Hace veinte años, los Yanquis se quitaron de encima un déficit de 14 juegos respecto a los Medias Rojas, y tras concluir empatados en la etapa regular, fueron a un juego extra y los vencieron, para luego dejar en el camino a los Royals y eventualmente a los Dodgers, para coronarse campeones en la Serie Mundial de 1978.
Este año aún tienen opciones matemáticas, pero parecen eliminados por la inconsistencia de su juego. A la tropa de 1978 le caracterizó la terquedad, el orgullo y su compromiso con el éxito. La de ahora es como un grupo lleno de dudas, que afloja cuando más debe socar, mientras sus oponentes les pierden respeto y se aferran a sus puestos en el sector Este.
El equipo de 1978 borró la desventaja de 14 partidos que tenía a la altura del 19 de julio. En aquel instante despidieron a Billy Martin. De la mano de Bob Lemon resumieron 19-8 en agosto y comenzaron a acercarse a Boston, al extremo de colocarse a seis juegos cuando septiembre hizo aparición. Para entonces los bates de Reggie Jackson, Graig Nettles y Chris Chamblis echaban humo, mientras Ron Guidry con Ed Figueroa iban rumbo a 20 triunfos.
Ahora agosto está por concluir y están a 10 juegos de los Rays de Tampa. Y no sólo eso. Delante tienen a Boston, además de los Mellizos y Medias Blancas que le han puesto el ojo al pase vía comodín. Lo más grave, sin embargo, es que el club de este año no ha mostrado la garra que ha hecho de los Yanquis el equipo más exitoso de la historia. Eso, unido a las lesiones, ha mostrado todo el año un plantel irresoluto e inconsistente.
Lo que más ha afectado no son las lesiones. Mets y Cardenales tienen un hospital y siguen peleando. Se sabía que el pitcheo era dudoso, pero nadie esperaba que los jóvenes se asustaran tanto y luego se lastimaran. El bateo es también culpable por sus intermitencias pero, sobre todo, lo que ha faltado ha sido garra.