En el país de platos tan sofisticados como el pato laqueado o los “tallarines del otro lado del puente”, la medalla de oro parece que sabe mal.
Nadie esperaba que una medalla que está hecha de cobre y jade sepa como las “xiaolong bao” (empanadillas de carne) o la “suancai ya”, una sopa de verdura y pescado de Sichuan, tierra de paso hacia el Tíbet conocida por el ardiente picante de sus platos.
Se creía, por el contrario, que los títulos dejan “un buen sabor de boca”, como suele decirse.
Ha tenido que venir el chino Liang Huo, campeón con su compatriota Yue Lin en saltos sincronizados, para exponer todo lo contrario.
“La medalla de oro, cuando la mordemos, no tiene buen sabor”, dijo Huo, de 18 años, cuya dedicación a este deporte, que empezó a practicar a la edad de 9 años en Shanghai, le exige entrenar siete horas diarias.
Las medallas saben todas mal, a metálico, y eso Huo lo sabe porque está acostumbrado a “morder” medallas, ya que ha sido campeón mundial (2007) y sumado otros 19 títulos en distintas pruebas. Cuando Beijing estudió la composición de las medallas, no pensó en un sabor.