El 12 de febrero del 2003 la Administración de Hugo Chávez controló el precio de una amplia gama de productos a fin de contener la inflación.
Durante tres años la estrategia obtuvo un resultado aceptable, pero una vez los empresarios se vieron obligados a vender a precios que no cubrían los costos de producción, optaron por disminuir la oferta o migrar hacia áreas no reguladas.
Presionado por los anaqueles vacíos el Gobierno no ha tenido otro camino que permitir ajustes importantes en los productos controlados, reconociendo parte de la inflación represada.
El resultado es que, en los primeros siete meses de este año, los productos controlados registran un alza promedio en las principales ciudades del país de 17 por ciento y los que responden a la oferta y la demanda 17.4 por ciento.
De hecho, en Maracaibo y Maturín los bienes regulados han aumentado más que los no controlados.
PRODUCCIÓN SIN ESTÍMULO
Frente a la pérdida de efectividad del control de precios el Gabinete Económico ha tomado otras medidas para tratar de desinflar el globo de la inflación, que en el caso de Caracas suma un avance de 33.7 por ciento en los últimos doce meses versus 17.2 por ciento en el mismo lapso del año anterior.
Convencido de que la inflación responde a muchos bolívares (moneda nacional) detrás de pocos productos, el Gobierno aplicó la receta clásica para contener la expansión del dinero.
Gracias al aumento de las tasas de interés, la venta de bonos en dólares, el incremento de la porción de los depósitos que los bancos no pueden prestar (encaje) y la moderación del gasto público, en los primeros seis meses de este año la liquidez no creció en términos reales.
No obstante, la inflación no deja de golpear el ingreso. Analistas consideran que la estrategia monetaria deja por fuera el estímulo a la producción, pieza esencial para lograr que se incremente la oferta.
ALZAS GOLPEAN A LOS MÁS POBRES
El incesante aumento de los precios no tiene el mismo impacto en las distintas capas de la sociedad. El Banco Central registra que las familias más humildes han padecido una inflación de 39 por ciento en los últimos doce meses, mientras que en el sector de mayores ingresos el impacto es de 31.5 por ciento.
Los bienes y servicios que devoran buena parte del salario de los hogares pobres, como los alimentos y el transporte, se han encarecido notablemente, y esto explica por qué la inflación golpea con mayor fuerza al estrato de menos ingreso.
Entre julio del 2007 y julio de este año el precio de los alimentos en Caracas aumentó 49.9 por ciento y de acuerdo con las estadísticas oficiales, el 25 por ciento más pobre del país destina 45 de cada 100 bolívares a la compra de comida, mientras que en el estrato de mayor ingreso la proporción es sólo de 15.