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Las ocho víctimas de Guachupita, un barrio pobre de Santo Domingo, recibieron el último adiós de sus vecinos. (LA PRENSA/AP)
Dominicano perdió a su familia en derrumbe
AP y EFE
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ENTERRADOS HOY

Los cadáveres de las víctimas fueron recuperados hoy de entre los escombros y llevados a la funeraria municipal de Guachupita, donde vecinos, amigos, familiares y curiosos se congregaron para despedir a los fallecidos.

Las ocho víctimas, cuyos féretros fueron dispuestos en dos salas contiguas de la funeraria, recibieron el último adiós de una larga fila de personas que iban pasando ante los ataúdes, mientras comentaban entre ellas el suceso.

Después del velatorio, a media tarde (local), los ataúdes fueron llevados al cementerio de Cristo Salvador para darles sepultura, pero antes, a modo de despedida, los vehículos que trasladaban a los fallecidos pasaron por Guachupita, una vez más, pero esta por última ocasión.

SANTO DOMINGO.- Una mujer y seis de sus siete hijos murieron el miércoles aplastados por una roca que la lluvia causada por el huracán Gustav desprendió de una ladera y arrasó su hogar en una empobrecido barrio de la capital dominicana.

Varios socorristas relataron que encontraron el cadáver de Marcelina Feliz, de 32 años, abrazado al de su hijo menor, que tenía 11 meses.

"No sé como podré sobrevivir ahora pues no me queda ningún miembro de mi familia", expresó entre llantos Marino Borges, el esposo de Feliz, que sobrevivió porque la tragedia ocurrió cuando él estaba en su trabajo.

Los demás miembros de la familia yacían aún durmiendo en la cama cuando quedaron sepultados por el derrumbe, que también mató a Carlita Martínez, una vecina de 42 años que sufría un impedimento físico y cuya vivienda fue otra de las cinco destruidas en el barrio Guachupita.

Los niños, de siete meses, dos, seis, once, doce y quince años, dormían junto a su madre y una vecina cuando las rocas se desprendieron.

MADRE PIDIÓ AYUDA

Dayana García, vecina de las víctimas, oyó los gritos desesperados de la madre de los niños, Marcia Féliz, quien pedía auxilio, pero no pudo salir en su ayuda porque las piedras bloquearon también la salida de su vivienda.

"Ella comenzó a vocear que la ayudaran. Me dijo que le abriera la puerta de mi casa, pero estaba bloqueada y yo no la podía abrir", relató.

El director de la Defensa Civil, Luis Luna Paulino indicó que las víctimas "eran miembros de una familia que se había refugiado desde la tormenta Fay y salieron a su casa porque pensaron que el peligro había pasado".

Otros tres habitantes del lugar resultaron heridos y algunos sobrevivientes narraron lo ocurrido.

"Cuando sentí que una piedra caía sobre mi me atrincheré contra una pared por temor a que me hiciera daño, entonces ocurrió el derrique (derrumbe) y yo salté, las hojas de zinc me cayeron arriba, pero logré salir y salvarme", explicó Miguel Angel Feliz, un pariente de la familia que sobrevivió.

María Sánchez, otra residente de la zona, relató a la AP que "acababa de tirarme a la cama y después como a los diez segundos salté con el estruendo (del alud); escuché esa explosión y me apuré y saqué a los demás hacia fuera y le toqué la puerta a la hija mía para avisarle".

Pedro Mejía, presidente de la junta de vecinos de Guachupita, dijo que "esto que pasó era crónica de una muerte anunciada porque teníamos un año advirtiendo a las autoridades que una tragedia así iba a suceder y no nos hicieron caso".

El ayuntamiento dispuso el desalojo inmediato de otras familias en peligro en la barriada.

GESTIONES SIN RESULTADO

Según Hilda Pérez, los representantes de Barrio Seguro han redactado informes y han enviado numerosos documentos y fotografías a las diferentes instituciones gubernamentales implicadas en el asunto, pero siempre sin resultado.

"Los vecinos cuentan que hace poco vino un ingeniero y dijo que costaba demasiado dinero (reubicarlos...) y ya tenemos ocho vidas que se perdieron" por falta de asistencia, afirmó.

En el barrio, las casas que se salvaron del derrumbe, construidas a base de tablones de madera y planchas de cinc, siguen literalmente al borde de un precipicio, expuestas a un nuevo accidente si cede el terreno.

Así es la mayoría de las viviendas en Guachupita, al igual que en los numerosos núcleos habitados que se suceden a las dos orillas del río Ozama, una de la zonas más pobres de la capital dominicana.

En suburbios como Guachupita, los Guandules, La Ciénaga o los Tres Brazos, miles de personas habitan en ese tipo de casas, que se agolpan hasta el borde del cauce del río.

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