El escritor portugués, Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, envió un escrito solidarizándose con el poeta Ernesto Cardenal ante la condena por injurias en su contra impuesta por el juez David Rojas. Las letras de esta misiva también guardan reproches al presidente Daniel Ortega, a quien el poeta Cardenal ha señalado, junto a su esposa Rosario Murillo, de estar detrás de esta sentencia debido a sus críticas a la administración gubernamental del caudillo sandinista. Es evidente la decepción en las líneas del laureado escritor por las acciones del mandatario nicaragüense.
“La primera precaución consistirá en no confundir nunca la ley con la justicia. A Ernesto Cardenal no le ha servido a ley porque la administra una justicia que se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder. Ernesto Cardenal, uno de los mas extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido victima de la mala conciencia de un Daniel Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un papa, en vano, intentó humillar. A Daniel Ortega le pido que se mire en un espejo y me diga qué es lo que encontrará en él. Si le da vergüenza, al menos que tenga la valentía de pedir perdón. Si no lo pide, si no levanta la voz para clamar, él mismo, contra la condena de Ernesto Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero. Una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro”, cita el escrito de Saramago.
Además del Nobel, otros 50 de las más reconocidas plumas del continente latinoamericano enviaron un pronunciamiento dando su solidaridad y respaldo al poeta y sacerdote trapense, dejando sentando desde la primera línea que consideran un abuso del gobierno del presidente Ortega la acción en contra de Cardenal.
El pronunciamiento cita lo siguiente: “Denunciamos el reciente ataque del gobierno de Daniel Ortega contra el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal. El Padre Cardenal había sido acusado en 2005 por injurias a raíz de una carta que publicó en defensa propia, y recibió una sentencia absolviéndolo de estos cargos y declarándolo inocente, tan absurda era la acusación.
Ahora, un juez obediente a Ortega ha revocado esa sentencia declarándolo culpable. Esta acción es totalmente ilegal. La legislación nicaragüense considera que una sentencia sólo puede ser apelada en los seis meses siguientes, de lo contrario se considera cosa juzgada, y no puede cambiarse. Pero el sistema judicial responde a la voluntad política de Daniel Ortega.
Todo aparece como una clara represalia por la permanente actitud crítica del padre Cardenal contra los abusos del gobierno de Ortega. Casualmente, esta sentencia fue dictada a su regreso de la toma de posesión del Presidente Lugo en Paraguay, a la que fue invitado de honor y a la que Daniel Ortega se vio impedido de asistir por el rechazo de las organizaciones feministas a su presencia, dada la acusación de abuso sexual que le hiciera su hijastra, Zoilamérica Narváez. En Paraguay, como en otros lugares, Cardenal dijo lo que piensa de Ortega.
La integridad de Ernesto Cardenal y sus credenciales como persona que ha dedicado su vida a la causa de la justicia, confieren enorme autoridad a sus críticas, tanto dentro como fuera de Nicaragua. Esto resulta intolerable para Daniel Ortega y es la razón por la cual Ernesto Cardenal ha sido condenado en un fallo judicial injusto y vengativo, y por tanto escandaloso.
Ernesto Cardenal es la más reciente víctima del acoso sistemático orquestado en contra de todos aquellos que han levantado sus voces para denunciar la falta de transparencia, el estilo autoritario y el comportamiento inescrupuloso y la falta de ética de Daniel Ortega en su retorno al poder.
Llamamos a los escritores y amigos de Nicaragua en el mundo a denunciar esta persecución política, a demandar el cese de estas acusaciones ilegales e infundadas y a expresar su solidaridad con Ernesto Cardenal y con el derecho del pueblo nicaragüense a vivir libre de miedo y represión”.
Los escritores que firman el respaldo al poeta Ernesto Cardenal son:
Héctor Abad Faciolince (Colombia)
Luis Fernando Afanador (Colombia)
Héctor Aguilar Camín (México)
Sergio Aguayo (México)
Sealtiel Alatriste (México)
Eliseo Alberto (Cuba)
Felipe Aljure (Colombia)
Edda Armas (Presidenta Pen Club de Venezuela)
Ricardo Bada (España)
Jorge Boccanera (Argentina)
Juan Carlos Botero (Colombia)
Marco Antonio Campos (México)
Horacio Castellano Moya (El Salvador)
Victoria de Estefano (Venezuela)
Joaquín Estefanía (España)
Eduardo Galeano (Uruguay)
Gloria Guardia (Panamá)
Jorge F. Hernández (México)
Miguel Huezo Mixco (El Salvador)
Darío Jaramillo (Colombia)
Noe Jitrik (Argentina)
Patricia Lara (Colombia)
Ángeles Mastretta (México)
Oscar Marcano (Venezuela)
Mario Mendoza (Colombia)
Seymour Menton (Estados Unidos)
Tulio Mora (Presidente Pen Club del Perú)
Eric Nepomuceno (Brasil)
Julio Ortega (Perú)
Cristina Pacheco (México)
José Emilio Pacheco (México)
José María Pérez Gay (México)
Vicente Quitarte (México)
Margaret Randall (Estados Unidos)
Rosa Regás (España)
Laura Restrepo (Colombia)
Juan Manuel Roca (Colombia)
Miguel Rojas Mix (Chile)
Carmen Ruiz-Barrionuevo (España)
José Carlos Rosales (España)
Alejandro Sánchez-Aizcorbe (Perú)
Julio Eutiquio Saravia (México)
Stacey Alba Scar (Estados Unidos)
Federico Schopf (Chile)
Ricardo Silva Romero (Colombia)
David Unger (Estados Unidos)
Marcela Valencia Tsuchiya (Perú)
Minerva Margarita Villarreal (México)
José Javier Villarreal (México)
Juan Villoro (México)