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Sólo 18 personas sobrevivieron al accidente ocurrido hace casi una semana en Madrid. (LA PRENSA/AP )
El Spanair golpeó el suelo con la cola
Jorge Sainz
AP
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Avión no tenía potencia para despegar

El avión “no tenía fuerza cuando empezó a elevarse”, declaró hoy al diario español El País la única tripulante sobreviviente, la azafata Antonia Martínez.

"Noté que el avión no tenía fuerza cuando empezó a elevarse", declaró la azafata a la guardia civil, explicó el diario y añadió que los comentarios de los demás sobrevivientes de la catástrofe también van en ese sentido, citando fuentes próximas a la investigación.

Tanto El País como su rival liberal El Mundo afirmaron que uno de los dos motores del avión fue hallado en posición de "reversa", lo que corresponde a la posición marcha atrás del reactor.

"En una fotografía de los restos del avión se observa un motor con el sistema de reversa desplegado. En teoría, este mecanismo no debía estar funcionando dado que el MD-82 estaba en plena maniobra de despegue, y lo que hace la reversa es frenar el avión", precisó El País.

La "reversa" son dos placas de acero que cuando son accionadas en la parte posterior de la turbina, propulsa aire hacia adelante, frenando al aparato, explicó por su parte El Mundo.

Este mecanismo se acciona hidráulicamente, en el aterrizaje, cuando el avión ya tocó tierra, para intensificar la frenada.

La circunstancia queda clara en las fotografías publicadas por los dos diarios.

Sin embargo, esta posición "no puede explicar por sí sola" la catástrofe, ya que los aviones están concebidos para aterrizar con un solo reactor, añadió El País.

El diario agregó que esta posición puede dar testimonio de un intento por parte del piloto de frenar el aparato en un momento critico en que le faltaba fuerza para despegar.

La posibilidad de que, fruto de un fallo mecánico, o a voluntad del piloto para detener el avión, se accionase la reversa de uno los motores, "explicaría también el hecho de que el avión cayese escorado a la derecha", agregó el diario.

Las dos cajas negras están siendo analizadas por Aviación Civil, puntualizó El País.

AFP

MADRID.- El avión que se estrelló en el aeropuerto madrileño de Barajas impactó primero en el suelo con la cola y recorrió más de un kilómetro rebotando contra el terreno, según informó el miércoles el director de la investigación del accidente.

El aparato MD-82 de la compañía Spanair despegó de la pista 36L de la Terminal 4 y chocó poco después de iniciar la maniobra en un terreno escarpado anexo a Barajas, provocando la muerte de 154 personas.

Francisco Soto explicó que no se han observado señales de impactos en la superficie asfaltada de la pista y que la primera huella del siniestro se encontró en un camino aledaño.

"El avión impactó en primer lugar en el suelo con la zona de cola y se desprendió como consecuencia de ello el cono de cola, la parte trasera", indicó Soto durante una rueda de prensa.

Tras tocar tierra de nuevo, narró Soto, los datos apuntan a que la aeronave recorrió 1.200 metros rebotando otras tres veces, debido a las irregularidades del terreno, hasta detenerse y ser presa de las llamas.

Soto añadió que los motores de la aeronave se encuentran en buen estado para su análisis y que las dos cajas negras del avión recuperadas fueron trasladadas al Reino Unido para una descodificación más precisa de su contenido.

"La decisión se tomó fundamentalmente por dos motivos: por la capacidad de la comisión (de investigación) británica para trabajar con cajas negras dañadas, como era este caso, y por la premura en la obtención de la información", aseguró.

Soto, secretario de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil del gobierno español, anunció la publicación de un informe preliminar sobre lo ocurrido en el plazo de un mes, aunque matizó que es probable que en este documento no se incluyan las conclusiones definitivas sobre la catástrofe.

¿POCA POTENCIA?

El máximo responsable de la investigación también dijo que todavía no hay datos suficientes para asegurar que el avión despegó con poca potencia, tal y como han señalado varios testigos.

Soto reconoció que unos 20 técnicos trabajan en el esclarecimiento de los hechos, entre ellos personal norteamericano de los fabricantes del aparato, Boeing, y el motor, Pratt & Whitney.

Sólo 18 personas sobrevivieron al accidente. El primero en dejar el hospital, el lunes, fue el niño Roberto Alvarez Carretero, de 6 años, cuya hermana de 16 años, María, falleció.

Beatriz Reyes Ojeda, de 41 años, quien sufrió las heridas de menor gravedad, fue dada de alta el martes y volvió a insistir en la tesis de que el avión no alcanzó potencia suficiente durante el despegue.

"Yo sí me di cuenta, a lo mejor, que cuando el avión iba a despegar quizá no iba con tanta velocidad", señaló en una rueda de prensa multitudinaria.

Emocionada por la terrible experiencia, pero serena y entera al mismo tiempo, Reyes Ojeda recordó los momentos previos a la catástrofe y explicó que fue consciente del peligro cuando una de las alas se inclinó hacia un lado.

"Me agarré al sillón. Noté un golpe. El estómago me subía y me bajaba bruscamente. Pero no me acuerdo de nada más", relató.

RESCATÓ A MENORES

Esta mujer, según explicaron los servicios de emergencia, logró rescatar a dos niños del amasijo de hierros y ceniza al que quedó reducido el aparato, aunque precisó que no sabía si estaban entre los tres menores que sobrevivieron.

"Cuando me levanté había gente que pedía ayuda, y había unos niños que tenían sillones encima. Yo lo que hice fue sacarlos y apartarlos para que no estuvieran aprisionados. Sé que se me ha valorado por esa acción, pero creo que todo ser humano en cualquier momento que cualquier persona pida ayuda va a ayudar", manifestó.

Natural de las Islas Canarias, el destino de la ruta que cubría el avión MD-82 de Spanair, Reyes Ojeda apenas pudo contener las lágrimas durante su comparecencia al sentirse, por un lado, agradecida de seguir viva y, por otro, enormemente triste por la tragedia de sus paisanos fallecidos.

"Es un sentimiento contradictorio, porque sé que están llegando los cuerpos y yo voy a llegar caminando", dijo al recordar que la mitad de los 172 personas que integraban el pasaje eran naturales de Canarias.

Su testimonio sobre lo ocurrido es similar al de otros supervivientes. Otra de ellas, Ligia Palomino Riveros, una ciudadana hispano-colombiana de 42 años, declaró a The Associated Press durante el fin de semana que la aeronave se movía "muy suave" por la pista y que le costaba ganar altura hasta que una ala giró bruscamente y el avión comenzó a tambalearse hasta chocar.

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