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Noticias >> Opinión
Pedrón Altamirano
Fabio Gadea Mantilla
El autor es director general de Radio Corporación
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Querida Nicaragua: más que las crónicas y los libros escritos sobre la materia, que son abundantes, variados y contradictorios, lo que realmente vale son las vivencias históricas. Un ejemplo claro sobre esto lo constituyen las diferentes versiones sobre la batalla de Ocotal en julio de 1927. Hay crónicas que afirman que los marines tuvieron 300 bajas, siendo la verdad que en Ocotal había en total 89 defensores de la plaza, entre guardias y marines de la intervención, y éstos tuvieron una sola baja, según relato del historiador don Arturo Mantilla Vallecillo, testigo de los hechos.

Igualmente cuando se habla de Pedrón Altamirano ningún cronista se detiene a revelar la personalidad de este criminal, vergüenza de la lucha antiintervencionista de Sandino. Éste era un aventurero analfabeto de origen hondureño, de rostro lombrosiano y capaz de las mayores crueldades. Fue el autor del famoso corte de chaleco que incluía cabeza, brazos, y en ocasiones los genitales. Según relatos que escuché en la infancia, cuando aparecían dos o tres cabezas ensartadas en los postes de los potreros, era señal de que Pedrón había pasado por ahí. Cuando capturaba a soldados del gobierno los mantenía amarrados a un árbol y antes de decirles que se fugaran les rebanaba a cuchillo las plantas de los pies.

Luego de estas observaciones quisiera decir que no existe ningún nombre menos apropiado que el de Pedrón Altamirano, para un centro de salud, un sitio donde se combate el sufrimiento humano.

Quienes no conocen la historia miran con indiferencia semejante desatino.

En 1930 Ocotal padecía las consecuencias de la guerra de Sandino.

Pedrón era un matarife, un asesino que gozaba matando. Hoy en día está elevado a la categoría de héroe, cuyo nombre se perenniza en alguna biblioteca, (¡Válgame Dios!), y en un centro de salud situado en el ala izquierda del Mercado Central, o Mercado Huembes.

Así como se le cambiaron nombres a mercados, hospitales y otros sitios durante los pasados gobiernos democráticos, debería habérsele cambiado el nombre a ese centro de salud, pues es una ofensa a la dignidad humana, un irrespeto al dolor de las gentes, una bofetada a la labor de médicos y enfermeras que se dedican a salvar vidas, que ese centro de salud, o cualquier otro, lleve el nombre de un carnicero, asesino y torturador como Pedrón Altamirano.

Tenemos suficientes héroes cívicos, médicos filántropos, hombres de bien, poetas que son orgullo para nuestro país, hay verdaderos promotores de la salud que murieron entregando su vida al servicio de sus semejantes.

Un centro de salud debe llevar el nombre de un médico que se haya distinguido por su humanismo y generosidad, de una enfermera abnegada y si no se quiere honrar a nadie pues que se le ponga cualquier nombre que exalte los valores nacionales o universales: Centro de Salud Nicaragua, o Centro de Salud San Juan de Dios para honrar la memoria de un Santo que entregó su vida atendiendo a los enfermos. Por último, si no quieren poner ningún nombre de persona que le pongan sencillamente Centro de Salud Mercado Central. Eso, sería mucho más digno que la insensatez de ponerle el nombre del carnicero creador del corte de chaleco. No hay que confundir a las nuevas generaciones. La historia no debe ser tergiversada. Esa confusión de valores, por ignorancia o fanatismo, nos hace ver a los villanos como héroes. Siento pena por todos los mártires segovianos que fueron víctimas de Pedrón Altamirano.

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