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Lazos rojos cuelgan en todo Postville, simbolizando el apoyo de los locales a los trabajadores detenidos por la Migra estadounidense. (LA PRENSA/AP)
Postville, un pueblo abrumado por las redadas migratorias
Helicópteros, autobuses, camionetas y personal del servicio de inmigración apresaron a la cuarta parte de sus habitantes
La mayoría eran mexicanos y guatemaltecos que vislumbraban un mejor futuro en una ciudad que los recibió con los brazos abiertos
Monica Rhor
AP
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Mujeres son símbolo de las redadas

Son guatemaltecas y mexicanas que trabajaban de 12 a 14 horas diarias en Agriprocessors, a menudo con botas y agua que les llegaba a las rodillas, sus manos acalambradas e hinchadas de tanto salar pollos o transferir la carne a bandejas. Ganaban entre 6,25 y 7,25 dólares la hora. Tenían 20 minutos para comer y con frecuencia no cobraban por las horas extras.

Pero estas mujeres, que hoy tienen los rostros surcados por la angustia, dicen que eran felices.

Felices de ganar lo suficiente como para mantener a sus familias. De estar en un lugar donde sus hijos tienen un futuro. De labrarse una existencia en un pueblo tranquilo, lejos de la violencia y las privaciones de sus lugares de origen.

El 12 de mayo cambió todo eso.

Ahora hay unas 20 ó 25 mujeres que portan brazaletes electrónicos de vigilancia que les penetran los tobillos y dejan moretones, si no cortes.

Viven de las donaciones que llegan a Santa Brígida y al almacén del pueblo.

Y sufren por lo que les espera a sus hijos, los que nacieron aquí y los que dejaron en Guatemala y México.

"Estoy muy nerviosa. No sé qué va a pasar. No sé si tengo fuerzas para seguir luchando", expresó Silvia, de 39 años, y quien no quiso dar su apellido por temor. "Ojalá pudiese hablar con el juez, por el bien de mis hijos, y pedirle que me dé un poco más de tiempo aquí así mis hijos pueden seguir estudiando y yo puedo seguir trabajando".

"Una viene aquí con tantos planes e ilusiones de que sus hijos tendrán una vida mejor que la que tuvo una", declaró Isabel Amparo Morales, de 36 años y quien dejó a sus cuatro hijos en Guatemala cuando vino a Postville hace dos años.

Habla semanalmente con ellos. Uno le dice que quiere ser arquitecto. Otra hija quiere ser médica o maestra.

"Me alegra oírlos. Veo que podrían tener un futuro", dijo Morales. "Me duele el alma cuando pienso que tal vez no me sea posible darles lo que desean, que puedo fallarles".

Estas mujeres no entienden por qué las autoridades las acusan de robo de identidad. Aseguran que no sabían que los documentos que compraban eran información robada.

"Quisiera que la gente se pusiese en nuestro lugar por un momento. ¿Qué harían si fuesen pobres y pasasen por grandes necesidades? ¿No se arriesgarían a venir aquí?", preguntó María Ruiz, cuyo hijo de 5 años nació en este país. "Ojalá los corazones de piedra, de hielo de la gente del servicio de inmigración se transformasen en corazones buenos. Vinimos a trabajar, sin hacerle daño a nadie".

El servicio de inmigración dice que todas las personas detenidas en la redada violaron las leyes de inmigración e incurrieron en robo de identidad.

"Son delitos graves. No tenemos por qué disculparnos por hacer cumplir las leyes", sostuvo el portavoz del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas Tim Counts.

Las denuncias de condiciones laborales inseguras que surgieron después de la redada no hicieron sino aumentar la solidaridad hacia los trabajadores presos y sus familias.

El departamento del trabajo de Iowa dijo que comprobó 57 casos en que se violaron las leyes que rigen el empleo de menores. La planta también tiene varias denuncias de condiciones laborales inseguras.

Agriprocessors niega haber contratado indocumentados a sabiendas.

La planta está operando al 50% de su capacidad como consecuencia de la partida de los hispanos, por más que haya emprendido una intensa campaña en busca de reemplazantes.

Ya hay algunos indicios de renovación, incluida la llegada de unos 150 somalíes empleados por la planta. Por la noche se los ve caminando por el centro con ropas sueltas.

"Me dijeron que había trabajo aquí y me vine", dijo Hassan Aar, quien dejó a su esposa y tres hijos en Minneapolis. "Si las cosas salen bien, los traigo".

POSTVILLE, Iowa.- Una sensación de desasosiego domina este pueblo del noreste de Iowa, cuyas colinas muestran un vivaz contraste de graneros rojos, casas de madera blancas y plantaciones de maíz aradas de forma casi arquitectónica.

Esa inquietud era palpable en el centro de Postville, tres cuadras que incluyen restaurantes que sirven tamales, la tienda de ropa El Vaquero, un mercado de comida kosher y una licorería.

Irma Rucal se sentía nerviosa el lunes siguiente al Día de la Madre, cuando esta inmigrante guatemalteca trabajaba su turno normal en Agriprocessors, la empacadora de carne kosher más grande del mundo y la principal fuente de empleos de Postville.

Poco después de las 10 de la mañana, alguien gritó: " La Migra! Sálvese quien pueda!".

El grueso de los 900 trabajadores, en su mayoría mexicanos y guatemaltecos, salió corriendo, escapándole a los agentes de inmigración en lo que fue la redada más grande jamás hecha en un sitio de trabajo en busca de indocumentados.

