (su segundo nombre “Karuna” significa compasión). Todo tiene más sentido al saber que su padre, Robert Thurman, ya daba clases de religión en la universidad cuando se consagró como el primer norteamericano convertido en monje budista. Conservando solamente la filosofía paterna, Uma siguió otros pasos familiares de la madre, Nena Thurman, y su abuela Brigit Holmquist, que habían sido modelos en Suecia. Y con apenas 15 años, la jovencita Uma Thurman aprovechó las vacaciones de verano para irse a Nueva York, buscando trabajo como modelo y actriz. Tampoco tardó en llamar la atención cuando gracias a los viajes y sus tres pesadas valijas, consiguió el personaje Cecile en la película Dangerous Liasons con John Malkovich y Michelle Pfeiffer.

Desde que Quentin Tarantino la consagró con la película Pulp Fiction y las otras dos versiones de Kill Bill, ya no precisa deletrear su nombre para que lo escriban bien. Y buscando conocer a la verdadera Uma Thurman, hablamos sobre su crianza budista, los principios como modelo y su más preferido papel como madre, por encima de Hollywood.

::: ¿Teniendo a un monje budista como padre, también creció con los principios budistas?

Todas nuestras conversaciones en casa trataban de eso. Como filosofía, el budismo es muy bueno. Las simples reglas y responsabilidades de causa y efecto, el karma, me parece que son excelentes y así me crié.

::: ¿Era fácil de entender la filosofía de aquella religión en la infancia?

Yo siempre quise ser normal como todos los demás chicos. Todo lo que se veía extraño o me separaba de la gente por mis propios miedos, era demasiado estresante. Y el budismo cayó en esa categoría. Yo quería ir a la Iglesia y cantar con todos los demás, sentirme parte del grupo, pero la receta era ser diferente. Y por eso supongo que hubiera captado mucho más si no fuera por mi desesperación por querer ser tan normal.

::: Igual conoce muy bien al Dalai Lama. ¿Lo ve seguido? ¿Intimida estar a su lado?

No tan seguido. Es una persona muy ocupada. Lo peor de verlo personalmente es cuando te mira directo a los ojos y te pregunta ¿Para qué viniste? ¿En qué puedo ayudarte?” Tu mente se vuelve completamente en blanco y sólo se te ocurre pensar “¿Qué puede hacer él por mí? Yo debería hacer algo por él” (Ríe a carcajadas).

::: ¿Parte de su infancia la pasó en la India, con sus padres?

Había ido primero, cuando era bebé y por supuesto no me acuerdo nada de esa época. Pero después volví a los nueve años y siendo tan chica, creo que resultó una experiencia increíble dejar América para pasar un tiempo tan largo en aquella cultura. Definitivamente me hizo vivir las condiciones de vida en un nivel diferente, viendo tanto sufrimiento, aunque también descubrí la increíble felicidad cuando falta el dinero. Es algo que no siempre se ve creciendo dentro de una familia de clase media. Fue una experiencia poderosa para mí.

::: ¿La altura o la boca grande que hoy resulta tan sensual alguna vez fueron blanco de burlas durante la época de escuela?

Por supuesto. La altura era pésima y la boca grande o la nariz grande y los ojos tan espaciados resultaron un problema. Todo era un gran problema.

::: ¿Y cómo es que salió a buscar trabajo como modelo, con apenas 15 años, con tanta inseguridad sobre su belleza?

Bueno, la ventaja de ser modelo exótica no era precisamente la definición de belleza donde yo vivía, en 1983. Pero mi madre es de Suecia, con ascendencia alemana y ella había sido una verdadera belleza famosa, mucho más que yo. Y yo nunca fui buena como modelo. No tuve tanto éxito en esa profesión. Y supongo que también sabía que iba a ser así, pero parecía un buen camino para la independencia, financiando también mis clases de actuación. Realmente, sólo lo hice durante dos veranos porque la primera vez, ya estaba tomando clases de actuación mientras trabajaba como modelo. Después, volví a la escuela y al final, para cuando terminó el segundo verano, ya estaba filmando la primera película. Así que tenía 16 años cuando empecé en cine.

::: ¿No era demasiado joven?

Sí. Y yo pensaba que no era una actriz infantil. Es gracioso recordarlo ahora.

::: Las primeras escenas que le tocaron en las películas Dangerous Liasons o Henry and June eran bastante subidas de tono para alguien de su edad, en aquel entonces ¿Estaba preparada para algo semejante?

No, no lo estaba. A lo mejor, por ser tan alta o bastante independiente y muy precoz verbalmente, la gente me tomaba como alguien más adulto de lo que era, mucho más mujer. Y creo que siempre fue una especie de desafío, porque conseguía personajes con experiencias femeninas que yo ni siquiera había vivido todavía. Pero imagínate, a cualquier jovencita le gusta que la tomen como mujer. ¿No? Aunque no sepas lo que haces y termines imitando la madurez. Pero era difícil confrontar algo que yo no podía controlar. Para que la gente te vea sexy hay que sentirlo en la piel porque si no, suena muy extraño que proyecten cosas que no se pueden manejar cuando no se entiende realmente el significado.

::: ¿El empuje de Quentin Tarantino tuvo mucho que ver en el destino de su carrera? ¿Cómo fue que se conocieron antes de Pulp Fiction y Kill Bill?

Yo tenía 23 años. Me había encerrado en un hotel, por una infección en el ojo que me había contagiado en la piscina. Hacía diez días que no dejaba el hotel y me la pasaba posponiendo la reunión que tenía programada con Quentin (Tarantino). No sabía quién era y ni siquiera había visto Reservoir Dogs. Al final, terminamos encontrándonos una vez, creo que en el famoso restaurante Ivy, y nos sentamos a hablar por tres, cuatro horas, hasta que cerraron el lugar. Yo tampoco había leído el guión (de Pulp Fiction), aunque pretendía que lo había hecho. Fue una reunión bastante graciosa porque me la pasé esforzándome para entretenerlo sobre cualquier otro tema para que no se notara que yo no había hecho mi tarea. Y por lo visto tampoco me sirvió porque muchos años después, él mismo me dijo que se había dado cuenta. Pero aquélla fue nuestra primera reunión.

::: ¿Quentin Tarantino habrá notado algo que usted misma no había visto en sí misma?

Yo me la pasé frustrándolo, porque creo que en cierta forma me había negado o me escapaba, mientras él peleaba por contratarme. Yo me resistía. La escena de la violación de los chicos me había asustado y me preocupaba bastante. Ya sabes el estilo de cine que yo había hecho antes, habían sido películas de época y me sentía atrapada en un corsé. Trataba de romper esos cordones y volver a la actualidad, al presente. Él me lo permitió en algo más moderno. Pero el diseño del personaje, como se veía, en verdad lo hicimos entre los dos, incluyendo el vestuario.

::: ¿Saltando tan seguido del drama a la comedia o incluso las películas de acción, hay algún género en cine que extraña?

En cuanto a los estilos de cine, siempre tuve cierta obsesión por tratar de cubrir todos los géneros, tal vez porque los recorrí a todos... Me gusta seguir haciendo lo que amo, explorando nuevos personajes, nuevos mundos, nuevas vidas.

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