¿phelps, el más grande?
Thomas Lyford-PikePekín/Afp
Niño hiperactivo

Revoltoso e hiperactivo en su niñez, Michael Phelps se transformó en una de las leyendas del deporte con ocho medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín, construyendo su vida de nadador a base de esfuerzo, voluntad y ante todo un talento natural excepcional.
Cuando era niño no podía estar quieto. Ahora que es campeón, en cambio, demuestra una serenidad impresionante para sus 23 años. Entre estas dos épocas, el de Baltimore encontró en el agua su elemento. Con apenas 11 años, conoció en las piscinas de Maryland a un visionario, Bob Bowman, que creyó ver un gran potencial en este preadolescente. Debbie y Fred, los padres del futuro fenómeno, estuvieron encantados de confiarle al revoltoso Michael, convencidos de que los duros entrenamientos de la disciplina lo calmarían. En realidad, Bowman había encontrado una mina de oro. En cuatro años formó a este joven más bien patoso de cuerpo longilíneo, con brazos y piernas interminables y orejas despegadas.

A pesar de las ocho medallas de oro, surgen ya los cuestionamientos

La piscina de “El Cubo de Agua” cerró la competición de natación de los Juegos Olímpicos de Pekín-2008 y entonces se empezaron a oír comentarios sobre si Michael Phelps, que ganó ocho oros, es el más grande de todos los tiempos en este deporte o no.

Si nos referimos a los números, entonces no cabe duda: ocho medallas de oro en unos Juegos, 14 entre Atenas-2004 y Pekín-2008 que lo dejan al frente entre los máximos ganadores, 16 en total (con dos de bronce), el máximo jamás logrado en natación.

Nadie pone en tela de juicio que sea el mejor nadador de la actualidad, “creo que no cabe duda después de los últimos nueve días, quiero decir, ocho finales, ocho medallas, siete récords del mundo, la variedad de estilos, lo hizo todo y bajo una presión extrema”, dijo Lisa Dillman, periodista especializada del Los Ángeles Times.

Mark Spitz, cuya marca de siete medallas en unos Juegos sobrevivió 36 años desde Múnich-1972, dijo a la cadena NBC de Estados Unidos el sábado que lo de Phelps fue “épico”.

“Me preguntaba qué iba a decir cuando me quitaran el récord de medallas, y por supuesto, desde hace un tiempo pensé que serías tú (Phelps)”, añadió.

Pero en cuanto al lugar de Phelps en la historia, el periodista Patrick Whiteley sostiene en una columna de la edición dominical del China Daily en Pekín que “no se puede responder esa pregunta” solamente basado en medallas.

“En los Juegos de Melbourne en 1956 se entregaron sólo 13 medallas en natación, comparadas con las 34 de Pekín”.

La nadadora holandesa Inge de Bruijn, por sí sola un trozo de leyenda con cuatro medallas de oro en dos Juegos (Sydney-2000 y Atenas-2004), no está de acuerdo.

“Sí, es el mejor de la historia, es uno en un millón, son pocas las oportunidades en muchos, muchos años que aparecen grandes peces y Michael es uno de ellos”, dijo a la AFP.

“Tiene todo para ser el nadador perfecto, él es el nadador perfecto”, afirmó quien ahora es comentarista de televisión. “Nunca en mi vida vi un nadador así”.

Dillman cree por su parte “que es un deporte tan distinto al de hace 36 años, es muy difícil comparar”.

Comparable o no, lo cierto es que si cabe alguna duda sobre la evolución de la natación basta con ver una imagen de Spitz en 1972: de bigote y cortos. Nada que ver con la de Phelps en 2008: todo rasurado y dentro de un traje Speedo LZR.

Y otra pregunta que queda pendiente es si Phelps podrá ser igualado o superado algún día.

El nadador Grant Hackett, que falló en su propia búsqueda de inmortalidad en los 1,500 metros libre del domingo cuando no pudo obtener un tercer triunfo consecutivo, no cree que “pueda ser emulado o superado en esta época donde el deporte es tan competitivo”.

“Creo que será único”, dijo Dillman, “y además no ha terminado, tiene 23 años, lo podremos ver en Londres-2012 y en la siguiente”. En cuanto a los ocho oros, “yo me arriesgaré y diré que nunca veremos esto otra vez”, dijo Dillman.

Ello pese a que minutos antes había recibido un correo electrónico de un amigo, autor de un recientemente publicado libro sobre Spitz, en el cual le decía: “En 1972 en Múnich el anunciador dijo ‘no creo que podamos ver esto otra vez’”.

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