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La represión contra el padre Cardenal
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Los que han sido y siguen siendo víctimas de la represión gubernamental por medio del Poder Judicial partidarizado de Nicaragua, no pueden poner en duda la afirmación del padre y poeta izquierdista Ernesto Cardenal, de que la sentencia condenatoria que se ha dictado contra él es un acto represivo ordenado u orientado por el autoritario, rencoroso y revanchista presidente Daniel Ortega.

En realidad, la única explicación posible al hecho de que el padre Cardenal haya sido condenado por un juez que revocó la sentencia absolutoria dictada por otro juez en diciembre de 2003, o sea hace cinco años, en un juicio por injurias y calumnias, es que se trata de una represión política. Así lo asegura el mismo poeta Cardenal, en una carta pública que hizo circular inmediatamente después de que se dio a conocer la sentencia judicial que lo condena a pagar una multa de veinte mil córdobas o ir a la cárcel. “En primer lugar —dice Cardenal— ese supuesto delito había prescrito desde hace varios años. En segundo lugar es una sentencia política sin ninguna base jurídica. Es simplemente una venganza de Daniel Ortega por la acogida que tuve en Paraguay durante la toma de posesión del presidente (Fernando) Lugo, mientras a él se le impidió llegar”.

Por otra parte, el padre y poeta Cardenal asegura que el juez que revocó la sentencia absolutoria en su caso, con el propósito de condenarlo y castigarlo, es un “danielista” que fue miembro de la Seguridad del Estado durante la revolución sandinista de los años ochenta, mientras que el abogado acusador es el mismo que defendió a Daniel Ortega de la acusación que le hizo su hijastra, Zoilamérica Narváez, por supuestas violaciones sexuales a lo largo de muchos años y desde que ella era una niña.

Es del conocimiento público nacional e internacional que el padre Cardenal es un destacado disidente sandinista y fuerte crítico del presidente Daniel Ortega. Fue Ministro de Cultura en el gobierno sandinista de los años ochenta, pero después criticó acerbamente a Ortega y la cúpula del FSLN por la desmesurada y desvergonzada corrupción de la piñata sandinista. El alejamiento del padre Cardenal de sus antiguos compañeros del FSLN llegó al grado de que durante la campaña electoral del año 2006 este afamado poeta nicaragüense de proyección internacional llamó públicamente a votar contra la candidatura presidencial de Daniel Ortega.

Ahora bien, si en Nicaragua hubiera neutralidad jurídica, si los jueces y magistrados nicaragüenses fuesen imparciales e independientes —personas que pueden equivocarse en algunas actuaciones y decisiones como seres humanos que son, pero no actuar de mala fe ni al servicio de mezquinas causas políticas y partidistas—, se pudiera creer o al menos conceder el beneficio de la duda al juez que ha condenado a Ernesto Cardenal después que hace cinco años fuera declarado inocente por otro administrador de justicia. Inclusive esta demora podría atribuirse al crónico problema de retardación de justicia, que es propio de los sistemas judiciales en muchos países del mundo.

Pero en Nicaragua no se puede dudar de que sentencias judiciales como ésta que condena al poeta Ernesto Cardenal, así como la que condenó al director y al jefe de redacción de LA PRENSA por un delito que nunca se demostró que hubieran cometido, obedecen a un deliberado afán de represión política, de castigar a los críticos y disidentes, de intimidar a la ciudadanía para que no apoye a la oposición política y cívica, de crear un ambiente de miedo e incertidumbre, que es como les gusta ejercer el poder a los gobernantes autoritarios, fascistas y fascistoides, ya sean de izquierda o de derecha.

El padre Cardenal dice que no acatará la sentencia represiva del juez orteguista y que está dispuesto a ir a la cárcel por rebeldía. Se trata de una actitud digna y valiente de un ciudadano, de un poeta, de un hacedor de cultura y de un disidente izquierdista que no sólo debe ser admirada y respaldada por los intelectuales y demás personas de la izquierda democrática y antiorteguista, sino por todos los nicaragüenses de todas las creencias, opiniones y tendencias políticas e ideológicas, que tienen en común la búsqueda de la verdad, el afán de justicia, el repudio a los abusos de poder y la defensa de la libertad.

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