En la chinomanía que se ha desatado con motivo de las Olimpiadas que se están celebrando en Pekín, el canal de televisión The History Channel en español ha transmitido un filme documental titulado El primer emperador de China. La película cuenta la historia del caudillo Chin Shi Huang, quien en el año 221 antes de Cristo conquistó numerosos Estados asiáticos y los unificó en un solo reino. Chin adoptó trascendentales medidas de unificación política y cultural, hizo construir la Gran Muralla que existe hasta ahora y fue el primer emperador de China. Chin era llamado así por el nombre de su pueblo o Estado y así se denominó la dinastía que él fundó en el siglo tercero antes de nuestra era.
Al respecto la página del Idioma Español del Instituto Cervantes, de España, seguramente que también para ponerse a tono con la chinomanía del momento, en su sección La Palabra del Día, del jueves 7 de agosto corriente, se refiere al origen y significado de la palabra “China”. Y explica que el verdadero nombre del país que conocemos como China es Zhonghuó, que significa “tierra central”, pues sus antiguos habitantes creían que era el centro de la Tierra o el ombligo del mundo. Y agrega que fueron los exploradores árabes que llegaron a partir del siglo XVII, quienes comenzaron a llamar China al país, “tal vez por oír este nombre de los pobladores, y lo transmitieron a los mercaderes venecianos”.
En realidad, no sólo en la antigüedad sino que hasta ahora algunos pueblos han creído ser superiores a los demás y que su país era el centro de la Tierra y el ombligo del mundo. Y de hecho en todas las culturas los principales lugares sagrados han sido considerados algo así como el centro del universo.
Al respecto hay en la mitología griega una leyenda en la que se cuenta que un día Zeus decidió determinar dónde debía estar el centro de la Tierra. Pero no quiso hacerlo de manera arbitraria, o sea en el lugar que a él se le antojase, sino que envió a dos hermosas águilas divinas para que volaran, a la misma velocidad, desde los dos puntos opuestos de la Tierra. En el punto del espacio donde las águilas se encontraron, una de ellas dejó caer una piedra que fue llamada Ónfalo (ombligo), y el lugar preciso donde la piedra cayó fue determinado por Zeus como el centro de la Tierra.
El lugar donde cayó la piedra Ónfalo u ombligo era Delfos, muy cerca de un monte llamado Parnaso y de la fuente Castalia, donde según la leyenda una hermosa ninfa fue transformada por Apolo en manantial, de cuyas aguas deberían beber todas aquellas personas que tuvieran el numen o inspiración divina de la poesía.
Además, exactamente en el sitio donde cayó la piedra Ónfalo se construyó el principal templo de Apolo. Allí se encontraba el Oráculo de Delfos, en cuyo frontispicio estaban inscritos los grandes preceptos de la sabiduría: “Conócete a ti mismo” y “Nada en demasía”. Y en el interior del templo se guardaba la piedra Ónfalo que representaba el centro de la Tierra y el ombligo del mundo.
Cabe anotar que Ónfalo era un pedazo de mármol que parecía estar envuelto en una red de blanca lana, de manera que también se creía que era Abadir, la piedra que se tragó Cronos —el que devoraba a sus hijos al nacer— cuando lo engañaron haciéndole creer que era el cuerpo de Zeus bebé. Y por eso se consideraba a Abadir como una piedra sagrada.