La adhesión de Honduras a la Alternativa Bolivariana de las Américas (Alba) comenzó ayer en medio de una encendida controversia entre el Gobierno y sectores empresariales, quienes aseguran que ese tratado comercial conspira contra la libertad de comercio.
Durante el acto hubo protestas de un grupo de mujeres feministas quienes, con camisetas negras y fotos de Zoilamérica Narváez, repudiaron la presencia del presidente nicaragüense Daniel Ortega.
Fueron decenas de mujeres, vestidas de negro y con pancartas con la foto de la hijastra de Ortega, Zoilamérica Narváez, las que se apostaron en una calle aledaña a la Casa Presidencial para expresar su rechazo a la visita del gobernante.
Ortega se vio obligado a ingresar por otra zona.
Mientras, periodistas hondureños denunciaron haber sido agredidos por los escoltas del presidente Hugo Chávez, quienes impedían su labor.
En la protesta contra Ortega participaron organizaciones como el Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, Centro de Derechos de las Mujeres, Centro de Estudios de la Mujer y otras agrupaciones.
La presidenta del “Visitación Padilla”, Gladys Lanza, explicó que portaban las imágenes de la hijastra de Ortega porque “la foto de Zoilamérica es la que debe prevalecer en este acto, todas nos sentimos Zoilamérica”.
Estas organizaciones no paraban de gritar “Ortega violador” y consignas de repudio contra el mandatario nicaragüense, a quien el presidente Manuel Zelaya, de Honduras, invitó como testigo de su entrada al Alba.
PENA, RECHAZO Y PIDEN JUSTICIA
“Estamos totalmente en contra de que (Ortega) sea testigo”, dijo Lanzas a los periodistas. “Y este (color) negro que usamos significa dolor, pena, rechazo y exigencia de justicia contra una persona que abusó de la hija de su esposa (Rosario Murillo)”, agregó.
Otro grupo de mujeres ocupó el edificio del Instituto Nacional de la Mujer (Inam), en un sector alejado de la Presidencia, para solidarizarse con su anterior titular, Selma Estrada, quien renunció el viernes en protesta por la visita de Ortega.
Las agrupaciones de mujeres hondureñas se sumaron así al rechazo contra el Presidente de Nicaragua que surgió en Paraguay, donde funcionarias del nuevo Gobierno de ese país y organizaciones feministas se opusieron a que asistiera a la investidura del presidente Fernando Lugo, el pasado día 15.
A la firma de inclusión hondureña al Alba asistieron los presidentes Hugo Chávez, el principal promotor de esta iniciativa, Evo Morales, Daniel Ortega, y el vicepresidente cubano Carlos Lage.
Previo a los discursos de los mandatarios, periodistas de la emisora Radio América denunciaron a unos 40 guardaespaldas de Chávez, quienes supuestamente los agredieron violentamente cuando intentaban acercarse al mandatario.
Marco Tulio Carrillo, reportero de esa estación, afirmó que “hoy se irrespetó no sólo al periodismo hondureño, sino a nuestro pueblo... y no nos dejaron acercarnos a Chávez, sólo lo lograron a los periodistas de Venezuela y Nicaragua... y la guardia de Chávez nos hizo a un lado de manera violenta. Si así actúan los abanderados del socialismo, que Dios nos libre”.
El portavoz del Gobierno de Honduras, Oscar Triminio, negó que Chávez tuviera la intención de ofender a los informadores. Pero un episodio similar ocurrió con periodistas de Paraguay cuando Chávez llegó con su comitiva a la toma de posesión del presidente Fernando Lugo.
LOS CULPABLES SON OTROS
Esos dos incidentes no fueron las únicas sombras en el acto de entrada de Honduras al Alba. El presidente Manuel Zelaya desafió a la empresa privada. “El giro social del Gobierno dice que nadie, ningún poder fáctico, imperialista o mediático puede impedir que Honduras se una al Alba. Sí a Honduras”, exclamó Zelaya.
El mandatario acusó a los grupos privados que se le oponen de ser los culpables de la pobreza que afecta al 70 por ciento de los 7.5 millones de hondureños.
“Somos suficientemente soberanos, herencia de nuestros mártires, y por eso podemos decir al mundo que Honduras no tiene que pedir permiso a ningún imperialista para suscribir el Alba”, enfatizó a propósito de los grupos que aseguran que el bloque sólo traerá problemas con Estados Unidos, donde viven miles de hondureños.
Según el Gobierno hondureño, el Alba ayudará a terminar con la dependencia energética, porque permitirá la construcción de una hidroeléctrica, reducirá el analfabetismo, ayudará a la salud y permitirá inyectar unos 400 millones de dólares a proyectos productivos.
La empresa privada (e incluso algunos diputados oficialistas) consideran el Alba “armamentista y nefasto, sobre todo por las represalias que pudiera adoptar Estados Unidos”.
El Congreso hondureño debe aprobar la iniciativa para hacerla oficial y legal.
“Es una alianza política y militar de carácter ideológico que conspira contra la libertad de comercio, el ejercicio de las libertades individuales y la libre determinación” de la sociedad, dijo recién el influyente Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep).
En declaraciones al diario El Heraldo, Armando Urtecho, presidente del Cohep, manifestó que de acuerdo con la experiencia conocida en los países miembros del Alba, en Honduras se crearán empresas mixtas denominadas grannacionales, para desplazar a los consorcios y firmas transnacionales. “Creemos que el primer paso será el desarrollo de sus propias empresas ”, dijo.
En lo que sí coinciden muchos sectores es en que no hay mucha información sobre lo que firmó el presidente Zelaya, aunque sí se han revelado datos como uno que dice que Honduras exportará alimentos a Venezuela; algo ilógico, dicen los empresarios, porque el país es importador. Ayer, el Presidente había organizado una conferencia de prensa para explicar más detalles, pero la suspendió.
(Con la colaboración de Luis Núñez Salmerón).