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Noticias >> Economía
Fiesta clase “c”
Más grande y con más dinero, la clase media brasileña sale de compras gracias al crédito barato
–Con Adriana Rodríguez.(c) 2008, AméricaEconomía. Todos los derechos reservados.
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Solange MonteiroCleide Cordeiro vive en Brasilia con sus dos hijos, de seis y tres años, y desde hace poco tiene un buen motivo para visitar con mayor frecuencia a sus padres. En mayo, el padre y la hermana menor juntaron dinero y compraron un computador. “Ayudé a escogerlo y aprovecho el tiempo libre para entretenerme en internet y enseñar a mis hijos a usarlo”, cuenta. Su caso se asemeja a 800 otras historias escuchadas el año pasado por la empresa de computadores Positivo Informática, de Curitiba, que buscaba una forma para atraer a los brasileños de clase media que compraban su primer computador, un segmento que en 2007 representó dos tercios de sus ventas. Tras siete meses de investigación, Positivo lanzó en mayo de este año el PC de Familia, un equipo con precios a partir de US$ 600 y que viene con acceso exclusivo a un portal en internet con cuentos, fotolog, orientación financiera, consejos de psicología y una sección de recetas. “Ese segmento quiere un computador para compartir; es un símbolo de estatus en la casa”, cuenta César Aymoré, director de marketing de Positivo Informática. Y con ese producto la empresa busca alcanzar un 25 por ciento de crecimiento este año. “Apenas el 22 por ciento de hogares de esa clase económica tiene computador”, agrega Aymoré. Positivo no está sola en esta disputa por el potencial de compra de la clase media. Desde el inicio de la década la letra C que identifica a ese estrato de la población brilla en los ojos de los empresarios en Brasil. Un estudio reciente realizado por Ipsos Public Affairs a pedido de la financiera Cetelem muestra que la clase C aumentó del 34 por ciento de la población en 2005 a 46 por ciento en 2007. Además, la renta disponible de ese grupo aumentó de US$75 en 2005 a US$117 el año siguiente. A pesar de que bajó en 2007 a US$90, en la suma de todo el período el crecimiento fue de 20 por ciento.

Y a diferencia de épocas anteriores, hoy el panorama es de crecimiento estable. Las tasas de interés han caído y los golpes de las crisis financieras se han disipado. “El riesgo de desempleo ha disminuido, lo que estimula al endeudamiento”, dice Claudio Dedecca, economista de la Universidad de Campinas (Unicamp). Además, la menor inflación permite a la gente saber cuál es el tamaño de su renta, un hecho histórico desde que se mide ese índice de precios regularmente en Brasil.

ENORME POTENCIAL

Las empresas están maniobrando aceleradamente para atender a este segmento económico. En abril, la constructora Brascan Residential Properties, del grupo canadiense Brascan, compró la inmobiliaria MB Engenharia, con operaciones concentradas en el estado de Goiás, para fortalecer su oferta de inmuebles para segmentos medios y medio-bajos. Nicholas Reade, presidente de Brascan Residential Properties, señala que actualmente el 30 por ciento de los nuevos proyectos de la empresa apuntan a segmentos medios y medio bajos, y el objetivo es llevar la cifra a 50 por ciento en el corto plazo, cumpliendo el deseo de buena parte de ese público, que quiere invertir en una casa propia.

Se entiende este interés si se considera que la Caixa Econômica Federal (CEF) asignó este año unos US$12,500 millones para créditos inmobiliarios, la mayor cifra en su historia.

Otras empresas apuestan a la diversificación para atender distintas necesidades de la clase media. Es así como la empresa Microservice, el mayor fabricante latinoamericano de CD y DVD, con ventas de US$450 millones en 2007, decidió invertir unos US$18 millones en la construcción de una planta de motos para las clases C y D, la cual producirá unos 20,000 scooters al año. Isaac Hemsi, presidente de la empresa, declaró a los medios que va tras una demanda desatendida.

O, por ejemplo, la empresa de alimentos Nestlé, que lanzó una lata de su leche en polvo Ninho de 200 gramos, en comparación con su tradicional lata de 450 gramos, y que ahora es uno de los diez productos más vendidos de la empresa en el noreste del país, con un crecimiento de 135 por ciento en un año.

“El aumento del poder adquisitivo también está dando nuevos bríos a la región noroeste de Brasil, que por primera vez en nuestro estudio logró un segundo lugar en el ranking de consumo (con 18.2 por ciento), atrás del sudoeste (con 51.8 por ciento), pero desbancando al sur (16.8 por ciento)”, cuenta Marcos Pazzini, director general de la consultora Target Marketing. Una empresa que ha sido beneficiada es la distribuidora mayorista Grupo Martins, la cual elevó su facturación el año pasado un 13.4 por ciento al concentrarse en el pequeño y mediano minorista. “Las clases C y D se han convertido en una nueva clase media, capaz de impulsar a todo el sector minorista nacional”, declara José Antonio Rossi Sales, vicepresidente corporativo de Finanzas del Sistema Integrado Martins.

