“La verdad no sentí miedo, me pareció un vuelo común y corriente hasta que (el avión) despegó y empezó a tambalear. La nave alcanzó a elevarse y después se inclinó al lado derecho y luego al izquierdo. Yo iba del lado izquierdo. Cuando ocurrió todo yo salí disparada con el asiento. A mi alrededor veía muchos escombros, veía humo, veía un incendio... luego una niña que me pedía ayuda, yo no podía moverme; para mí fue mucha impotencia no poderme mover porque yo estoy acostumbrada a mi trabajo de médico. Sólo me quedaba esperar y al fin llegaron los bomberos. Yo siento que con todo esto volví a nacer; es una segunda oportunidad que Dios me ha dado y ahora necesito hacer cosas grandes en mi vida”.
Así narró ayer a medios de comunicación de Colombia y España la doctora colombiana Ligia Palomino Riveros, una de las 19 personas que sobrevivieron al accidente del avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas, que se cobró la vida de 153 personas el miércoles cuando cubría la ruta Madrid-Islas Canarias.
Ayer la aerolínea Spanair, propietaria del aparato, informó que el avión “tuvo un de calentamiento excesivo en una toma de aire”.
Este fenómeno, según la empresa, ocurrió antes que el aparato iniciara la carrera para despegar por primera vez, de modo que volvió a la puerta del hangar y el problema “fue tratado y aislado” por el personal de la compañía que lo despachó para volar una hora más tarde.
El avión estaba previsto a despegar a la 1:00 de la tarde (5:00 a.m. hora de Nicaragua), pero lo hizo más de una hora después debido a ese problema.
La compañía admitió que el avión se salió de la pista y, tras elevarse levemente, se incendió y chocó envuelto en llamas contra el suelo en una hondonada de rastrojos y tierra seca anexa a Barajas.
Entre los pocos sobrevivientes se encuentra el español José Flores, esposo de Ligia Palomino.
Él está hospitalizado por fracturas en distintas partes del cuerpo.
UN HÉROE DE VERDAD
Pero si de historias se trata, está la del bombero Francisco Martínez, quien rescató a los tres niños supervivientes del accidente (en el vuelo iban 22 niños, incluidos dos bebés), uno de ellos de la mano de su madre, que luego murió, relató ayer al diario El Mundo.
“Primero rescate a mi hija”, dice Martínez que le pidió la señora Amalia Filloy, de 41 años. Amalia iba con su hija María, de 11 años, y según el bombero, se la entregó en los brazos.
“La niña que está aquí (ingresada en el Hospital de La Paz, de Madrid), su propia madre nos la entregó en los brazos (...) nos pasó la niña y la mujer se quedó ahí”, relató Martínez a la radio Cadena Ser. Él contó que los bomberos que llegaron primero eran “muy pocos”.
Amalia Filloy y su otra hija murieron, mientras que su esposo y su hija María se encuentran ingresados.
El bombero, que dijo estar “impresionado” por la tragedia, también sacó de entre el amasijo de hierros en que quedó la carcasa del avión a los otros dos menores supervivientes, un niño de 8 años (Jesús Alfredo Acosta), hijo del colombiano Alfredo Acosta, y otro de 6 años.
Según Martínez, Jesús, cuando él lo rescató no paraba de preguntar “dónde estaba su padre y cuándo terminaba la película”, según dijo El Mundo.
Este bombero se ha convertido, quizás sin pretenderlo, en el héroe de la jornada.
UN milagro CON Jesús
El pequeño Jesús, desorientado, “me preguntaba si era verdad lo que estaba ocurriendo”, según Martínez, quien le subió al camión para explicarle lo que estaba pasando pero el pequeño “creía que se trataba de una película”.
Jesús ingresó después del accidente en el Hospital Niño Jesús en estado leve con una fractura en la pierna. Se pensaba que el menor se había quedado huérfano, ya que el padre, Alfredo Acosta Sierra, de unos 60 años de edad y origen colombiano, falleció en el siniestro y su madre, Gregoria Mendiona, permanecía desaparecida.
Una empleada del aeropuerto, volcada en ayudar a los más pequeños en la zona del suceso, explicó que el niño “estaba muy entero, se quejaba de algunos dolores, pero lo que más le preocupaba era encontrar a sus padres”.
FALLO NO ERA TANTO
Dos expertos entrevistados por The Associated Press señalaron ayer a propósito de este accidente que es difícil que los problemas con el sensor de la toma de aire (tal y como dice la aerolínea Spanair) estén vinculados con el accidente.
Alvaro Gammicchia, un piloto de Iberia que voló durante siete años en un modelo MD-82 (éste es el modelo del avión siniestrado) y que pertenece al sindicato de pilotos españoles SEPLA, dijo que, incluso sin el sensor, “el avión no hubiera fallado hasta el punto de causar un desenlace trágico”.
Los aviones de la serie MD-80 están dotados de varios instrumentos situados en la parte delantera del aparato, cuya misión principal es medir la velocidad del aire, la temperatura exterior o la presión atmosférica.
“Cualquiera que fuera el fallo del indicador, probablemente no estará relacionado con lo ocurrido”, dijo Patrick Smith, un piloto de aparatos de la serie MD-80, afincado en Estados Unidos, en una conversación telefónica.
La vicepresidenta del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, indicó que una comisión de investigación ha empezado a trabajar para esclarecer las causas del siniestro, aunque aseguró que todavía es pronto para avanzar alguna hipótesis sobre lo ocurrido.
De la Vega confirmó que las cajas negras y todos los elementos susceptibles de facilitar alguna pista están ya en manos de los técnicos.
Miembros de las agencias de seguridad aérea de Estados Unidos y la Unión Europea se han desplazado a Madrid para colaborar con las autoridades españolas.
El avión siniestrado tenía 15 años de funcionamiento y nueve con la aerolínea Spanair.
Entre enero y mayo había pasado con éxitos los chequeos mecánicos de rigor, informó la empresa.
Mientras, hoy comienzan en España los tres días de luto que decretó el gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Tras el percance, mandatarios de todo el mundo expresaron muestras de condolencia a las autoridades españolas.