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Mario j. Sacasa ()
Cuba 2008: sucesión sin asomo de transición
Mario J. Sacasa
El autor es senior vicepresidente de The Beacon Council
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El 24 de este mes de agosto cumplirá 180 días de estar funcionando el gobierno que ahora oficialmente preside Raúl Castro, en Cuba, con los cargos de Presidente del Consejo de Estado, Presidente del Consejo de Ministros y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Raúl Castro, en el mes de junio pasado cumplió 77 años de edad.

Hasta hace poco ensombrecido por la carismática figura de su hermano Fidel, Raúl Castro desarrolla ahora una estrategia encaminada a consolidar la sucesión dinástica del castrismo en la isla. Su principal táctica es la introducción de algunas reformas destinadas a satisfacer parte de las necesidades básicas de la población, manteniendo al mismo tiempo un total control sobre el aparato político. En otras palabras… cambiar algunas cosas para que todo siga igual.

Y es que Raúl Castro tiene sobrada experiencia en la fríamente calculada manipulación de procesos y eventos dentro de la élite gobernante cubana. Recordemos que desde los inicios del gobierno revolucionario en los sesenta, el entonces lugarteniente de la Revolución, jugó un papel central en la depuración, tanto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) como del sector gubernamental y de los sindicatos, asegurando las posiciones dominantes en estas instituciones a elementos de indiscutible lealtad a Fidel.

Más recientemente en 1989, Raúl Castro demostró en forma simultánea, su inquebrantable lealtad a su hermano mayor, así como su capacidad de manipulación de las Fuerzas Armadas, al dirigir el proceso que culminó con la acusación de traición y ejecución del hasta entonces su amigo personal, el popular general Arnaldo Ochoa Sánchez.

De igual forma, aunque en circunstancias críticas debido a la indisposición de Fidel y a la falta del viejo “padrinazgo” soviético, cubierto ahora tan sólo parcialmente por el actual régimen venezolano, Raúl Castro ha dado ya los primeros pasos para proyectar su propia sombra y consolidar en forma oficial su liderazgo personal dentro del gobierno.

Es así como se interpretan los nombramientos de sus contemporáneos de confianza, probados veteranos castristas del Partido Comunista Cubano (PCC) como Ricardo Alarcón Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), Ramiro Valdés Menéndez, Ministro de Informática y Comunicaciones, José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente del gobierno y Julio Casas Regueiro, Ministro del (Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar).

Paralelamente, dentro de los límites políticos delineados por la “vieja guardia” del castrismo, reformas parciales al “estilo chino” son introducidas a cuentagotas: venta de artículos electrodomésticos, teléfonos celulares, computadoras y hasta servicios de cambio de sexo financiados por el Gobierno.

Si bien este tipo de apertura económica controlada ha dado resultados positivos al régimen chino, está por verse si una estrategia similar permitirá a Raúl y a su círculo de confianza conservar el poder por largo tiempo. Verdaderamente que las diferencias en un sinnúmero de factores geopolíticos entre los dos países son abismales, y por lo tanto la comparación resulta desproporcionada. Además, irónicamente, en el marco del mundo globalizado en que hoy vivimos, al cabo de casi medio siglo, la cercanía a los Estados Unidos podría convertirse en factor positivo para estimular un inicio de verdadera transición política en la isla. En este aspecto, mucho dependerá de las políticas que hacia Cuba desarrolle el gobierno norteamericano. Republicana o Demócrata, la nueva Administración que surja de los comicios del próximo mes de noviembre tendrá la oportunidad histórica de enmendar errores del pasado y asistir en forma efectiva y mutuamente respetuosa al pueblo cubano, en especial a los jóvenes, en la tarea de encontrar finalmente el camino a la autodeterminación política.

En un reciente escrito sobre el tema cubano, Helen Aguirre Ferre, del Diario Las Américas, se refiere a la canción Nuestro día ya viene llegando, que Willy Chirino interpretó el pasado 21 de mayo en la Casa Blanca durante la ceremonia de Solidaridad con el Pueblo de Cuba. Sin duda que, aparte de tornarse en un lema de gran actualidad, la canción bien podría convertirse en plazo no lejano en una realidad para la gran mayoría de cubanos, dentro y fuera de la isla. En verdad que ya es hora que llegue ese día.

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