Creador de la obra aprovecha su éxito
El “Cubo de Agua” de Pekín, donde se batieron unos 40 récords del mundo, quedará como un glorioso símbolo de los Juegos Olímpicos de 2008, por lo que Zhao Xiaojun, uno de los arquitectos, ya se está aprovechando del éxito.
“La gente me dice que esta piscina es mágica”, declaró a la AFP Zhao, un chino de 41 años, en su oficina de Shanghai, un inmueble de cuatro pisos.
Su sociedad, China Construction Design International, se asoció con PTW Architects (Australia) y Arup (Gran Bretaña) para concebir y construir el edificio de las pruebas de natación, unánimemente elogiado por los atletas y visitantes.
Desde el inicio del la XXIX Olimpíada en la capital china, el paralelepípedo es admirado y fotografiado día y noche, con sus cuatro paredes de colores cambiantes, que evocan a burbujas de agua.
Zhao, vestido con una chaqueta tradicional de mandarín, sirve el té a sus invitados explicando que, al inicio del proyecto, los arquitectos australianos habían sugerido construir un edificio en forma de ola.
Tras semanas de discusión con los patrocinadores chinos, logró imponer finalmente su idea de aguas tranquilas, serenas. “Tal vez no te sorprende a primera vista, pero tras una segunda mirada, uno siente una paz y un sentido estético profundo”, dijo.
El Centro Acuático Nacional, nombre oficial del “Cubo de Agua”, alberga tres piscinas y necesitó cuatro años de construcción y costó unos 200 millones de dólares (136 millones de euros), principalmente pagados por chinos que viven en el extranjero.
La sociedad de Zhao Xiaojun pasó de 200 empleados hace cinco años a más de 1,800 en la actualidad. Sus ingresos aumentan un 80 por ciento cada año. La cifra de negocios este año debería alcanzar los 800 millones de yuans (120 millones de dólares).
Para la construcción de su estructura de acero una materia química muy innovadora para los 3,065 alveolos de las paredes del Cubo, que son cien veces más ligeras que el cristal, translúcida, y que permite que la luz pase mejor.
Convencer de que el proyecto era realizable no fue simple, asegura Zhao. El jurado dudaba de la perennidad del edificio confrontado al clima de Beijing, canicular en verano y frío en invierno.