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Madonna ()
Madonna más atlética que nunca
A sus 50 primaveras, una Madonna con mil caras y en plenas facultades, se muestra más joven que nunca en Sticky & Sweet Tour, la gira mundial de la indiscutible soberana del pop
Cardiff/Gales/EFE
revista@laprensa.com.ni
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Madonna aún no ha encontrado sustituta y así lo dejó claro la estrella estadounidense. La diva ya no recurre a la pornografía; no finge que se masturba en el escenario ni provoca al clero. La cantante exhibe ahora su yo más atlético: salta, se retuerce con movimientos imposibles o se convierte en boxeadora.

Con contoneos vertiginosos al ritmo del techno-pop, del piano, del violín o de lo que se le ocurra y con un sinfín de modelitos que se ciñen al cuerpo de la artista, la escenografía y la coreografía de la cantante quitaron el hipo en el Millenium Stadium. A lo grande. Al más puro estilo Madonna.

No hay duda de que medio siglo y tres hijos no han conseguido minar ni una pizca del derroche inagotable de energía que desprende la norteamericana.

Con un físico envidiable, que ha logrado a base de interminables sesiones de gimnasia y yoga, el huracán Madonna se dejó la piel durante las dos horas electrizantes de concierto en el Estadio del Milenio.

EL SHOW PASO A PASO

El espectáculo arranca con el tema Candy Shop, del último álbum, Hard Candy, y cuenta con un preámbulo audiovisual muy al gusto de su majestad: varias pantallas superpuestas en forma de cubo, juegos digitales plagados de “golosinas” eléctricas; y una Madonna que calza unas imponentes botas negras para lucir músculo ataviada con clara estética dominatrix. Aquí, su cara juguetona y dura.

Siempre acompañada por una escolta de bailarines acrobáticos, su segunda canción de esta gira es Beat Goes On, con la presencia virtual en las pantallas de fondo de Pharrell William y para seguir abriendo boca, no falta tampoco la Madonna más decadente: la que se pasea montada en un lustroso descapotable blanco, coreada por el rapero Kayne West (que la acompañó virtualmente).

Con Human Nature, Madonna proyecta el vídeo musical grabado con su amiga Britney Spears, quien pierde los nervios encerrada en un ascensor, ataviada con una sudadera negra.

Hasta entonces, la artista apenas caldea el ambiente.

Con un público variado, típico de sus conciertos, en el que abundaban los sombreros de vaquero rosa, grupos de treintañeras y su legión de incondicionales gay, Madonna desata el frenesí con un guiño a los 90 con Vogue precedido del “tic tac” que salpica a 4 Minutes.

El concierto no podía ser completo sin un remix de Die Antother Die, con imágenes de una Madonna atleta, boxeadora, que da paso entonces a la segunda parte del espectáculo.

LAS CLÁSICAS

Con Old School (Vieja Escuela), el nombre de este acto, no deja de sorprender. Pone a saltar a sus bailarines y se contonea a ritmo del clásico Into the Groove con movimientos de “pole dancing”. Eso sí, con nuevo cambio de imagen y enmarcada en “cartoons” en movimiento.

Le siguen nuevas canciones como Heartbeat y Borderline, en las que desgarró acordes con una guitarra eléctrica de un fucsia potente y desde unos minúsculos shorts rojos de gimnasio; también interpreta otro nuevo single, Shes not Me, que baila con movimientos casi contorsionistas frente a una serie de fotografías suyas de hace una década. Cierra el set, eso sí, con otro single conocido: el bailón Music.

Desplega su faceta más nómada con Miles Away, rindiendo tributo a la vida de los migrantes y recorriendo en imágenes la geografía mundial pasando por India, Madrid, Moscú... Convierte el escenario en toda una verbena con La Isla Bonita, ayudada de tres músicos rumanos.

Ese es el apartado más folclórico del show que concluye con la Madonna más tierna y vulnerable, la que busca su cara más baladista rodeada de velas con You must Love Me.

Por si alguien se atreviera a insinuar que la “reina del pop” no innova, la recta final del concierto varía de temática dando paso a un fuerte sabor futurista y marcada influencia japonesa. Siempre, claro, ante el embeleso de sus fieles.

Desde luego, en esta gira no asoma la Madonna caduca que pintan algunas revistas rosas que critican a la cantante que potencia con insistencia su lado más sexy “a su edad”.

La versión rock de la discotequera Hung Up (del álbum anterior, Confessions on a Dancefloor) y el club tecnho en el que la artista cambia el escenario para darienda suelta a Give it 2 Me, despiden un show a los que muchos quisiéramos asistir.

Un enorme Game Over pone punto final al despliegue de estas mil Madonnas. Un colofón grandioso para la Ciccone, que quizás nunca llegue a Nicaragua pero que sigue demostrando que los 50 le sientan como anillo al dedo.

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