La designación por Barack Obama de su compañero de fórmula, Joseph Biden, senador por Delaware (uno de los estados más pequeños y menos poblados de la Unión Americana), nacido en Scranton, Pennsylvania, en noviembre de 1942, descendiente de irlandeses, abogado y profesor de Derecho Constitucional, graduado de la prestigiosa universidad de Siracusa, católico practicante en un estado en donde la mayoría son protestantes, ha planteado una serie de interrogativas entre los analistas políticos tanto nacionales como extranjeros.
Algunos afirman que dicha designación obedece a la intención de Obama de acallar a críticos tanto a lo interno como a lo externo de su partido, en lo referente a su poca experiencia en materia internacional. Escogiendo a Biden, senador que ha estado en el Senado norteamericano desde el año de 1973, y quien ocupa el puesto de presidente del poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado y además es miembro del Comité de Justicia, completa así una fórmula bien balanceada.
Si esto fuese cierto, Obama caería en el error del actual presidente Bush que, careciendo de experiencia en el área internacional, permitió que su vicepresidente Richard B. Cheney, quien había servido anteriormente en cuatro anteriores administraciones, fuera el hombre que manejara la política exterior de los Estados Unidos, teniendo que pagar un alto costo .
Escoger a un compañero de formula siempre ha sido tarea difícil. Cuando la Convención Demócrata en Chicago controlada por el todopoderoso y aristocrático Franklin Delano Roosevelt, en su cuarta campaña presidencial, celebrada un 21 de julio de 1944, escogió como compañero de fórmula a un rural senador por Missouri, Harry Truman, el periódico New Republic en sus titulares del día siguiente decía: “Pobre Harry Truman . Pobre el pueblo de los Estados Unidos”.
La gran pregunta formulada por la senadora Hillary Clinton es: ¿Está preparado Obama para la llamada de emergencia de las tres de la mañana? ¿Puede el mediático senador de Illinois, en ese momento, enfrentar la crisis o tendrá que llamar a su vicepresidente para consultar qué hacer cuando los intereses de los Estados Unidos y del mundo democrático estén en peligro?
Recordemos que se trata de elegir no al mandatario de algún país de Centroamérica, sino al de la primera potencia del mundo.
Aunque Obama ha tratado de distender la situación y su portavoz ha manifestado que los Clinton “van a ser una voz importante en la campaña”, debemos estar claros de que cada quien juega su propio juego. Si McCain, que tiene 72 años de edad, gana las elección, su reelección desde ya se da por descartada.
La derrota de Obama traería como consecuencia el monopolio del clan Clinton en el Partido Demócrata. La señora Clinton, de 58 años de edad actualmente, sería la candidata indiscutible de esa organización política para la próxima campaña.
Vista la situación desde nuestros propios intereses, a corto plazo, la figura de McCain me resulta atractiva. Su conocimiento del problema nicaragüense es de primera mano. Su posición como Presidente del Comité de Comercio del Senado Americano lo hace favorable a los tratados de libre comercio con América Latina, en oposición a la de Obama, quien por venir apoyado por los sindicatos obreros norteamericanos, no ve con buenos ojos dichos instrumentos.
Pero pienso que a mediano y largo plazo, la victoria de Obama nos beneficia. Un cambio tan dramático en los Estados Unidos sería un aire fresco en el planeta. Un presidente fuera del establishment norteamericano, traería nuevas esperanzas al mundo entero.
Un candidato que si bien es cierto se ha visto poco familiarizado con nuestro continente, pero que promete un diálogo directo con Cuba en un momento tan crucial para su transición, es algo muy positivo para las relaciones norte-sur.
Un hombre joven, afroamericano, desarrollado en Indonesia y Honolulu; egresado de Harvard y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Chicago, dejaría a la izquierda irracional latinoamericana sin habla, sin argumentos, sin verborrea.
Por eso, la escogencia de Joseph Biden, la imagen opuesta de Obama. Blanco, ojos azules, católico, irlandés. puede ser un acierto. Y si es desacierto. Si Obama busca llenar un hueco, y no montar una verdadera fórmula que lo lleve a la Casa Blanca, sólo el tiempo lo dirá.