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Dolor cubano
Anne M. Peterson
Beijing/Ap
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El amor por su país adoptivo y la voluntad de ganar han ayudado a Taismary Agüero a soportar su pena en Beijing.

La talentosa lateral de la selección italiana de voleibol está jugando en su tercera olimpiada y ha contribuido a que Italia esté en segundo lugar del escalafón mundial.

Pero su viaje a Beijing ha sido marcado por la tristeza luego que intentara desesperadamente volver a Cuba, su país natal, para visitar a su madre agonizante.

No llegó a tiempo, por lo que decidió jugar por su nuevo país, su nuevo equipo y su nueva vida.

Agüero, de 31 años, desertó de Cuba en 2001 mientras la selección de voleibol realizaba una gira por Suiza y pidió asilo político en Italia, donde jugaba y tenía muchos amigos.

Agüero comenzó a jugar voleibol en Cuba a los 8 años y en la década de 1990 llegó a la selección nacional. Integró el equipo cubano que ganó las medallas de oro olímpicas en 1996 y 2000 y los títulos mundiales de 1995 y 1999.

Agüero pudo jugar en Italia después que la federación internacional le aprobó una transferencia, a pesar de las objeciones de Cuba. Sin embargo, no podía jugar por la selección italiana sin tener nacionalidad. En 2006 se casó con el italiano Allesio Botteghi, un fisioterapeuta que trabaja con equipos de voleibol, lo que le abrió el camino a la ciudadanía.

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