MADRID.- El vuelo JK5022 abortó un primer intento de despegue debido al sobrecalentamiento de una toma de aire poco antes de estrellarse en el aeropuerto de Barajas, aunque la aerolínea precisó hoy que no cree que esta avería guarde relación con el fatal accidente. En tanto, las escenas de dolor continuaban este jueves en la morgue habilitada en uno de los pabellones del centro de exposiciones y congresos de Madrid, donde los familiares de las víctimas pasan por el difícil trago de identificar los cadáveres de sus seres queridos.
En total, 153 personas perdieron la vida el miércoles en la peor tragedia de la aviación española en los últimos 25 años. Un avión modelo MD-82 de la compañía Spanair con destino a las turísticas Islas Canarias se salió de la pista y, tras elevarse levemente, se incendió y chocó envuelto en llamas contra el suelo en una hondonada de rastrojos y tierra seca anexa a Barajas.
De las 172 personas que integraban el pasaje, sólo 19 lograron sobrevivir, entre los que se encuentran tres de los 22 pasajeros menores de edad.
Tanto los pequeños, cuyas vidas no corren peligro, como el resto de heridos de diversa consideración se encuentran ingresados en distintos hospitales madrileños.
En el avión había 19 pasajeros extranjeros, de los cuales uno solo, un sueco, sobrevivió a la tragedia.
De los restantes, cinco eran alemanes, dos franceses, y uno cada uno de Mauritania, Turquía, Brasil, Indonesia, Bulgaria, Italia, Colombia y Gambia. Restaba determinar las nacionalidades de otros tres extranjeros, según la información del gobierno.
REPARACIÓN EN LOS ÚLTIMOS MINUTOS
La vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, indicó que la comisión de investigación ha empezado a trabajar para esclarecer las causas del siniestro, aunque aseguró que todavía es pronto para avanzar alguna hipótesis sobre lo ocurrido.
De la Vega confirmó que las cajas negras y todos los elementos susceptibles de facilitar alguna pista están ya en manos de los técnicos. Miembros de las agencias de seguridad aérea de Estados Unidos y la Unión Europea se han desplazado a Madrid para colaborar con las autoridades españolas.
Por su parte, Javier Mendoza, un responsable de Spanair, explicó que el comandante de la aeronave detectó poco antes de despegar un calentamiento excesivo en un sensor de aire que se encuentra debajo de la cabina.
Mendoza dijo durante una rueda de prensa que la toma fue reparada de acuerdo con las normas habituales de seguridad por los técnicos de mantenimiento de la aerolínea.
Pocos minutos después, la maniobra de despegue finalizó con el avión incendiándose y estrellándose bruscamente.
EXPERTOS DESCARTAN
Dos expertos entrevistados por The Associated Press señalaron, no obstante, que es difícil que los problemas con la toma de aire estén vinculados con el accidente.
Alvaro Gammicchia, un piloto de Iberia que voló durante siete años en un modelo MD-82 y que pertenece al sindicato de pilotos españoles SEPLA, dijo que, incluso sin el sensor, "el avión no hubiera fallado hasta el punto de causar un desenlace trágico".
Los aviones de la serie MD-80 están dotados de una serie de instrumentos situados en la parte delantera del aparato, cuya misión principal es medir la velocidad del aire, la temperatura exterior o la presión atmosférica.
"Cualquiera que fuera el fallo del indicador, probablemente no estará relacionado con lo ocurrido", dijo Patrick Smith, un piloto de aparatos de la serie MD-80 afincado en Estados Unidos en una conversación telefónica.
Por otro lado, Spanair confirmó hoy que un avión MD-82 de su flota fue desviado el pasado sábado por razones de mantenimiento en un vuelo que cubría la ruta entre Lanzarote, en las Islas Canarias, y Madrid. El aparato aterrizó en la isla de Gran Canaria, precisamente el destino del vuelo siniestrado, pero no se trataba del mismo avión que se estrelló ayer.