Relaciones difíciles
La calidad de vida no depende sólo de cosas materiales, ya que hay otros factores que inciden en nuestro bienestar emocional. Uno de ellos es cómo nos va en las relaciones personales y cómo nos desenvolvemos ante esas personas que, por alguna razón, no soportamos.
Cada uno es como es, sin duda, y hemos aprendido, mal que bien, a llevarnos al menos medianamente con la gente con que congeniamos poco, pero que, a nuestro pesar, vemos con cierta frecuencia. Pero, ¿qué podemos hacer cuando la incompatibilidad es manifiesta?
No podemos omitir la existencia de una gama de antivalores como la vanidad, soberbia, egocentrismo, autoritarismo, egoísmo. ¿Qué hacer con los mismos y qué comportamiento debemos tener ante ellos?
Todos debemos esforzarnos en que nuestra relación con los demás discurra por unos cauces, si no afables, al menos correctos. Resulta más apropiado aprender a situarnos en una posición defensiva y lúcida desde la cual no suframos ese malestar y donde el miedo no anule en nosotros la capacidad de generar esa respuesta racional y ponderada que ansiamos dar al problema.
Ya cuando la situación se torna insostenible, posiblemente el motivo por el que no “cortar por lo sano” la relación, es sencillamente porque no podemos o no nos conviene. Un jefe o la compañera de enfrente en el trabajo, una profesora o un colega de estudios al que los demás aprecian...
¿Cómo vivir con una mínima armonía con esa persona? Ignorar el problema y mirar a otro lado es como pensar que, como no las vemos, las cosas no están ocurriendo. La realidad existe y, si es problemática y atenta contra nuestro bienestar emocional, hay que mirarla de frente.
Podemos también abordar la situación de tal manera que consigamos no sentirnos mal y que no se nos agolpen tantos sentimientos. Si no hay nada que hacer habrá que romper con la relación. No obstante, recuerde que siempre hay alguien que nos puede entender y estará dispuesto a escucharnos y ayudarnos.