Wasaking es la capital de los indígenas mayangnas de la variante lingüística Tuahka, con una población de tres mil habitantes. La mayoría de ellos vive en extrema pobreza y no tiene acceso a los servicios de agua y energía eléctrica.
Los indígenas mayangnas de Wasaking se dedican a la agricultura para el autoconsumo, también a la explotación de la madera y pesca.
De Rosita a Wasaking hay 15 kilómetros de carretera en mal estado. Hay por lo menos unos cinco pegaderos. “Aquí no vienen vehículos porque el camino está muy mal, queremos que nos ayuden a repararlo”, dijo a LA PRENSA el líder mayangna Nerdy Ismael.
SERIOS PROBLEMAS
“Aquí tenemos serios problemas, cuando hay enfermos tenemos que sacarlos a pie, porque no hay forma que entre un vehículo, porque el camino está en pésimas condiciones”, dijo el indígena.
Según los pobladores de Wasaking, la carretera fue reparada hace cinco años y desde entonces no ha recibido ningún mantenimiento de parte de las autoridades locales, a pesar de la promesa que le hicieron los concejales regionales del partido sandinista y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
SE HAN OLVIDADO DE WASAKING
Miembros del Consejo de Ancianos de la comunidad, que prefirieron el anonimato, recordaron que el ex presidente del Consejo Regional por el gobernante Frente Sandinista, el mayangna Carlos Sanders, se comprometió a reparar la vía, pero sus dos años en el cargo pasaron y se olvidó del compromiso.
La infraestructura en esta zona se encuentra bastante deteriorada. Con el Gobierno del Japón, la Fundación Tuahka logró el financiamiento para la reconstrucción del instituto de educación secundaria, que fue construido con bambú y hojas de suita.
EN EL ÁREA DE SALUD
También hay problemas en el área de salud, pues los medicamentos que envía el Ministerio de Salud (Minsa) a la comunidad son insuficientes, ya que se terminan antes de finalizar el mes, debido a la demanda de los pobladores.
“Aquí tenemos problemas con las enfermedades respiratorias, diarreicas, infecciones producto del consumo de agua contaminada”, dijo Justo Gómez, enfermero de la comunidad.
NECESITAN APOYO
Entre tanta pobreza, el pujante esfuerzo de los comunitarios para sobrevivir salta a la vista. Un grupo de 10 mujeres que trabajan en la elaboración de muebles de bambú fueron beneficiadas por un organismo que les entregó los materiales y una pequeña casa donde realizan sus labores, pero necesitan financiamiento y mercado para sus muebles, dijo a LA PRENSA Jackelin Scoth, artesana de Wasaking.