POSTVILLE, Iowa.- Una sensación de desasosiego domina este pueblo del noreste de Iowa, cuyas colinas muestran un vivaz contraste de graneros rojos, casas de madera blancas y plantaciones de maíz aradas de forma casi arquitectónica.
Esa inquietud era palpable en el centro de Postville, tres cuadras que incluyen restaurantes que sirven tamales, la tienda de ropa El Vaquero, un mercado de comida kosher y una licorería.
Irma Rucal se sentía nerviosa el lunes siguiente al Día de la Madre, cuando esta inmigrante guatemalteca trabajaba su turno normal en Agriprocessors, la empacadora de carne kosher más grande del mundo y la principal fuente de empleos de Postville.
Poco después de las 10 de la mañana, alguien gritó: " La Migra! Sálvese quien pueda!".
El grueso de los 900 trabajadores, en su mayoría mexicanos y guatemaltecos, salió corriendo, escapándole a los agentes de inmigración en lo que fue la redada más grande jamás hecha en un sitio de trabajo en busca de indocumentados.
Afuera de la planta, el alcalde de Postville, Robert Penrod, a quien se informó de la operación poco antes de que se pusiese en marcha, observaba atónito la llegada de helicópteros, autobuses, camionetas y personal del servicio de inmigración.
"Dios mío, tenemos un problema serio", pensó Pernod, maldiciendo para sus adentros.
IGLESIA SE LLENÓ
A pocas cuadras, la iglesia católica Santa Brígida se llenó de esposas e hijos de trabajadores detenidos, todos presas del pánico. Se instalaron en los bancos de madera y rezaron frente a un altar decorado con la Virgen de Guadalupe, santa patrona de México.
Desde hace años, si no décadas, estas familias mexicanas y guatemaltecas se sienten como en casa en Postville, un pueblo que recibió a luteranos alemanes y noruegos, así como católicos irlandeses hace más de 150 años y en tiempos recientes se llenó de hispanos que forman familias, compran casas y abren negocios.
Igual que los judíos jasídicos que vinieron en 1987 y abrieron la empacadora, y los europeos occidentales que empleó inicialmente esa planta, los guatemaltecos y mexicanos fueron ganando presencia hasta que se llegó a un nuevo equilibrio cultural.
Con el tiempo, pasaron a ser parte integral del pueblo. Pero ahora se los veía escondiéndose o siendo esposados por agentes de inmigración.
SE ALTERARON NUMEROSAS VIDAS
Fue como si un tornado hubiese cruzado el pueblo, devorándose las viviendas. Un verdadero desastre. Obra del hombre, pero desastre al fin. Tres meses después de la redada, esa es la visión que tiene la gente de lo sucedido el 12 de mayo.
Se alteraron numerosas vidas. Mucha gente perdió su empleo y su vivienda. Los chicos se separaron de sus padres. Hay comercios a punto de quebrar.
La comunidad se unió para ayudar a las víctimas.
En los días que siguieron a la redada, abundaron las donaciones de alimentos, ropa y dinero enviados a Santa Brígida, que pasó a ser santuario para casi 400 inmigrantes, y a la despensa del pueblo.
Aparecieron moños rojos, que simbolizaban el apoyo a los detenidos. Un cartel colocado en una vivienda próxima a Agriprocessors dice: "Los inmigrantes son bienvenidos".
"Hay mucha gente que necesita ayuda. No podemos tirarlos a la calle", expresó el alcalde. "Son nuestra familia. Se establecieron aquí, trabajaban aquí, criaban sus familias aquí".
Como todo desastre, provocó reacciones encontradas: malestar con las acciones del gobierno nacional, estupor por las denuncias de que se abusaba de los trabajadores de la planta y, por sobre todo, preocupación.
Todo el pueblo parece abrumado por la tensión y la incertidumbre.
2,300 DETENIDOS
El dueño de un almacén mexicano pegado al restaurante Sabor Latino, Juan Figueroa, consideró la posibilidad de cerrar el local.
En el bar Club 51, trabajadores de la planta beben cerveza y se preocupan por el impacto que tendrá la redada.
Postville perdió casi una cuarta parte de su población de 2.300 habitantes, incluidos 389 empleados de Agriprocessors que fueron arrestados y decenas de personas que huyeron o están escondidas.
Unos 60 empleados, en su mayoría mujeres con hijos pequeños, fueron liberadas por razones humanitarias pero tienen procesos pendientes. Buena parte de ellas tienen aparatos electrónicos negros de vigilancia, que les impiden trabajar o salir del pueblo.
Casi no se ve mexicanos ni guatemaltecos en las calles.
Sí se ven recién llegados atraídos por las nuevas posibilidades de empleo en Agriprocessors, incluidos muchos somalíes.
"Este pueblo cambia constantemente. Recibía gente nueva con los brazos abiertos, pero ahora la gente está angustiada", dijo la hermana Mary McCauley, de Santa Brígida. "Se preguntan qué va a pasar con este pueblo, si tenemos la suficiente fuerza como para adaptarse otra vez a circunstancias nuevas".
Como consecuencia de distintas olas migratorias, Postville en algún momento tuvo gente de 24 nacionalidades, que hablaba 17 idiomas.
MEZCLA DE CULTURAS
Semejante mezcla de culturas puede ser moneda corriente en una ciudad grande, pero es notable en un pueblo rural de cinco kilómetros cuadrados (dos millas cuadradas).
Los judíos jasídicos, con sus tradicionales kipá, sombrereros de ala ancha y pantalones negros caminan junto a mujeres guatemaltecas que transportan sus hijos envueltos en las telas de colores brillantes típicas de su país.
En la municipalidad, los anuncios se publican en español, inglés y hebreo. La licorería, que alguna vez vendió 23 marcas de vodka, está llena de cervezas mexicanas y guatemaltecas.
Santa Brígida tiene misas en español los sábados y todos sus folletines y oraciones son publicados en inglés y español. El Mercado Comunitario Kosher se encuentra pegado al restaurante Rinconcito Guatemalteco, donde se puede comer tamales e hilachos.
Muchos temen que la redada haya puesto en peligro el equilibrio cultural del pueblo.
"Se llevaron muchos trabajadores buenos, muchas familias buenas", expresó Kim Deering, de 48 años, propietaria del negocio de flores y objetos decorativos "Wishing Well". "La comunidad está tensa. No sabe si la gente nueva se quedará, si será una cultura que encaja en nuestra comunidad. Estamos adoloridos, asustados".