El gobierno de Daniel Ortega está actuando cada vez con mayor ímpetu y descaro contra la libertad y los derechos democráticos de los nicaragüenses, usando diversos medios y formas, entre ellas enjuiciar criminalmente a LA PRENSA y el asedio a medios de comunicación independientes por parte de piquetes de personas que “oran” contra los “demonios” de la libertad y la democracia.
Se conoce que una de las manifestaciones más perversas del totalitarismo es la utilización de personas humildes, a las que engañan con una prédica mentirosa de amor, igualdad y justicia para lanzarlas contra quienes defienden la libertad y el derecho a disentir del poder. En realidad, el totalitarismo —de derecha o de izquierda— es la ideología más perversa del mundo y de la historia, porque utiliza la pobreza para manipular a los mismos pobres, para hacerles creer que es dueño de la verdad y que las únicas personas que valen la pena, que merecen respeto y que tienen derechos, son los adeptos al partido gobernante, los fanáticos de la ideología oficial, los que se arrastran a cambio de una ración de alimentos, de la promesa de una vivienda pequeña, incómoda y mal construida, o tal vez de conseguir un empleo en cualquier dependencia gubernamental y estatal.
Según sea la conveniencia del momento, en algunos casos a las personas manipuladas las disfrazan como “gente de oración” y las mandan a apostarse frente a medios de comunicación independientes, para presionarlos “pacíficamente” y tratar de obligarlos a que no sigan informando ni opinando libremente, para que se sometan a la línea oficial del Gobierno, para que ensalcen al “líder” en vez de criticarlo y denunciar sus abusos de poder. Pero en otras ocasiones, en vez de ancianas dotadas con pequeñas cruces y mantas, a quienes mandan es a malhechores armados con garrotes y tubos metálicos, para que golpeen a activistas políticos y cívicos, como lo hicieron el día de la verificación de la inscripción electoral contra una familia opositora, o como agredieron a dirigentes del MRS en León y a jóvenes que querían protestar en una rotonda de Managua contra el despilfarro de dinero público, que hace el Gobierno con los gigantescos retratos de Daniel Ortega.
Hannah Arendt (1906-1975), la politóloga alemana de origen judío que fue una aguda e inteligente crítica del totalitarismo, expresó en su obra cumbre titulada precisamente Los orígenes del totalitarismo, que “es doloroso darse cuenta que los movimientos totalitarios disponen del apoyo de las masas y descansan en él”. Y es que la monstruosa dictadura nacional socialista de Adolfo Hitler se apoyaba en un gran movimiento de masas integrado no sólo por desclasados, sino también por gente de la clase obrera, de las capas medias y aún de la burguesía alemana.
Igualmente, el sanguinario totalitarismo comunista de Stalin también se apoyaba en la movilización de grandes masas populares, que no sólo llenaban las plazas para escuchar los discursos del amo sino que espiaban y agredían con ferocidad cualquier manifestación de inconformidad y disidencia de la gente.
En Nicaragua, durante la dictadura sandinista de 1979 a 1990 los llamados organismos de masas y particularmente los odiosos CDS que eran los “ojos, oídos y garrotes” de la revolución de los comandantes del FSLN, vapuleaban a periodistas independientes, a opositores democráticos y a sospechosos de ser miembros o simpatizantes de la contrarrevolución, incluso a sacerdotes católicos que en la actualidad, por razones que sólo ellos conocen, se han sometido al nuevo poder revolucionario orteguista.
Ahora, el renovado poder orteguista de vocación totalitaria no tiene el apoyo de masas que tenía en los fatídicos años ochenta. Pero igual manipula a grupos de pobres y los lanza contra sus críticos, porque quiere ser igual o peor todavía que en aquella época. Y en estas circunstancias, ¿cómo es posible que haya todavía personas demócratas que no se dan cuenta de lo que está ocurriendo? ¿Cómo no van a saber que los autoritarios hoy van contra los medios independientes pero después van a ir contra todos los que consideren como un obstáculo al totalitario socialismo del siglo XXI?