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¿Daniel Ortega está loco?
León Núñez
El autor es portavoz de los analistas políticos de Acoyapa
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No son pocas las personas que opinan que el presidente Daniel Ortega está loco. Por el momento no sé si esas opiniones constituyen ataques políticos —para descalificarlo del ejercicio del poder— o si de verdad consideran que don Daniel está realmente loco.

Quiero señalar que no solamente algunos opositores al Gobierno hablan de que el presidente Ortega está loco sino que también hay danielistas que cariñosamente empiezan a referirse a él como “el loco”. Este tratamiento cariñoso me hizo recordar que en Costa Rica, en tiempos de ARDE, los que rodeaban a Pastora, sus más allegados, también se referían a don Edén como “el loco”, pero al hacerlo con cariño excluían la consideración de catalogarlo como un perturbado mental.

Es importante destacar que en Nicaragua el calificativo de “loco” es de uso frecuente. “Oye loco”, “no seas loco”, “ese jodido es loco”, “no le hagas caso a ese loco”… son frases que a diario escuchamos en este país. Pero esto no quiere decir que alguien piense seriamente que la persona a quien le dicen “loco” tenga de verdad la mente enferma. En nuestro medio la calificación de “loco” viene a ser algo así como un apodo que se dice generalmente sin “animus injuriandi”.

Con relación a un Presidente de la República el tratamiento de “loco” es nuevo. Antes, para referirse, por ejemplo, a Arnoldo Alemán, sus serviles usaban la expresión homosexualoide de “el hombre” con la intención de hacerle creer a uno que eran personas con poder; políticamente importantes. “Ya viene el hombre”, “vine tarde porque no me soltaba el hombre”, “estoy con el hombre”, “ayer comí con el hombre”, “te dejo porque me está llamando el hombre”…

Actualmente existe una corriente lingüística que tiende a sustituir “el hombre” por “el loco”, de tal manera que no me extrañaría que pronto —cuando los danielistas se refieran a don Daniel Ortega— empecemos a escuchar con frecuencia frases afectivas como “ya viene el loco”, “vine tarde porque no me soltaba el loco”, “estoy con el loco”, “ayer comí con el loco”, “te dejo porque me está llamando el loco”…

Ante la opinión, que empieza a cobrar fuerza, de que don Daniel está loco, los analistas políticos de Acoyapa, entre los cuales hay varios psiquiatras empíricos, han estado estudiando el comportamiento del Presidente de la República y hasta la fecha no han descubierto síntomas que demuestren que don Daniel esté sufriendo gravemente, en un 100%, de alguna alteración patológica de su personalidad.

Los psiquiatras acoyapinos, utilizando técnicas loquimétricas, calculan que el presidente Ortega es un político que tiene un 95% de cordura y un 5% de locura. Es decir, que tiene un altísimo porcentaje de normalidad, toda vez que sólo le falta un 5% de cordura. En consecuencia, don Daniel ni es 100% loco, ni es loco y medio —150% de locura— ni es medio loco (50%), debiéndose entender que la persona es medio loca cuando tiene el 50% de locura y el 50% de cordura.

Dicen algunos psiquiatras de mi pueblo que en ese 5% de falta de cordura se deben buscar los desajustes emocionales que algunas veces padece don Daniel, sobre todo en sus intervenciones públicas, con sus manifestaciones irascibles, sus repetitivas faltas de tacto, sus incoherencias retóricas y sus pérdidas de contacto con la realidad. Pero esto no quiere decir, agregaron mis paisanos, que el Presidente de la República sea loco, loco y medio o medio loco; que lo más probable es que sea un poco loco (5%), lo cual no significa que sea una persona mentalmente anormal, pues es sabido que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”.

En lo que los analistas políticos de Acoyapa no tienen la menor duda, y en esto hay unanimidad, es que don Daniel cuando está con el presidente Hugo Chávez se vuelve “loquito”. Pero las desbordantes demostraciones de alegría del Presidente de la República frente a Chávez son comprensibles, y están más que justificadas. Los petrodólares venezolanos, con la generosidad con que los suelta Chávez, son capaces de volver “loquito” al más cuerdo de los mortales. “Yo no me volvería loquito, me volvería loquísimo si el presidente Chávez me alivianara con unos cuantos millones de dólares”, afirmó el presidente de la extinta peña El Bejuco.

Por las razones expuestas, los analistas políticos de Acoyapa han llegado a la conclusión de que el Presidente de la República no está loco; de que se trata de una persona mentalmente sana. Una afirmación contraria, dicha sin cariño, debe interpretarse como un ataque político que tiene como objetivo sembrar la duda sobre la idoneidad mental de don Daniel para seguir ejerciendo la Presidencia de la República.

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