publicidad
Managua
12:20 pm
15.08.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Aclaración a Vargas Llosa
Jorge Salaverry
El autor es Economista, fue Embajador en España
publicidad

Confieso que me siento muy mal cada vez que alguien en España me pregunta cómo es posible que los nicaragüenses hayamos elegido a Daniel Ortega como Presidente por segunda vez. La pregunta me irrita porque es obvio que quienes la formulan piensan que la mayor parte de los nicas tenemos que ser tontos de solemnidad para haber puesto nuevamente en la Presidencia a un sujeto tan nefasto e incompetente como es Ortega.

En cada una de esas ocasiones he tenido que responder a mis interlocutores que las cosas no son como ellos las imaginan, y les he dejado muy en claro de que la vasta mayoría de los ciudadanos nicaragüenses no votamos a favor de Ortega. Alguna vez hasta pensé en escribir sobre el tema, pero no fue sino hasta que el domingo 27 de julio pasado, cuando leí en el diario español El País el artículo de Mario Vargas Llosa “Para la historia de la infamia”, que me decidí a hacerlo.

En ese artículo el escritor hispano-peruano comenta la denuncia de violación y acoso sexual que ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos interpuso en contra de Daniel Ortega su hijastra, Zoilamérica Narváez, hija de su esposa Rosario Murillo, dándole así amplia visibilidad internacional a tan abyecto y terrible caso.

Sin embargo, al margen de lo que es el meollo del artículo de Vargas Llosa, el escritor comete un grave error —involuntario, sin duda alguna—, cuando señala que “en un acto de verdadero desvarío colectivo, los electores eligieron el año pasado a Daniel Ortega para ocupar la primera magistratura de la nación, olvidando su catastrófica primera gestión…”, dejando en sus lectores la sensación de que en las elecciones pasadas la mayoría de los ciudadanos nicaragüenses perdimos la razón (eso significa desvarío) y elegimos Presidente a Ortega. Pero no fue así.

Para empezar, es necesario que don Mario sepa que Daniel Ortega resultó ganador en noviembre de 2006 con un porcentaje de votos considerablemente inferior, —sí, muy inferior— al que obtuvo en varias elecciones anteriores que sin embargo perdió. Por ejemplo, en las elecciones de 2001 Ortega obtuvo el 42.3 por ciento del voto popular y las perdió, pero en las siguientes de 2006 obtuvo tan sólo el 38 por ciento y las ganó. ¿Cómo pudo ser eso posible? La respuesta a esa pregunta es tan sencilla como patética: los líderes del liberalismo cometieron la enorme estupidez de dividir a sus electores al imponerles dos candidatos diferentes. Si hubiese habido un solo candidato liberal, Daniel Ortega hoy no sería Presidente, aún existiendo la rebaja al 35 por ciento del mínimo requerido para ganar en primera vuelta, rebaja que, como se sabe, fue producto del pacto mafioso entre Ortega y Alemán y del que tan desvergonzadamente se jacta el hoy Vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, de ser uno de sus artífices.

¿Es que acaso alguien en su sano juicio piensa que para los electores no sandinistas era terriblemente importante de que ganara uno u otro candidato liberal? Absurdo. Tengo la profunda convicción de que lo verdaderamente importante para ellos era de que no ganara Daniel Ortega. Pero el pobre votante liberal se vio forzado a optar por uno u otro, y con ánimo decaído debe haber sospechado de que su voto dividido no tendría la contundencia suficiente para derrotar al sandinista Ortega como sí la tuvo todas las veces anteriores en las que hubo un solo candidato liberal.

Pero de nada sirve llorar sobre leche derramada. Allá esos seudo líderes y su conciencia. Lo que sí me interesa es dejarle claro a don Mario y a cualquier otra persona que pudiese tener su misma impresión errónea, de que no hubo tal desvarío, y de que la vasta mayoría de los electores nicaragüenses, el 62 por ciento, mantuvimos en todo momento la sensatez y la cordura y votamos contra Daniel Ortega.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda