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De Rosita a Wasaking hay 15 kilómetros de carretera en mal estado. Hay unos cinco “pegaderos” en ese trecho y al quedar varados los vehículos, los pobladores tienen que ingeniárselas para sacarlos. (LA PRENSA/J. GARTH)
Mayangnas en el olvido
Caminos están destruidos, los pobladores no tienen servicios básicos y los medicamentos son escasos
Unos tres mil habitantes viven en extrema pobreza, en espera de una mano amiga que les ayude
José Garth Medina
CORRESPONSAL/RAAN
departamentos@laprensa.com.ni
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Viviendas construidas con hojas de suita

La mayoría de las viviendas de Wasaking está en mal estado, son construidas con hojas de suita (para el techo) y madera. La Iglesia morava, que tiene 106 años de existencia, también se encuentra deteriorada.

La mayoría de las viviendas de Wasaking fueron destruidas por el huracán Félix y los pobladores aseguran que no han recibido asistencia de parte de las autoridades del Gobierno para reconstruirlas.

Cerca de Wasaking existen unas cuatro comunidades indígenas mayangnas, cuyas viviendas están en condiciones deplorables.

Wasa Bin es el nombre original de Wasaking y la mayoría de sus habitantes está perdiendo su lengua mayangna Tuahka, debido a la influencia de miskitos que llegaron a estas tierras huyendo de la guerra, explicó el indígena Rony Snaider.

Explicó que Wasa Bin, en lengua mayangna, significa desembocadura de dos ríos, pero producto de la llegada de los miskitos se desarrolló el King Pulanka (danza de los reyes) en la comunidad y desde entonces se le llama Wasaking que significa Rey del Río, en una mezcla de mayangna y miskito.

Mejor camino

“Yo creo que con un camino transitable, en todo tiempo, tendríamos un mejor desarrollo, porque podemos intercambiar nuestros productos, esperamos que el Gobierno nos repare el camino”, dijo Nedy Ismael, líder mayangna.

Wasaking es la capital de los indígenas mayangnas de la variante lingüística Tuahka, con una población de tres mil habitantes. La mayoría de ellos vive en extrema pobreza y no tiene acceso a los servicios de agua y energía eléctrica.

Los indígenas mayangnas de Wasaking se dedican a la agricultura para el autoconsumo, también a la explotación de la madera y pesca.

De Rosita a Wasaking hay 15 kilómetros de carretera en mal estado. Hay por lo menos unos cinco pegaderos. “Aquí no vienen vehículos porque el camino está muy mal, queremos que nos ayuden a repararlo”, dijo a LA PRENSA el líder mayangna Nerdy Ismael.

SERIOS PROBLEMAS

“Aquí tenemos serios problemas, cuando hay enfermos tenemos que sacarlos a pie, porque no hay forma que entre un vehículo, porque el camino está en pésimas condiciones”, dijo el indígena.

Según los pobladores de Wasaking, la carretera fue reparada hace cinco años y desde entonces no ha recibido ningún mantenimiento de parte de las autoridades locales, a pesar de la promesa que le hicieron los concejales regionales del partido sandinista y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

SE HAN OLVIDADO DE WASAKING

Miembros del Consejo de Ancianos de la comunidad, que prefirieron el anonimato, recordaron que el ex presidente del Consejo Regional por el gobernante Frente Sandinista, el mayangna Carlos Sanders, se comprometió a reparar la vía, pero sus dos años en el cargo pasaron y se olvidó del compromiso.

La infraestructura en esta zona se encuentra bastante deteriorada. Con el Gobierno del Japón, la Fundación Tuahka logró el financiamiento para la reconstrucción del instituto de educación secundaria, que fue construido con bambú y hojas de suita.

EN EL ÁREA DE SALUD

También hay problemas en el área de salud, pues los medicamentos que envía el Ministerio de Salud (Minsa) a la comunidad son insuficientes, ya que se terminan antes de finalizar el mes, debido a la demanda de los pobladores.

“Aquí tenemos problemas con las enfermedades respiratorias, diarreicas, infecciones producto del consumo de agua contaminada”, dijo Justo Gómez, enfermero de la comunidad.

NECESITAN APOYO

Entre tanta pobreza, el pujante esfuerzo de los comunitarios para sobrevivir salta a la vista. Un grupo de 10 mujeres que trabajan en la elaboración de muebles de bambú fueron beneficiadas por un organismo que les entregó los materiales y una pequeña casa donde realizan sus labores, pero necesitan financiamiento y mercado para sus muebles, dijo a LA PRENSA Jackelin Scoth, artesana de Wasaking.

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