Los obispos católicos de Nicaragua dieron a conocer el recién pasado fin de semana la Carta Pastoral que emiten todos los años a mediados de agosto, con motivo de la festividad de la Asunción de María, que es una celebración religiosa de gran arraigo nacional. En esta ocasión, la Carta Pastoral fue titulada “Exhortación de los obispos de Nicaragua ante las actuales circunstancias del país y las elecciones municipales del 2008”, puesto que con su profética sabiduría los prelados reconocen la excepcional importancia de los comicios locales que van a realizarse en el próximo mes de noviembre.
Los obispos, con ejemplar sentido del equilibrio, reconocen primero los logros o los esfuerzos que hace el Gobierno para atender y resolver algunos problemas sociales. Aunque escasos esos logros y esfuerzos, y sesgados por el sectarismo político, los obispos los reconocen porque ellos son fieles al precepto evangélico de que hay que dar al César lo que realmente le corresponde. Sin embargo, lo más importante de esta Pastoral no es lo que los obispos le reconocen al César, sino lo que le dan a Dios, es decir al pueblo, al que con mucha preocupación ven envuelto “en un ambiente que puede convertirse en “tiniebla y sombra de muerte” (Lc.1.79) el cual impacta a los nicaragüenses, de modo que su entorno le resulta “opaco y complejo” (Cfr.A.36).
Con su palabra iluminadora los obispos se pronuncian sobre los problemas fundamentales que están afectando actualmente a la población nicaragüense, desde el incontenible aumento de la pobreza hasta “la regresión de formas superadas de autoritarismo”. Y a este respecto advierten que: “No se pueden ver como acciones desestabilizadoras todas las opiniones de desacuerdo que brotan en los diversos sectores, ni se puede estar insultando y recriminando constantemente a quien no está alineado al pensamiento del grupo gobernante. La libertad de opinión es un derecho fundamental del ser humano y manifiesta la salud de la sociedad democrática, contribuyendo a la transparencia y buen hacer de los gobernantes e instituciones”.
Quien tenga oídos, que oiga. En realidad, la Carta Pastoral de los obispos de Nicaragua aborda múltiples problemas fundamentales, entre los cuales no podríamos pasar por alto la exhortación que hacen a los medios de comunicación para que sean “fieles a la verdad, objetividad y al profesionalismo, para no promover el error en el voto del pueblo y la frustración cuando ya no se puede corregir la decisión. En efecto —agregan los obispos—, si la información conceptual que se emite no corresponde a la verdad o se manipula, se es cómplice de una decisión desacertada. Cuando los medios de comunicación manejan la verdad, el profesionalismo y la objetividad se convierten en la conciencia de la Nación, lo cual implica fidelidad y perseverancia a pesar de posibles determinaciones que atenten contra la libertad de expresión”, dicen los obispos en su Carta Pastoral. Y concluyen diciendo que: “Desde ahí se crea confianza para que la ciudadanía no se desanime en continuar velando por un ambiente auténticamente democrático desde unas elecciones correctas”.
Ciertamente, la abstención en las próximas elecciones y la mala orientación a los ciudadanos para inducirlos a tomar una decisión incorrecta, podría ser fatal para la democracia y la libertad que con tantos sacrificios se han podido conquistar en Nicaragua y sobre las cuales se cierne otra vez la amenaza de “tiniebla y sombra de muerte”, tal como alertan los obispos. Quien tenga ojos que vea.
A los obispos y otros líderes religiosos, hay quienes los reprochan porque opinan acerca de asuntos políticos, sobre todo cuando sus opiniones no los favorecen. Esas personas quieren que los obispos se limiten a oficiar misas y rezar el Rosario entre las paredes de los templos. Pero los obispos, a pesar de que de vez en cuando alguno de ellos cae en el pecado de ponerse al servicio de gobernantes o caudillos, o más bien por eso mismo, tienen la autoridad, el derecho y la obligación moral de orientar al pueblo católico y a toda la sociedad sobre el camino a seguir en cada momento crucial de la historia. Y en este sentido tal vez sea necesario recordar que los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, democracia y dignidad humana, no han sido fruto de las revoluciones americana, francesa y de ninguna otra parte del mundo, sino que son principios y valores que nacieron con el cristianismo.