Dejando atrás los vientos, Memorias 1982-1991, es el libro escrito por el ex vicepresidente del gobierno español (en tiempos de Felipe González), Alfonso Guerra. Menciono esta obra porque me parece que los vientos que soplan en Nicaragua, en alguna parte los había leído, y es en lo que narró Guerra. Con la diferencia que Nicaragua no estaba saliendo de una dictadura en el 2006.
El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, no sólo debería tener en su cabeza muchas de estas lecciones políticas que brinda Guerra, sino, ponerlas en prácticas y cambiar su comportamiento dictatorial. Guerra fue estadista por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y comparte en dicha obra lo que enfrentó después de la guerra civil.
Señor Presidente, lo cortés no quita lo valiente. No son conceptos incompatibles. Si sus palabras fueron interpretadas por la oposición como un llamado tácito al diálogo, ¿cuál es el problema?, ¿se avergüenza de algo tan noble como dialogar entre personas civilizadas? Hay cosas peores de las cuales avergonzarse. Necesitamos cambiar Nicaragua y ofrecer a los nicaragüenses un futuro de bienestar, prosperidad y modernidad. No reedite los turbios senderos del resentimiento y la hipocresía para impedir la libertad y el progreso. No se deje seducir por “la adulación cortesana”, como dice Guerra. “Nada bueno resulta de ella, pues cuando se instala la desconfianza las relaciones van envenenándose paulatinamente”.
En todo caso, señor Presidente, usted tiene que enfocarse hacia una tarea propia de país, como decía Guerra, e ir más allá de las ideologías. No cabe que gobierne sólo para sus militantes sandinistas o para sus aliados oportunistas que se pegan como sanguijuelas al poder. Recuerde que hay un 62 por ciento de Nicaragua que no votó pos usted, pero aceptó los resultados y lo reconoce como el Presidente de Nicaragua, nos guste o no. Desde 1990 nos hemos encauzado por el camino de la democracia y lo ideal sería que en el ocaso de su vida política fortalezca lo ganado: libertad y democracia.
El gobierno de González y Guerra pasó momentos difíciles en sus primeros años de transición, y lograron (por lo que he leído de su historia y por las conversaciones académicas que viví en Madrid) avanzar hacia una España moderna que “había vivido durante dos siglos en una situación de atraso respecto a los países del entorno”, rememora Guerra.
Señor Presidente, ¡cambie hombre! Haga lo que hizo Guerra. Nunca es tarde para aprender y sobrellevar la responsabilidad de gobernar. Guerra apenas asumió la Vicepresidencia de Gobierno, llamó a personas que “no podían ser consideradas cercanas a las posiciones socialistas”, según relata. Y era para que le ayudaran a sobrellevar la carga de gobernar, no para enjuiciar a ninguno por los actos del pasado. ¿Señor Presidente, alguno de ustedes cayó preso después de 1990 por los desaciertos entre 1979 y 1990?, ¿ninguno, verdad?
Nicaragua debe ser un país donde no se mande a matar periodistas, ni encarcelar a los adversarios políticos, pero tampoco se debe permitir a los funcionarios públicos se roben los bienes del Estado. Los políticos de la oposición, la empresa privada, en fin, todos, debemos poner nuestra parte.