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Dos generaciones, una pasión: Juan Solórzano y César Ramírez Fajardo. (LA PRENSA/U. MOLINA)
Al rescate del son nica
Eugenia Arana Vizcaya
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Tome nota

El lanzamiento oficial de Cantares Nicaragüenses. Picardía e Ingenio se realizará este jueves 28 de agosto en medio de un concierto en el que los autores del disco, en compañía de músicos invitados, entonarán el son nica e invitarán al público a interactuar con ellos. La cita es en Ruta Maya a partir de las 8:00 p.m.

Más de una docena de canciones fueron rescatadas del baúl del folclor nicaragüense. Se trata de las canciones incluidas en el disco Cantares Nicaragüenses. Picardía e Ingenio, de Juan Solórzano y César Ramírez Fajardo, dos grandes exponentes del son nica pertenecientes a distintas épocas.

UNA COSA LLEVÓ A LA OTRA...

Según cuenta Solórzano, en la dedicatoria del disco, la idea nació a raíz de que leyera el libro Cantares Nicaragüenses, escrito por Chale (Carlos) Mántica Abaunza y el propio César Ramírez Fajardo, el cual contiene una recopilación de más de 200 letras de canciones de origen campesino que en sus tiempos no tuvieron arreglos ni partituras.

Un día, Carlos Mántica hijo lo invitó a que “guitarrearan” juntos en la casa de su papá, coautor de aquel libro, y sin querer encontró algo más de lo que andaba buscando. Al joven cantautor le gustaron tanto esas letras pícaras y alegres que inmediatamente se dio a la tarea de buscar las melodías de las mismas, pero fue en vano, no existían.

Una tarde, en compañía de muchos artistas y amigos suyos, como los hermanos Krüger, Norma Helena Gadea, la familia Mántica y algunos poetas, surgió la idea de crearle música a esas canciones y grabarlas en formato compacto para que pudieran llegar al mayor público posible y se conservaran de generación en generación. La tarea fue encomendada a Juan Solórzano.

MANOS A LA OBRA

Aunque Solórzano, después de haber hecho la producción de su disco anterior, Jalando la carreta, se había jurado a sí mismo no volver a embarcarse en la producción de otro proyecto musical, debido a la dedicación que requiere y al cansancio que genera ello, no pudo negarse a la maravillosa propuesta que le hicieron aquel día. Entonces empezaron las grabaciones.

“Fue algo increíble, espectacular. Todo era riserías. Todas (las canciones) fueron grabadas de un solo tirón, tal a como se hacía antes. Es por ello que van sus errores de grabación, pero al final eso es lo que lo hace más sabroso”.

Para don César, la experiencia fue una especie de refrescamiento musical, pues asegura que “tenía más de cuarenta años de no pisar un estudio de grabación” y agrega: “En las grabaciones no tenía la letra en frente, todo lo canté a punta de memoria”.

Hoy, terminado el material, Solórzano se siente muy satisfecho y asegura que se atrevería a producir muchos discos más.

TODO UN ÉXITO

Por su parte, Carlos Mántica, de Mántica Waid, empresa que realizó la grabación del disco, dice: “Se logró exactamente lo que queríamos. Ahora la idea es hacer dos volúmenes más, porque queremos rescatar lo más que se pueda de esta música”.

RECONOCIMIENTO

El disco está dedicado a César Ramírez, el principal intérprete del disco, quien durante muchos años de su vida ha recopilado más de un centenar de canciones.

Don César cuenta que comenzó a recopilar canciones “allá por 1965”. Años más tarde, en 1969, formó parte de Los Bisturices Armónicos, una banda integrada por médicos. En 1984 dejaron de tocar y ahora participan en las famosas “guitarreadas” que se hacen todos los martes en la casa de don Chale Mántica.

“César para mí es esa persona que me ha dado la dirección y que me ha transmitido la picardía. Es mi gran maestro y me deja una enorme herencia”, expresa Solórzano, dejando visible su admiración por Ramírez.

DETALLES DEL DISCO

En esta joya de la música, que viene en un estuche de lujo decorado con gráficos pícaros y fotografías de precursores del son nica, predominan las voces de Juan Solórzano y César Ramírez, pero también se escuchan las de Norma Helena Gadea, César Esquivel y Carlos Mántica, quienes colaboran en algunos temas. Asimismo, el disco cuenta con participaciones valiosas como los acordes de Milciades Herrera, el teclado de Edwin Rayo, la marimba de Otoniel Flores, el violín de Jeffrey Rubens, el acordeón de Carlos Mejía Godoy y los chicheros de la Banda del Diriá.

El disco, conformado por canciones como A la orilla de una cantina, Palomita turca, La burra pedorra, Un muchacho tonto, La plasta y El cerote, además del bonus track Coplas dundas, promete hacer reír y gozar a la gente de principio a fin.

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