publicidad
Managua
04:28 am
13.08.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
La camiseta del Rey
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo
publicidad

El obsequio del Rey de España al presidente Chávez, de la camiseta que aparentemente le había regalado el ex presidente George Bush, puede ser un buen broche de cierre para un mal sainete, pero resta credibilidad sobre cómo se manejan las cosas de la gente en los más altos niveles.

Finalmente cayó el telón del espectáculo mediático que protagonizaron Juan Carlos de España y Hugo de Venezuela, conocido universalmente como el “¿Por qué no te callas?”

El show comenzó en noviembre pasado, en Santiago de Chile, durante la Cumbre Iberoamericana y finalizó en el Palacio de Marivent en Palma de Mallorca, lugar de veraneo de los monarcas y familia.

Pocas cosas con tanta repercusión ha hecho Juan Carlos de Borbón como la de mandar a callar, dedo índice en ristre, a Hugo Chávez, fastidiado por los balbuceos defensivos de Rodríguez Zapatero y los insultos del venezolano al ex presidente Aznar.

El Rey se extralimitó, se salió de protocolo y generó riesgos para los objetivos de estas cumbres, a través de las que España trata de fortalecer su influencia y presencia en el continente, lo que es fundamental para los intereses del país y de sus empresas.

Pero a la vez todo el mundo lo apoyó y se lo festejó: era hora que alguien hiciera callar y le pusiera coto a los desbordes histriónicos y verborrágicos de Chávez. A partir de ese momento la imagen del comandante, ya bastante abollada, inició un proceso de “caída libre”.

Chávez reculó, se calló y quedó al desnudo y todo eso no lo pudo arreglar con la sarta de insultos que luego profirió contra el rey, el Gobierno y España toda, desde el descubrimiento hasta hoy. Por eso no sorprende que haya pedido la entrevista con Juan Carlos y lo haya ido a visitar con las manos llenas; léase petróleo barato. Hugo Chávez arregla todo con el dinero de los venezolanos. Pero además invitó al Rey a Venezuela, adhiriéndose de hecho a las celebraciones por las “independencias” de las naciones latinoamericanas, olvidándose de sus críticas y dijo que se sintió “muy placentero” en recibir una camiseta que es emblema de su momento de mayor ridículo.

Sorprendió algo, en cambio, que el monarca recibiera a Chávez, para lo cual hasta interrumpió sus vacaciones de verano. Desilusionó a muchos. El obsequio al visitante de la camiseta alusiva, la que aparentemente le había regalado el ex presidente George Bush, puede ser un buen broche de cierre para un mal sainete, pero resta credibilidad sobre cómo se manejan las cosas de la gente en los más altos niveles.

Hubo además razones de Estado. No sólo fue para velar por el éxito de las “celebraciones” independentistas, sino porque están en juego los intereses económicos y los negocios de España y de sus empresas, en cuya defensa es notoria la activa intervención del Gobierno y del Rey. Por otro lado, en época de crisis —aunque Rodríguez Zapatero lo ignore— no está mal un poco de petróleo barato a cambio de asistencia y asesorías. A Fidel le ha ido bárbaro.

Hubo quienes vieron en Marivent un mero toma y daca. Visto así y compuestas las cosas, sorprendió que pocas horas después Chávez anunciara la nacionalización de un banco español. El hecho, sin embargo, no generó las protestas y quejas que otros casos similares provocan. Quizás también era parte del acuerdo, constituyendo una razón más para explicar la actitud de Juan Carlos.

En realidad el Banco de Santander, dueño del Banco de Venezuela que nacionalizara Chávez, hace tiempo que quiere vender. El Santander está entre los cuatro bancos mayores del mundo (no hace mucho estaba en el número 189 del ranking). Se le reconoce como una institución que hace las cosas en serio. Ha concentrado sus negocios en lo propiamente bancario-comercial; compra bancos y se desprende de otras actividades —gestión de activos, seguros, fondos mutuos, pensiones, o de tipo industrial (celulares)— que cumplía en países de América Latina y España y así minimiza riesgos y optimiza resultados. Es lógico que no quiera seguir operando en un país con un gobierno como el de Hugo Chávez. Hace ya más de un año que está en la gestión de vender y hace unos pocos meses se le malogró la venta a un interesado privado. Y ahora aparece Chávez, que al grito de “nacionalización”, va a comprar el banco de Venezuela , incluso, de acuerdo con lo poco que ha trascendido, a un precio mayor que el manejado con el interesado anterior.

En conclusión, el Rey Juan Carlos se desprendió de la famosa “camisetita” que le había regalado Bush y se la obsequió a Chávez, pero la de España no la cede y la tiene muy bien puesta.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda