Existen dos tradiciones importantes sobre la muerte de la Virgen María. Una que viene de San Irinaeus de Lyon, siglo II. Éste dice que María murió en Efesos y basa su argumento en el apóstol Juan, porque éste fue encomendado por Jesús a cuidar de su madre antes de morir en la Cruz. Juan se movió a Efesos a predicar después de la crucifixión y es de suponer que se llevó a María con él, la que cuidó hasta su muerte.
La otra tradición dice que María murió en Jerusalén. Este relato fue tomado del texto la Legenda Aurea (o la Leyenda de Oro). Este texto fue recopilado en el siglo XIII por el Arzobispo de Génova, Jacobus de Vorágine. De acuerdo con esta tradición, María vivió en una casa del monte Zión por muchos años hasta su muerte. Dice también la tradición que un ángel se le apareció a María a anunciarle su muerte y que ésta pidió ver a los discípulos antes de morir. Éstos fueron traídos en una nube blanca muriendo María después de esto sin sufrimiento alguno (igual al del nacimiento de Jesús) pasando su alma directamente a las manos de su hijo en el cielo.
Otro relato de Transistus afirma que Santo Tomás (el incrédulo) fue traído desde la India para que viera y creyera de nuevo. Así se le mostró la tumba vacía de la Virgen; pero éste afirmó que no era necesario, pues en su viaje entre las nubes había visto ascender a María con todo esplendor y gloria.
La Asunción de María es un dogma para la Iglesia católica, que fue proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, en la Constitución Munificenisimus Deus:
“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente. Que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo.
A pesar de no estar expresamente reportada en las Sagradas Escrituras, la Asunción de María ha sido aceptada por católicos y protestantes. Martín Lutero en su homilía de 1522 dice que la Asunción de María es un acontecimiento bien entendido. Martín Buster (1545), un protestante reformista, afirmó que no hay razón para dudar de la Asunción de María y dice textualmente: “No hay Cristiano que dude que la Santa Madre de Dios vive con su adorado Hijo gozosa en el cielo” (Marienlexikon, vol. 13, 200). H. Bullinger (1590), también un protestante reformista, comparó el relato de Elías en el viejo testamento que fue tomado al cielo en cuerpo entero, con el de María, afirmando: “Debido a este relato bíblico nosotros creemos que el cuerpo inmaculado de la Virgen María, que llevó a Dios en sus entrañas, es templo del Espíritu Santo y que su sagrado cuerpo fue llevado por ángeles al cielo”.
Asunción, del latín assumere, significa tomarse para uno mismo. Nuestro Señor tomó a María su madre a su casa que es el cielo.
“Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad. Después de Cristo, Verbo Encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos” (JP II, Audiencia General del 9-julio-1997).
La Asunción de María que el mundo celebra cada 15 de agosto, y que en Nicaragua país mariano por excelencia, lleva marcado en el nombre de muchas iglesias en especial la de la majestuosa Catedral de León, es un acto de esperanza y gloria para todos aquellos que desean la Paz en un país agobiado de desastres y tristezas. Hay vida en el otro mundo. Vida con plenitud y alegría, vida en Cristo y en María.
¡Quién causa tanta a alegría, La Concepción de María!