Representantes de 24 países de la región del Caribe, incluyendo a México, Colombia y Venezuela, se reunieron en Colombia, en la colonial ciudad de Cartagena de Indias.
Deliberaron respecto al narcotráfico, uno de los fenómenos de mayor peligrosidad para la sociedad contemporánea y que, por ser contumaz violador de la soberanía y los derechos humanos, nada respeta en su protervo accionar. Se trata de un grave problema que afecta no únicamente a tal o cual nación o circunscripción geográfica sino al planeta en su conjunto, con características realmente siniestras, en desmedro de la salud física, mental y moral, de los individuos y las colectividades, hallándose con mayor vulnerabilidad la niñez y la juventud.
Este flagelo es, además, fuente de corrupción y de violencia, lo que da origen a varios abominables delitos conexos. Basta referirse a lo que acontece en Colombia para darse cuenta de su magnitud y peligrosidad. Allí, las drogas ilícitas se encuentran estrechamente ligadas con la virulencia armada, situación que ha dado origen a la narcoguerrilla que ha degenerado a su nivel más bajo, el narcoterrorismo encarnado en los bandoleros de las FARC.
Al final del mencionado cónclave, se suscribió expresiva declaración cuyos principales puntos interesan no exclusivamente a los países participantes, ya que el narcotráfico tiene incontables vínculos, sobre todo en las regiones de igual idioma y costumbres. A las naciones centroamericanas y caribeñas, la cocaína proveniente de Colombia, Perú y Bolivia, llega en tránsito y también se queda para el consumo interno; esta perjudicial sustancia trae consigo a gente de mal vivir, con los consiguientes y negativos efectos para la seguridad y el desarrollo. No hay que olvidar que tanto la ONU como la OEA declararon al narcotráfico crimen de lesa humanidad, precisamente por sus letales y contaminantes efectos.
Dentro de lo que las Naciones Unidas resolvieron en torno a la lucha antinarcóticos, a nivel mundial, que debe ser considerada con el carácter de responsabilidad común y compartida, la Cumbre de Cartagena hizo urgente llamado a los gobiernos donantes, así como a los organismos multilaterales, instituciones financieras internacionales y regionales, para que sea aumentada la asistencia financiera, técnica y de capacitación. Este asunto es prioritario, debido a que los países latinoamericanos y caribeños se caracterizan por sus limitados recursos económicos y técnicos, mientras la ruin industria de las drogas posee toneladas de billetes sucios que le permite comprar hasta la conciencia de jueces, políticos y periodistas sin escrúpulos.
Este apoyo se convierte en imprescindible y no puede ser torpedeado por aquéllos que no se han enterado que ya desapareció la Guerra Fría y que con sus fanatismos retrógrados hacen mucho daño a pueblos que necesitan urgentemente la colaboración internacional para superar la pobreza y cuantos otros factores adversos.
El ejemplo de repúblicas que se hallaban en condiciones más precarias que las de América Latina y el Caribe, como Taiwán, Singapur o Corea del Norte, que tomaron el rumbo de las 25 naciones más adelantadas del planeta, constituye una verdad que no puede ser ocultada por los totalitarios y demagogos. No es racional imitar a quienes han ido a la cola del progreso y la libertad.