Buenos Aires (AIPE)- Días antes de asegurar que su revolución es “pacífica aunque no desarmada”, el teniente coronel Chávez recorrió Rusia tratando de reeditar la guerra fría, lo peor del armamentismo y la violencia.
Chávez mantiene que la economía venezolana ha crecido 150 por ciento desde que está en el poder. En 1999, el petróleo se vendía a 12 dólares el barril; su precio ha aumentado 900 por ciento, a 120 dólares. Si tenemos en cuenta que la producción petrolera significa 25 por ciento del producto venezolano, aún suponiendo que el resto de las actividades no crecieran nada, el PIB de Venezuela debería haber aumentado 225 por ciento.
Otro pilar de su popularidad es la supuesta “política social a favor de los pobres” y su prédica “antiimperialista”. Pero lo que hace es concentrar el dinero en manos del Estado, dinero que pagan todos los ciudadanos, fundamentalmente los más pobres, por vía impositiva, inflacionaria y otras, para luego repartirlo (por medio de una ineficiente y corrupta burocracia) en la consolidación de su propia popularidad.
A través de PDVSA monopoliza toda la actividad petrolera y centraliza fondos que maneja arbitrariamente, con los que financia las “misiones”, 17 programas sociales creados a partir del 2003, que son pura demagogia. La realidad es que Chávez ha creado muchos pobres.
La “misión” supuestamente más exitosa reparte alimentos a través de Mercal, “mercados de alimentos”, donde los precios son 40 por ciento más baratos que en los supermercados porque no pagan impuestos. Pero hasta los chavistas admiten que en Mercal la malversación de fondos, los sobornos, el clientelismo y la reventa en el mercado negro están a la orden del día. A ello se suma un terrible desabastecimiento de pollos, carne, huevos y leche que hoy son artículos de lujo en Venezuela.
Paralelamente al desabastecimiento y la inflación, aumenta la criminalidad como consecuencia de la desocupación y la miseria. Venezuela ocupa uno de los primeros lugares del mundo en muertes con armas de fuego, con más de 34 homicidios anuales por cada 100,000 habitantes.
Según cálculos privados, PDVSA recibe unos 60,000 millones de dólares al año, que divididos entre 27 millones de habitantes, le tocarían 2,222 a cada venezolano o un promedio anual de 8,900 dólares a cada familia. Esto, sumado al resto de la producción no petrolera, debería haber acabado con la pobreza. Pero la realidad es todo lo contrario, ya que inclusive según cifras oficiales 28.5 por ciento de los venezolanos siguen siendo muy pobres y la inflación en el precio de los alimentos alcanzó un nuevo récord, aumentando 49.9 por ciento entre julio de 2007 y julio de 2008.
Recientemente, Chávez pasó por Buenos Aires para juntarse con Lula y la Presidenta argentina para tratar de levantarle el ánimo a ésta última, muy deprimida porque “los ricos no la dejan redistribuir entre los pobres”. Pero ella se anima comprándose pequeñas cosas, como carteras de 40,000 dólares.
De paso por aquí, el teniente coronel nos recordó su viejo proyecto del Gasoducto del Sur, de Caracas a Buenos Aires, proyecto faraónico que, obviamente, nunca se hizo. Pero ahora habla de una Aerolínea del Sur y más: “¿Ustedes conocen Europa? Allí uno puede tomar un tren en Lisboa y bajarse en Moscú. Llegaría el día en que tú te montes en un ferrocarril aquí en Buenos Aires y te bajes en Caracas”, nos aseguró.
En su próximo viaje a Buenos Aires quizás nos proponga un tren a la luna, para lo que debería contactar a la NASA o, preferiblemente, a algún buen psiquiatra.