El presidente Daniel Ortega advirtió que podría retirar a Nicaragua de la Organización de Estados Americanos (OEA), después que el secretario general de ésta, el diplomático chileno José Miguel Insulza, cuestionó la exclusión de los partidos Conservador y Alianza MRS del proceso electoral municipal y dijo que presentaría el caso ante el Consejo Permanente de la organización internacional hemisférica. “Le quiero decir al secretario de la OEA, nuestro amigo Insulza, que el proceso electoral en Nicaragua lo decidimos los nicaragüenses, y si eso nos tiene que llevar a retirarnos de ese instrumento del imperio y de las oligarquías, pues primero nos retiramos antes que aceptar las imposiciones de la OEA”, dijo Ortega en un discurso que pronunció en Matagalpa, el 23 de agosto pasado.
Lo de “nuestro amigo Insulza” lo dijo Daniel Ortega seguramente porque el secretario general de la OEA es un político chileno de izquierda, cuya elección en mayo del 2005 fue aclamada por los izquierdistas latinoamericanos como una gran derrota política para Estados Unidos. Sin embargo, ahora que el secretario general de la OEA con todo derecho y obligación expresa su preocupación por la restricción del pluralismo político y electoral en Nicaragua que viola la Carta Democrática de las Américas, entonces para Daniel Ortega deja de ser el “amigo Insulza” y se convierte en un agente de “ese instrumento del imperio”.
Pero no es sólo por lo que dijo Insulza sobre la exclusión de los partidos Conservador y Alianza MRS que el Presidente de Nicaragua ha amenazado con retirar al país de la OEA. Para Daniel Ortega debe ser mucho más importante la denuncia por negación de justicia de parte del Estado de Nicaragua en su penoso caso de violación sexual, que Zoilamérica Narváez presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, denuncia que podría pasar muy pronto a juicio en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. De manera que lo más probable es que Ortega quiera intimidar a la OEA para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no pase a la Corte la denuncia de Zoilamérica.
Pero hay algo más detrás de la amenaza de Daniel Ortega de retirar a Nicaragua de la OEA. Se trata de que los gobernantes izquierdistas de América Latina están tratando de rediseñar, de acuerdo con sus convicciones autoritarias y sus intereses hegemónicos, la arquitectura de las relaciones y de las instituciones internacionales en las Américas. Ellos quieren sustituir la OEA con una nueva organización que excluya a Estados Unidos. Al respecto cabe recordar que a principios de abril de este año, durante una visita oficial que hizo a México el presidente izquierdista de Ecuador, Rafael Correa, le pidió a su homólogo mexicano, el demócrata Felipe Calderón, que apoye la creación de una Organización de Estados Latinoamericanos (OELA), “para defender los principios de autodeterminación y solidaridad de los países de América Latina”.
La posición de Correa es la misma de Hugo Chávez en Venezuela, de Evo Morales en Bolivia y de Daniel Ortega en Nicaragua. Todos ellos coinciden en la hostilidad hacia Estados Unidos y en la manifestación de un gran resentimiento por los agravios históricos, reales y supuestos, que los países desarrollados de Norteamérica y Europa causaron a los pueblos de la región. Ellos culpan a los países ricos por la pobreza de Latinoamérica y buscan cómo cobrarle la cuenta, de cualquier manera, a los ofensores del pasado. Eso es lo que explica el discurso acomplejado, rencoroso y agresivo que los líderes extremistas de izquierda pronuncian constantemente contra Estados Unidos, Europa y en general contra todos los países desarrollados del mundo.
Sin embargo, por la razón que sea en América Latina y otras partes del mundo las relaciones internacionales y los esquemas de poder geopolítico están cambiando. Es un cambio que se producirá mediante el perfeccionamiento de las instituciones democráticas y la preservación de la libertad, o contra éstas, según la pretensión de quienes quieren imponer sus estrategias de dominación internacional. Los mismos que en América Latina quieren sustituir la influencia democrática de Estados Unidos con la hegemonía totalitaria de los Chávez y compañía.