Afuera de la planta, el alcalde de Postville, Robert Penrod, a quien se informó de la operación poco antes de que se pusiese en marcha, observaba atónito la llegada de helicópteros, autobuses, camionetas y personal del servicio de inmigración.

"Dios mío, tenemos un problema serio", pensó Pernod, maldiciendo para sus adentros.

IGLESIA SE LLENÓ

A pocas cuadras, la iglesia católica Santa Brígida se llenó de esposas e hijos de trabajadores detenidos, todos presas del pánico. Se instalaron en los bancos de madera y rezaron frente a un altar decorado con la Virgen de Guadalupe, santa patrona de México.

Desde hace años, si no décadas, estas familias mexicanas y guatemaltecas se sienten como en casa en Postville, un pueblo que recibió a luteranos alemanes y noruegos, así como católicos irlandeses hace más de 150 años y en tiempos recientes se llenó de hispanos que forman familias, compran casas y abren negocios.

Igual que los judíos jasídicos que vinieron en 1987 y abrieron la empacadora, y los europeos occidentales que empleó inicialmente esa planta, los guatemaltecos y mexicanos fueron ganando presencia hasta que se llegó a un nuevo equilibrio cultural.

Con el tiempo, pasaron a ser parte integral del pueblo. Pero ahora se los veía escondiéndose o siendo esposados por agentes de inmigración.

SE ALTERARON NUMEROSAS VIDAS

Fue como si un tornado hubiese cruzado el pueblo, devorándose las viviendas. Un verdadero desastre. Obra del hombre, pero desastre al fin. Tres meses después de la redada, esa es la visión que tiene la gente de lo sucedido el 12 de mayo.

Se alteraron numerosas vidas. Mucha gente perdió su empleo y su vivienda. Los chicos se separaron de sus padres. Hay comercios a punto de quebrar.

La comunidad se unió para ayudar a las víctimas.

En los días que siguieron a la redada, abundaron las donaciones de alimentos, ropa y dinero enviados a Santa Brígida, que pasó a ser santuario para casi 400 inmigrantes, y a la despensa del pueblo.

Aparecieron moños rojos, que simbolizaban el apoyo a los detenidos. Un cartel colocado en una vivienda próxima a Agriprocessors dice: "Los inmigrantes son bienvenidos".

"Hay mucha gente que necesita ayuda. No podemos tirarlos a la calle", expresó el alcalde. "Son nuestra familia. Se establecieron aquí, trabajaban aquí, criaban sus familias aquí".

Como todo desastre, provocó reacciones encontradas: malestar con las acciones del gobierno nacional, estupor por las denuncias de que se abusaba de los trabajadores de la planta y, por sobre todo, preocupación.

Todo el pueblo parece abrumado por la tensión y la incertidumbre.

2,300 DETENIDOS

El dueño de un almacén mexicano pegado al restaurante Sabor Latino, Juan Figueroa, consideró la posibilidad de cerrar el local.

En el bar Club 51, trabajadores de la planta beben cerveza y se preocupan por el impacto que tendrá la redada.

Postville perdió casi una cuarta parte de su población de 2.300 habitantes, incluidos 389 empleados de Agriprocessors que fueron arrestados y decenas de personas que huyeron o están escondidas.

Unos 60 empleados, en su mayoría mujeres con hijos pequeños, fueron liberadas por razones humanitarias pero tienen procesos pendientes. Buena parte de ellas tienen aparatos electrónicos negros de vigilancia, que les impiden trabajar o salir del pueblo.

Casi no se ve mexicanos ni guatemaltecos en las calles.

Sí se ven recién llegados atraídos por las nuevas posibilidades de empleo en Agriprocessors, incluidos muchos somalíes.

"Este pueblo cambia constantemente. Recibía gente nueva con los brazos abiertos, pero ahora la gente está angustiada", dijo la hermana Mary McCauley, de Santa Brígida. "Se preguntan qué va a pasar con este pueblo, si tenemos la suficiente fuerza como para adaptarse otra vez a circunstancias nuevas".

Como consecuencia de distintas olas migratorias, Postville en algún momento tuvo gente de 24 nacionalidades, que hablaba 17 idiomas.

MEZCLA DE CULTURAS

Semejante mezcla de culturas puede ser moneda corriente en una ciudad grande, pero es notable en un pueblo rural de cinco kilómetros cuadrados (dos millas cuadradas).

Los judíos jasídicos, con sus tradicionales kipá, sombrereros de ala ancha y pantalones negros caminan junto a mujeres guatemaltecas que transportan sus hijos envueltos en las telas de colores brillantes típicas de su país.

En la municipalidad, los anuncios se publican en español, inglés y hebreo. La licorería, que alguna vez vendió 23 marcas de vodka, está llena de cervezas mexicanas y guatemaltecas.

Santa Brígida tiene misas en español los sábados y todos sus folletines y oraciones son publicados en inglés y español. El Mercado Comunitario Kosher se encuentra pegado al restaurante Rinconcito Guatemalteco, donde se puede comer tamales e hilachos.

Muchos temen que la redada haya puesto en peligro el equilibrio cultural del pueblo.

"Se llevaron muchos trabajadores buenos, muchas familias buenas", expresó Kim Deering, de 48 años, propietaria del negocio de flores y objetos decorativos "Wishing Well". "La comunidad está tensa. No sabe si la gente nueva se quedará, si será una cultura que encaja en nuestra comunidad. Estamos adoloridos, asustados".

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