En Nicaragua, desde la entrada de la democra-cia en 1990, y con el apoyo de Finlandia en Boaco, Italia en Nueva Guinea, Suecia en Matagalpa, y otros países amigos, miles de pequeños y medianos productores convierten diariamente el agua de las lluvias en millones de litros de leche, un verdadero milagro de la naturaleza donde agua, pastos y vacas se unen para bendición de nuestra economía.
Había tan poca leche en 1990, después de la guerra y el desplome de la economía sandinista, que Nicaragua no podía exportar nada de derivados lácteos. El país tenía que importar grandes cantidades de leche en polvo para fabricar aquí leche fluida reconstituida para Managua y otras pocas ciudades.
Hoy es al revés, y se exporta muchísimo, al grado que los derivados lácteos representan el tercer rubro en nuestras exportaciones, llegando a US$72 millones en los primeros siete meses de este año, una cifra sólo superada por las exportaciones de café oro y carne vacuna.
Pocas actividades son tan nicas como el ordeño diario. En Nicaragua se ordeñan cerca de medio millón de vacas cada madrugada, las que producen unos dos millones de litros de leche al día.
Mucha de esta leche se vende a empresas de primer orden como Prolacsa, Eskimo, Parmalat, Centrolac, Nilac, y cooperativas de los años noventa, como San Francisco y Masiguito en Camoapa, cuyos quesos suplen el mercado local y se exportan. Otra parte va a queseras más artesanales que exportan mucha de su producción. Y otra se vende cruda en las pequeñas ciudades del interior del país.
Lo interesante es que este millonario flujo diario de dinero, unos diez millones de córdobas al día, va a parar a la bolsa de al menos 20,000 productores, muchos de ellos campesinos de los municipios pobres del país, lo que está convirtiendo a la leche en la sangre de la economía campesina, junto a los frijoles y el maíz. Éste es dinero que va montaña adentro, donde más se ha ensañado la pobreza en este país.
Pero más interesante aún son las buenísimas perspectivas del sector lácteo en Nicaragua, debido a la subida del precio internacional de los alimentos, incluyendo los derivados lácteos. Esto hace que nuestro país pueda ahora exportar sus quesos y leche en polvo a precios muy superiores a los de antes. Son sin duda buenos momentos para la ganadería y la leche.
Sin embargo, se corre un peligro. Sin apoyo del Gobierno estas oportunidades podrían perderse. Las perspectivas que se han abierto, junto al inmenso potencial de nuestras tierras y la cultura ganadera de nuestra gente, merecen gran atención y apoyo gubernamental.
Lo primero son los caminos. Las fincas están tierra adentro. Es urgente que los caminos troncales se mantengan siempre bien patroleados, como el de Río Blanco a Mulukukú, La Dalia a Waslala, Rancho Rojo a La Calamidad y otros muchos, pero también los ramales de importancia. El Gobierno tiene allí una gran responsabilidad, y debe entrarle de inmediato.
Lo segundo es la energía. Mientras el sector privado puede encargarse de las inversiones en generación, sea con el agua de los ríos, el viento, la geotermia o la biomasa, el Gobierno debe ampliar las redes de transmisión a muchos sitios de gran potencial productivo, que hasta hoy carecen de red eléctrica. Enatrel, empresa del Estado a cargo de esta importante tarea, tiene allí mucha tela que cortar.
Lo tercero es el aumento en la demanda interna, donde más urge, a través del vaso de leche en todas las escuelas del país. Quinientos mil niños en los primeros grados, muchos de los cuales sufren severa desnutrición, serían enormemente beneficiados con la proteína, el calcio y la energía de un vaso de leche todos los días.
El Estado debe adquirir unos 350,000 litros semanales para reinstaurar el programa del Vaso de Leche, y mejorar así la economía de los productores lecheros, la nutrición infantil y la permanencia de los niños en las escuelas. No hay excusa para retardar más esto.
Y en cuarto lugar, pero no menos importante, la seguridad personal y en la tenencia de la tierra, tareas absolutamente privativas del Estado, donde lo único necesario es un sistema judicial independiente, honesto y justo, y una policía profesional, bien dotada, bien motivada.
El Presidente y el Gobierno deben comprender que la leche puede convertirse en nuestro petróleo. Hay leche por todas partes. Pero necesitamos hacer los pozos para extraerla, es decir, los centros de acopio para recibirla y refrigerarla, donde se vayan abriendo y mejorando los caminos y el acceso a la energía. La inversión privada y cooperativa puede construir estos acopios, los productores pueden producir más leche, pero es fundamental que el Gobierno haga su deber en lo que es obligación del Gobierno. Para eso se es gobierno.