Hace poco tiempo alguien me recorda-ba esta triste frase que fue repetida por personeros del FSLN en la década perdida y que efectivamente materializaron en muchos aspectos pues que convirtieron a Nicaragua en un país tan pobre como Haití. Y ahora nuevamente en el poder, en vez de pregonar: vamos a redistribuir la riqueza, insisten con saña en eliminar el poco progreso económico obtenido de 1990 al 10 de enero de 1997. Hagamos una breve reseña de los elementos manipulados anteriormente y los que manejan en la actualidad:
Las confiscaciones indiscriminadas que convirtieron empresas exitosas agropecuarias en empresas deficitarias. La más grande inflación del continente y la “exitosa” Operación Berta; salarios de hambre; la instauración de la cultura del no pago; las condonaciones de los adeudos al Banco Nacional; la cancelación del programa de crédito rural, dejando desvalidos a los pequeños y medianos productores que habían mejorado sus ingresos y capitales y que a 4,280 de estos productores el Banco Nacional los promovió a usar el crédito bancario; la instauración de casi cuatro mil pseudo cooperativas que eran más bien bastiones sandinistas y que llegaron a decir que existían 50 mil cooperativistas cada uno con su AK y dinero que recibían del banco lo derrochaban y no cancelaban los créditos; a las cooperativas de panaderos les controlaban la provisión de insumos amenazándolos con quitarles sus cuotas de harina si no proveían la lista de los jóvenes aptos para el servicio militar; eliminación de cooperativas verdaderas que el Banco Nacional había promovido y orientaciones a Digecoop de no crear cooperativas de ahorro y crédito porque se volverían burguesas y tampoco cooperativas de consumo, porque para eso estaban los comisariatos. Como resultado de las políticas de “empobrecimiento” las exportaciones anuales que andaban en mil millones de dólares se bajaron a 250 millones. Después del 10 de enero del 2007, sin decirlo abiertamente siguen con la “redistribución de la pobreza” pero sí, ahora hay verdaderos ricos sandinistas con empresas multimillonarias, pero que no comparten sus utilidades con el pueblo ni con sus propios empleados. Los estribillos “Hambre Cero”, etc. no son más que frases populistas y demagógicas como lo de “arriba los pobres del mundo” y ahora existe más pobreza que hace dos años; no han creado un Banco de Fomento para favorecer a los pequeños y medianos productores con tratamientos especiales y más bien han convertido a una cooperativa sandinista como es Caruna, en el ente de manejar los fondos Alba para un clientelismo político y al mismo tiempo inducen al pueblo a no pagar lo que le deban a las microfinancieras, alegando intereses de usura, y a la gente que ama siempre “la cultura de no pago”, están encantadas con las perspectivas, pero esta misma gente, precisamente por la cancelación del programa de crédito rural y desbarajuste del Banco Nacional han caído en las manos de las financieras a sabiendas de los altos intereses. Creo firmemente que independiente del manejo del crédito por las microfinancieras, los deudores deben pagar los adeudos y si han desviado la prenda agraria se convierten en violadores legales. A los pobres no se les debe incitar a no pagar, sino que deben estructurarse políticas crediticias en instituciones estatales que no tengan consignas populistas, sino que se les brinde asistencia técnica, supervisión y promoción constante que los saque efectivamente de la pobreza para el mejoramiento de sus entornos familiares y de la nación.