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Bolivia, el eslabón más débil
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El ruso Vladimir Ilich Ulianov (alias “Lenin”), estableció como principio estratégico fundamental para el triunfo de la revolución comunista, la tesis del eslabón más débil del sistema capitalista mundial, concebido éste como si fuera una cadena. Es decir, que el eslabón más débil sería aquel país cuyas insalvables contradicciones facilitarían el triunfo de la revolución comunista allí antes que en los demás.

La teoría del eslabón más débil modificó radicalmente la estrategia marxista de la lucha por el poder, que se fundaba en la creencia de los alemanes Carlos Marx y Federico Engels, en que la revolución comunista tendría que producirse de manera simultánea en todos o en la mayoría de los países capitalistas, porque el capitalismo era un sistema internacional. Pero “Lenin” planteó en 1915, en un artículo titulado La consigna de los Estados Unidos de Europa, que: “La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país en forma aislada”. De este análisis derivó “Lenin” su tesis del eslabón más débil, para determinar al país o grupo de países donde podría imponerse la revolución comunista primero que en los otros. Y ese eslabón más débil fue Rusia, por supuesto, donde el mismo “Lenin” al frente del partido bolchevique asaltó el poder en noviembre de 1917 y fundó el Estado comunista de los consejos, o soviético, que duró hasta fines del año 1991.

Pero el concepto del eslabón más débil se aplica o se puede aplicar también a las revoluciones democráticas, o sea a la caída de los regímenes dictatoriales comunistas y de izquierda en general, ya sea por disolución desde arriba como ocurrió en la extinta Unión Soviética en 1991, por una sublevación popular triunfante como se produjo en Rumania en 1989, o como consecuencia de una elección popular tal como sucedió en Nicaragua, en 1990.

Ahora bien, en América Latina, junto a los países capitalistas y democráticos, existe actualmente un grupo de países gobernados por la izquierda en sus diversos matices, desde la racional y moderada como la de Brasil y Chile hasta la irracional y extremista como la de Venezuela y Nicaragua. Y por múltiples razones, el eslabón más débil de esos regímenes de izquierda es Bolivia. En realidad, a pesar de que el presidente izquierdista Evo Morales llegó al poder en el año 2005 con el 53.7 por ciento de los votos, mientras que Daniel Ortega lo consiguió en el 2006 con apenas el 38 por ciento de los sufragios, gracias a un mañoso pacto con Arnoldo Alemán y la cúpula del PLC, sin embargo, el régimen de Bolivia es el más débil y vulnerable de todos los gobiernos izquierdistas de América Latina y el Caribe.

Al respecto cabe señalar que el triunfo que el presidente Evo Morales obtuvo en el referendo revocatorio del domingo recién pasado, no cambió en nada la correlación de fuerzas en el país, no ha significado un fortalecimiento del régimen izquierdista, puesto que los gobernadores opositores de las provincias autonomistas también recibieron un respaldo mayoritario, más incluso que el presidente.

De manera que la crisis de poder seguirá socavando al gobierno izquierdista boliviano, hasta que se derrumbe bajo el peso de sus propias contradicciones, o porque lo derribe la oposición democrática, o hasta que el presidente Evo Morales se resigne a gobernar democráticamente, sin atropellar los derechos de los que no están de acuerdo con él, respetando las autonomías regionales, sometiéndose a las reglas del Estado de Derecho, sin pretender imponer una Constitución absolutista y totalitaria.

El domingo recién pasado en la noche, al hablar sobre la votación en el referendo, el presidente Evo Morales envió un mensaje dual, propio de la personalidad bipolar de estos gobernantes izquierdistas. Por un lado dijo que el resultado del referendo lo autoriza a seguir impulsando su revolución, que es precisamente la que tiene al país en una tremenda crisis; y por otra parte dijo que el voto del pueblo fue para lograr la unidad de todos los bolivianos, juntando la nueva Constitución con los Estatutos autonómicos.

En cualquier caso, es de la unidad, la fortaleza y la estrategia de lucha de la oposición democrática boliviana, de lo cual dependerá que la cadena izquierdista latinoamericana se rompa o no por ese eslabón más débil, que sin duda es Bolivia.

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