Fiel a su mala costumbre de atacar y ofender a quienes no están de acuerdo con él y critican su gestión gubernamental, pero asumiendo el falso papel de víctima, el presidente Daniel Ortega, en un discurso que pronunció el viernes pasado en el departamento de Jinotega, después de proferir su habitual sarta de insultos contra sus opositores y críticos los exhortó "a que hagan propuestas concretas por la bienandanza de Nicaragua, en vez de estar criticándolo por la forma como gobierna el país", según informó LA PRENSA el domingo recién pasado.
Por su talante autoritario, Daniel Ortega no acepta que lo critiquen. No entiende que en la democracia, la oposición política y la crítica de una prensa libre es indispensable para que haya control ciudadano sobre el poder y funcione mejor la Administración pública.
Pero, además, es mentira que la oposición y sus críticos en general no le hayan hecho propuestas concretas para que gobierne mejor, para que no cometiera los errores y abusos que ha venido cometiendo en los apenas veinte meses y ocho días que tiene de estar ejerciendo nuevamente la Presidencia de Nicaragua.
La verdad es que la oposición sí le ha hecho propuestas concretas, buenas y viables al presidente Ortega, tanto desde la Asamblea Nacional como extramuros parlamentarios. También el sector privado, la sociedad civil, la Iglesia católica y las iglesias evangélicas, los medios de comunicación independientes y los creadores democráticos de opinión, le han hecho infinidad de propuestas de todo tipo, las cuales, si hubieran sido tomadas en cuenta tendrían al país en una buena situación, o al menos no tan crítica, mas nunca en la desgracia en que está ahora por culpa del sectarismo, el autoritarismo, la corrupción y la falta de control ciudadano sobre el gobierno de Ortega.
Hasta un diálogo nacional le han propuesto al presidente Ortega, los representantes de la Iglesia católica y las iglesias evangélicas, de la sociedad civil, de la empresa privada y los partidos de oposición, con el interés de discutir libremente y consensuar democráticamente, las políticas económicas y sociales que requiere el país para enfrentar la crisis y salir de ella. Pero Ortega ha puesto oídos sordos a todas las propuestas bien intencionadas que se le han hecho, y más bien se ha dedicado a descalificar y a insultar a todo mundo, y no sólo a los nicaragüenses que lo critican sino también a los diplomáticos extranjeros que opinan con legítima preocupación sobre la deplorable situación del país.
A título de ejemplo podemos mencionar algunas de las innumerables propuestas para el buen gobierno que se le han hecho al presidente Ortega: que no siga ahuyentando con sus palabras y sus acciones la inversión nacional y extranjera; que deje de atacar y amenazar a sus críticos nacionales y de insultar a los representantes de la comunidad democrática internacional; que no continúe respaldando a organizaciones terroristas internacionales ni comprometa a Nicaragua en aventuras externas; que no use el Poder Judicial como instrumento de represión contra adversarios políticos y periodistas independientes; que restituya en sus puestos de trabajo a los miles de funcionarios y empleados públicos despedidos por sectarismo político; que no siga imponiendo los CPC como camisa de fuerza partidista y estatal a la ciudadanía; que devuelva la personalidad jurídica del MRS y el Partido Conservador y permita que funcione el pluralismo político y la democracia multipartidista; que ordene a Roberto Rivas y demás magistrados orteguistas en el Consejo Supremo Electoral, que respeten la transparencia electoral, permitan la observación nacional y extranjera de las elecciones municipales, y se comprometan a no manipular los votos para favorecer al Frente Sandinista; que apruebe un salario mínimo beneficioso para los trabajadores, pero razonable de acuerdo con las posibilidades reales de la economía nacional y la necesidad de contener la inflación, tal como se lo han propuesto la empresa privada y lo ha sugerido hasta el presidente del Banco Central de Nicaragua; etc., etc.
Por supuesto que no creemos que Daniel Ortega sea sincero al pedir a la oposición y a sus críticos en general que le hagan propuestas concretas para la bienandanza del país. Y es lamentable que no sea sincero, pues todavía está a tiempo de oír y entender las propuestas de sus opositores y sus críticos, y de rectificar el rumbo hacia el desastre total y totalitario que es adonde está conduciendo al país.