Para Argentina puede ser tentador estirar un poco el cuello, mirar al horizonte, y avistar un duelo con Estados Unidos en las semifinales del torneo olímpico de basquetbol. Sería un gran error.
Los campeones olímpicos de Atenas 2004 tienen un difícil partido contra Grecia el miércoles en los cuartos de final, y de salir airosos, se enfrentarían en las semifinales con el ganador del duelo Estados Unidos-Australia. Por la forma aplastante en que viene jugando el conjunto norteamericano, no parece haber mucha duda sobre quién sobrevivirá a esa llave.
España jugará el mismo día contra Croacia y Lituania frente a China en las otras series de cuartos de final del basquetbol masculino.
“Estamos entre los ocho mejores, así que ya no quedan partidos fáciles”, advirtió el base argentino Pablo Prigioni, dando a entender que la albiceleste no se toma a los griegos a la ligera.
Y no deberían, ya que Grecia es el actual subcampeón mundial y derrotó a Estados Unidos en las semifinales del Mundial del 2006 en Japón. Luego perdió contra España en la final.
“No he visto mucho del equipo pero conozco a los jugadores”, comentó el escolta argentino Manu Ginóbili, la bujía indiscutida del plantel. “Somos los favoritos para ganar. Tenemos que hacer lo que sabemos hacer y debemos ganar”.
Esa confianza del astro de los Spurs de San Antonio nace de una actuación que ha ido de menos a más en el torneo olímpico. Argentina debutó con una derrota contra Lituania y luego ganó el resto de sus partidos de primera ronda, lo que le valió el segundo puesto de su grupo. Los helénicos terminaron la fase inicial con récord de 3-2, con sus reveses a manos de Estados Unidos y España.
“Grecia tiene un estilo muy parecido al nuestro. Tienen mucha puntería en los triples y buena ofensiva desde el perímetro”, afirmó el entrenador argentino Sergio Hernández.
El premio para Argentina si supera a Grecia no es para nada halagador. Australia luce con remotas posibilidades de sorprender a Estados Unidos, que destrozó a sus oponentes en la primera ronda, con una determinación que no se veía en el equipo norteamericano desde la época del Dream Team.