Cuando en enero del 2005 fui juramentada por el presidente Enrique Bolaños como directora de Cultura, durante una conversación con él ese mismo día en el despacho presidencial le dije: Tengo dos sueños para Managua: la restauración del monumento a Darío y la de la Catedral, y él me respondió: Usted va a ir a México conmigo a reclamarle al presidente Fox su promesa de un millón de dólares que será, según el amigo Fox, un capital semilla para la restauración del monumento, Nicaragua aportará lo que pueda y otros gobiernos amigos también han ofrecido ayudarnos; pero usted traerá el cheque de un millón de dólares para iniciar los trabajos.
De manera que no es cierto que el ex presidente Fox haya prometido restaurar por cuenta de México nuestra vieja Catedral y por consiguiente se encuentre en deuda con Nicaragua por incumplimiento de una promesa. A fondo conozco el por qué no fue posible hacer efectiva aquella promesa presidencial, la causa no está del lado de México sino del nuestro. En abril del 2005 estaba planeado el viaje del presidente Bolaños a México y estalló una huelga promovida por quienes gobernaban desde abajo, fueron los estudiantes que reclamaban los famosos “ajustes” del seis por ciento, los que ahora perdonan graciosamente. Para agosto del mismo año 2005 se proyectó de nuevo el viaje a México, íbamos el Presidente, el Ministro de Educación, Miguel A. García; el ingeniero Osorio y yo, como directora de Cultura, falló el intento nuevamente, hubo otro estallido social, el que no puedo fijar si fue de transportistas o de médicos, ya que el 2005 fue el año de los paros, huelgas y desórdenes, morterazos y pedradas. Sin embargo, continuando mi empeño de hacer algo en pro de la soñada restauración, en noviembre del mismo año y con el auspicio de la Embajada de México en la persona de la excelente embajadora doña Columba M. Calvo Vargas se llevó a cabo un taller para sentar las bases sólidas de la restauración, trayendo de México a los especialistas, arquitecto Carlos Martínez Ortizoga, quien tuvo a su cargo la restauración del Castillo de Chapultepec; los arquitectos Alberto González Pozo, los ingenieros Oscar de Buen López, Roberto Melli Piralla, José Luis Sánchez y Enrique Santoya Villa, además la especialista en restauración de pintura, licenciada Martha Tapia. De Brasil, el arquitecto Mendoca de Oliveira y los españoles Raúl Muñoz y Javier Velazco. Participaron además cinco arquitectos y cinco ingenieros nicaragüenses, cuyos nombres guardo entre otros que se me escapan y que no consigo en este escrito por razones de espacio.
El taller se realizó en el Palacio Nacional de la Cultura, del 17 al 19 de noviembre, con inspecciones in-situ del monumento y la conclusión fue “que el edificio es completamente recuperable, incluso los bienes artísticos que posee, los que era necesario consolidar antes de efectuar cualquier obra para evitar su deterioro o posible pérdida”. En ese momento el arquitecto Mario Mendoca, de Brasil, ofreció hacer los estudios de laboratorio para saber exactamente cuál era la composición de estos bienes. El taller realizado bajo mi gestión fue dirigido por la directora de Patrimonio de entonces, arquitecta Rosana Castrillo, asistida por el personal del departamento y por Ayzell Palacios, encargada a esa fecha de asuntos edilicios. Espero haber dejado claro que el ex presidente Vicente Fox nada nos debe, que no faltó a su promesa y que la misión de México prestó en su momento y de antemano toda la colaboración deseable para llevar a cabo la restauración de la amada y emblemática Catedral de Managua.