Esta es la historia de un restaurante atípico. No es un simple negocio culinario, ahí se cocina esperanza para muchos chavalos. Para un joven marcado por los tatuajes de la vida en la drogadicción no es nada fácil reconstruir una vida. Café Chavalos es importante en sus destinos porque significa un lugar para la redención y la reinserción a la sociedad.
Alberto Chamorro se dejó atrapar por la historia y sintió la necesidad de contarla a través del arte que más le apasiona: el cine. El documental Café Chavalos es el primer largometraje dirigido y producido por este joven de 25 años, graduado de Ciencias Políticas y Cine de la Universidad de Pensilvania.
A Chamorro le encantó la historia de cuatro jóvenes que forman parte de un proyecto en Granada, que tiene por objetivo mantener un restaurante y emplear a jóvenes con problemas de drogas. “Me interesé porque conocí a la señora que maneja el proyecto Donna Tabor, yo soy de Granada y me llamó la atención porque aunque el tema de las drogas es un tema mundial, no únicamente nicaragüense, esta señora encontró una manera de que estos chavalos tuvieran una oportunidad”, explica Chamorro.
“Donna encontró a estos chavalos y los trajo a este restaurante donde les enseñan a cocinar, a ser meseros, a manejar un negocio; es para ellos una escuela culinaria y un centro de rehabilitación, aunque la dueña no es doctora o psicóloga”, dice el cineasta, quien ya suma en su carrera 14 cortometrajes, y que justamente con Café Chavalos, mereció hace dos meses el segundo lugar en el Festival de Películas Independientes de Filadelfia.
PRODUCCIÓN NICA
Chamorro cuenta que en la producción del filme participaron en su gran mayoría nicaragüenses. “Quería filmar en Nicaragua” y agrega que tuvo que moverse para encontrar diferentes recursos que le fueran útiles para la grabación. Además, hace énfasis en que la cámara de vídeo utilizada tiene una gran calidad de imagen y es la misma que han usado para hacer películas famosas como Miami Vice y Collateral. La edición se llevó a cabo en Estados Unidos.
Todo el filme se desarrolló en la ciudad de Granada y en 75 minutos, Chamorro presenta ambos lados de una situación. “Yo quiero que la gente vea que cualquier persona puede ayudar. En Nicaragua ya hay problemas para encontrar trabajo, y aún más para personas con adicciones”, dice el productor.
Y aunque el enfoque esté en Café Chavalos, como una nueva alternativa, Chamorro también presenta “a chavalos que aún están en la adicción”. Acerca de la intencionalidad del documental, el cineasta asegura que trató de ser objetivo. No hay narradores externos y se reflejan estadísticas para soportar el trabajo.
EL LADO ARTÍSTICO
Café Chavalos pretende ser un documental entretenido y reflejo fiel de lo real. La música es un elemento clave para hacer las historias más digeribles y amenas. “La música es linda y no hay tiros extensos para no cansar al público, pues en un documental es difícil mantener la atención por tanto tiempo”, comenta Chamorro. En el filme hay canciones de Ramón Mejía, conocido como Perrozompopo y Moisés Gadea, ambos cantautores nicaragüenses. Además participan dos compositores argentinos: Juan Manuel Leguizamón y Juan Pablo Manzur.