Otro brazo del grupo Brascan, Brascan Shopping Centers, ha anunciado que invertirá unos US$25 millones para remodelar el centro comercial Madureira Shopping en Río de Janeiro, que atiende a las clases populares. Algunas de sus tiendas tienen vitrinas atiborradas de mercadería, sin ningún orden, y según el presidente de Brascan Shopping Centers, Bayard Lima, eso debe cambiar, porque no es lo que la clase C quiere. “Es un público que está cambiando las tiendas de calle por las del centro comercial y quiere ser mejor atendido”, dice. De acuerdo a Lima, la clase C ha comenzado a comprar en tiendas más conocidas, de marca, las cuales Brascan espera atraer a sus shoppings. Además, afirma que ha aumentado la demanda en este segmento por tiendas de accesorios para el hogar y decoración, para amueblar las propiedades que han logrado comprar.

SANTO FINANCIAMIENTO

Tanto Lima como Reade, del grupo Brascan, ven el futuro del consumo de la clase C como promisorio siempre que las tasas de interés sigan bajas, lo que permite pagar a largo plazo. “Lo importante es hacer que las cuotas quepan en los bolsillos de los consumidores”, afirma Reade. El gran motor de las compras de ese segmento todavía es la posibilidad de pagar en varias cuotas y, preferentemente, sin intereses. En tanto, el mercado de tarjetas de crédito en Brasil ha crecido de forma explosiva, superando la tasa de crecimiento de la bancarización en el país, que fue de 9.3 por ciento en nuevas cuentas corrientes en 2007 con relación a 2006, según la Federación Brasileña de Bancos (Febraban).

De acuerdo con la Asociación Brasileña de Empresas de Tarjetas de Crédito y Servicios (Abecs), sólo las tarjetas emitidas por tiendas (que no requieren que su dueño tenga una cuenta bancaria) sumaban 152 millones en abril –21 por ciento más que en abril de 2007–, número mayor que el de las tarjetas de crédito bancarias –98 millones, contra 84 millones en abril del año pasado–. El uso de la tarjeta como instrumento de financiamiento ya creció 49 por ciento en relación con 2007, acumulando un saldo de crédito de US$37,200 millones en marzo de este año. “Hay un aumento del volumen de cuotas sin intereses y, sobre todo, del número de tarjetas private label (de tiendas), lo que indica penetración en las clases C y D”, dice Carlos Rodrigo Formigari, director de Productos de Abecs.

¿HASTA CUÁNDO?

La pregunta es si el crecimiento del consumo de la clase C está fundado en cimientos reales. Para Dedecca, de Unicamp, la bonanza de la clase C continuaría al menos por los próximos dos años. “Una inversión robusta en la economía retroalimenta el consumo”, dice. “Y como el crecimiento de la renta de la clase C tampoco ha sido excesivo, no creo que haya una ola de endeudamiento insostenible que ponga al sistema financiero en riesgo”. William Eid, coordinador del Centro de Estudios en Finanzas de la Fundación Getúlio Vargas FGV-SP, cree que la forma que está tomando no es saludable para el país. “Aunque sea un motor, el crédito no es un sustento bueno para el crecimiento en países con baja renta como Brasil”, afirma.

Para Dedecca, el gran riesgo estaría en el escenario internacional. “Con una recesión severa en EE.UU. estaremos en peligro”, dice. “Las crisis acostumbran venir sin aviso, y aún no hay claridad sobre la profundidad de la situación en ese país”, afirma Eid.

De todas formas, incluso sin contar el escenario internacional, el consumo de la clase C sufrirá ajustes a lo largo del camino. “Este año podríamos registrar una desaceleración momentánea, cuando la población comience a adaptarse a su grado de endeudamiento”, afirma Dedecca. Y los signos de la necesidad de ese ajuste ya están surgiendo. Según Serasa, la mayor empresa de análisis económico y financiero del Brasil, la morosidad de los brasileños en los primeros cuatro meses del año creció 6.7 por ciento en relación con el mismo período de 2007.

Los economistas creen en la necesidad urgente de educar a la población brasileña sobre el costo financiero del consumo. “Hoy es fundamental advertir a la población sobre la necesidad de ahorrar”, dicen para que la fiesta del consumo no acabe en amargura.

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