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La primera dama lleva 28 anillos, siete collares y seis brazaletes, como “armas” frente a cualquier daño que le quieran causar, según sus creencias esotéricas. (LA PRENSA/ARCHIVO)
Murillo señala a religiosos de “llamar al odio”
Criticó a líderes católicos y evangélicos que se oponen al uso de la simbología esotérica en la función del Gobierno
Carlos Salinas Maldonado
politica@laprensa.com.ni
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La primera dama Rosario Murillo acusó ayer a representantes de las iglesias católica y evangélica, de “llamar al odio y la confrontación” por las recientes críticas hechas por estos líderes sobre el papel de Murillo en el Gobierno, sus creencias esotéricas y la gestión de la actual Administración.

“No concibo a un pastor, de cualquier denominación religiosa, llamando al odio o a la confrontación”, dijo Murillo, quien exhortó a los líderes religiosos a que cumplan con lo que ella cataloga como su “responsabilidad fundamental alrededor de la reconciliación, de la unidad de nuestro pueblo”.

Murillo hizo estas declaraciones en una conferencia de prensa a la que sólo fueron convocados los periodistas Denis Schwartz, de Radio Ya, y Alberto Mora, de Canal 4.

Con esta conferencia la primera dama, quien también funge como coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, respondía a los representantes de las iglesias católica y evangélica, que el fin de semana pasado criticaron fuertemente la gestión del Gobierno en entrevistas publicadas por la sección Domingo, de LA PRENSA.

En una de esas entrevistas el pastor Augusto César Marenco, del Ministerio Centro Apostolar Cristiano, criticó a la primera dama por lo que él considera su intento de establecer sus creencias como política de Estado, en particular los colores de las oficinas gubernamentales, que comparó con “una fiesta de payasos”.

“Ella tiene derecho a creer en lo que quiera, aunque no sea en Dios. La gente si quiere puede creer en el diablo. Lo que no tiene derecho es a implantar ese concepto o fe o como quiera llamarla”, dijo Marenco en referencia a la parafernalia esotérica que Murillo ha implementado en los actos de Gobierno y en las sedes oficiales.

Rolando Álvarez, vocero de la Curia Arzobispal, también criticó las creencias de la primera dama y dijo que “no se puede ser católico y esotérico a la vez”. Álvarez también puso en duda la nueva fe católica que la pareja presidencial dice profesar.

“Sería interesante saber a qué parroquia van los domingos a misa. Saber si pertenecen a una parroquia específica. Hasta el momento en las reuniones de los sacerdotes no hemos identificado que ellos profesen el catolicismo en alguna determinada parroquia ni que participen en alguna Eucaristía”, dijo.

Con esa misma religiosidad que asegura hoy profesar, Murillo respondió ayer a los religiosos, en un discurso en el que nombró varias veces a Dios y a la Virgen. “Ojalá que algún día en este país todos seamos capaces de poner en práctica los mandamientos de la Ley de Dios: amar al prójimo como a nosotros mismos”, dijo Murillo.

La primera dama también llamó a los líderes religiosos a moderar sus críticas. “Debe prevalecer un espíritu constructivo a la hora de plantear lo que son señalamientos críticos, un espíritu lleno de amor. Sobre todo en los líderes religiosos debe haber amor para hacer las críticas; no odio”, dijo.

DEFIENDE SÍMBOLOS ESÓTERICOS

Murillo defendió, además, los símbolos místicos que ha impuesto en la gestión gubernamental, como la Mano de Fátima pintada en la Casa Presidencial y Secretaría del Frente Sandinista. La primera dama ayer hizo referencia a una obra de un antropólogo norteamericano para explicar el significado de ese símbolo. Según Murillo, la enorme mano con un ojo abierto en la palma simboliza el poder de la cultura maya, la continuidad de todas las cosas y la compasión “como el poder máximo que mueve el universo”.

“Nos pareció que poner este mural representaba un símbolo de lo que queremos hacer, de que desaparezcan los miedos y que nos unamos en generosidad, en compasión, en misericordia, para entendernos los unos a los otros, para reconciliarnos”, dijo Murillo.

Sin embargo, en un reportaje publicado por LA PRENSA el 20 de julio pasado, la socióloga Sofía Montenegro explicó que el símbolo está destinado a proteger a la pareja presidencial contra “la envidia”; así como los 28 anillos, siete collares y seis brazaletes que usa la primera dama, son “armas” para enfrentar lo maligno y alejar los demonios.

Para Murillo los símbolos tienen que ver “con la inspiración que Dios le dio a nuestros pueblos originarios. Es parte de nuestras culturas ancestrales y por eso está aquí, como obra de Dios, para representarnos la historia pasada y la historia futura, que queremos que sea de unidad, compasión”.

Para Murillo, quienes critican sus creencias y símbolos son “seres enfermos, dignos de lástima y como dice Su Eminencia, el cardenal (Miguel Obando y Bravo, aliado del Gobierno), hay que orar por ellos”.

El presidente Daniel Ortega también defendió ayer por la noche lo que llamó la “fortaleza espiritual” de la primera dama.

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