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En Letra Pequeña
Fabián Medina
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Oscuro

¿Qué pasa en el Consejo Supremo Electoral? Parece que hay una decisión oficial de hacer todo de la manera más oscura posible. No quieren observadores, promocionan el voto en los medios que menos ciudadanos ven y evitan cualquier explicación a las mil preguntas que sobre ellos tenemos. ¿Cómo vamos a tener confianza en este Consejo si ni sus mismos magistrados se tienen confianza los unos con los otros? Si en algún lugar del mundo necesitan un “obstaculizador de elecciones”, les recomiendo que contraten a este Consejo. Es su especialidad.

Confiar o no confiar

¿Cómo es posible que, estando en las carnes en que están, no quieran observadores? El otro día oí a un funcionario electoral hablar de que en muchos países no tienen observadores en sus elecciones. Y agregaba que lo ideal es que lleguemos a eso. Ojalá, porque cuando ya no necesitemos observadores electorales significará que tendremos un Consejo que gozará de alguna credibilidad. En otras palabras, no será el organismo partidario que es, no habrá ratones locos, ni granadazos, ni cierres tempranos de juntas, ni quedarán votos sin contar por ahí sin que nadie se preocupe. Ése será un buen día, pero por ahora, los observadores son de primera necesidad, porque sencillamente no confiamos en este Consejo.

La olla al comal

Para rechazar a los observadores nacionales han sacado la excusa más tonta: están políticamente comprometidos. ¡Por favor! O sea, no importa que quienes cuenten los votos sean militantes de horca y cuchillo en sus partidos, pero los observadores tienen que ser personas de total asepsia política. Es condenable que un observador llegue a una marcha de la oposición, pero es plausible que el presidente del órgano electoral coree alegremente consignas en un acto partidario. Vaya, cuánto descaro.

Responsabilidad compartida

A propósito, hay ciertos funcionarios electorales que, para eludir los señalamientos que se le hacen al actual Consejo, gustan recordar aquellas elecciones de 1996, cuando aparecieron boletas en las cunetas y resultó electo como diputado en una oscura operación el esposo de la entonces presidente del Consejo Supremo Electoral, Rosa Marina Zelaya. Lo que nunca dicen es que al frente del Consejo no sólo estaba la señora Zelaya. Había otros magistrados, entre ellos el hoy presidente del CSE, Roberto Rivas Reyes. O sea, el jefe de quienes hablan de este descalabro. ¿Por qué no lo mencionan nunca?

Oportunidad

Alguna vez oí decir que la única forma de ordenar el Mercado Oriental era botar todo lo que estaba en pie y comenzar de cero. Me pareció exagerado e imposible. Sin embargo, la tragedia que sufrió este gran mercado, se volvió de repente en la oportunidad para ordenar este monstruo que crece en las entrañas de Managua.

Río revuelto

Sería muy mezquino utilizar la tragedia del Mercado Oriental para sacar ventajas políticas. Y no me refiero exactamente a aquellos políticos que como carroñeros llegaron en los momentos de dolor buscando cámara. No, o al menos no me refería a ese tipo de ventaja. Lo verdaderamente condenable son las actitudes de aquéllos que obstaculicen las ayudas que puedan llegar a los necesitados, con la única intención de hacer quedar mal a quienes estén a cargo, sólo porque son rivales políticos.

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