La paraguaya Leryn Franco no pudo reprimir las lágrimas al ver cómo la jabalina se negaba a llegar más allá de los 45.3 metros en las eliminatorias de los Juegos Olímpicos de Beijing-2008, en los que la atleta y modelo quería hacer un buen papel.
“Sólo puedo pedir perdón al pueblo paraguayo”, repetía Leryn, tratando de secarse las lágrimas y escondiendo sus ojos tras unas gafas azules de cristales morados, después de abandonar el césped del Estadio Nacional de la capital china, más conocido como el Nido de Pájaro.
En sus segundos Juegos Olímpicos, Franco, que posee el récord nacional de Paraguay con 55.38 metros, su mejor marca personal, sabía que lo tenía difícil, por lo que se preparó a conciencia en Italia con Domenico Dimolfeta, el entrenador de los lanzadores italianos.
Y todo parecía estar bien hasta que salió al césped del Nido de Pájaro. Su primera jabalina alcanzó los 45.34 metros, la segunda fue nula y la última no pasó de los 43.77 metros, trayendo la desolación a la bella paraguaya.
Franco no había sido capaz, después de tanto esfuerzo, de igualar al menos la marca que consiguió en los Juegos de Atenas de 2004, en que había alcanzado los 50.37 metros.
“No sé qué ha pasado, ha sido un mal día”, afirmó Franco, de 26 años, que en las últimas semanas también había estado entrenando con Thomas Zuddy, preparador de su compatriota Víctor Fatecha.
“Estaba bien con mi entrenador, estaba lanzando por encima de 50 metros en el calentamiento. Todo iba bien, incluso con los antiinflamatorios que tomé para la espalda. Todo estaba bien. No sé...”, añadió, la que ha sido considerada por algunos como la deportista más bella de los Juegos.